BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

¿Tenemos derecho a negar la Eucaristía? Reflexión en el día de Corpus

Publicado por antenamisionera en Junio 14, 2009

Por Bernardo Baldeón

Hoy es el día del Cuerpo y la Sangre de Cristo. El día de Corpus.Negar Eucaristia Esta mañana tenía que celebrar la Eucaristía temprano, pero con el calor que hizo durante la noche en Madrid, me levanté bastante antes de lo previsto.

Tenía ya la homilía preparada. Pero como me sobraba tiempo me puse a navegar por Internet buscando otras ideas relacionadas con la fiesta de hoy.

Sorpresa cuando me encontré con la cara de una niña que captó mi atención. No pude dejar de leer el texto escrito por Hermann Rodríguez Osorio, que al final terminé utilizando como el centro del comentario a la Palabra de Dios.

El texto es el siguiente.

July nació con una deficiencia profunda. Para su papá y su mamá fue un golpe muy fuerte, sobre todo al comienzo… “Nadie se espera un regalo como este”, me decía alguna vez su papá, después de que fue acogiendo el misterio de la vida de July, limitada y con muchos problemas, pero plena ante los ojos de Dios. Poco a poco, los demás hermanos y hermanas fueron aprendiendo, como sus papás, a convivir con July. Pero no fue fácil… Había que hacérselo todo y cuando tenía las crisis, ponía a todos a correr. Siempre estaban recibiendo nuevas lecciones de July. Sin que se dieran cuenta, esta niña frágil, indefensa y llena de impedimentos, se fue convirtiendo en el centro de toda la familia.

Cuando tuvo la edad para recibir su primera comunión, sus papás fueron a ver al sacerdote de la parroquia, que la había bautizadoEucaristia12 y que le había dado la primera comunión a todos los hijos e hijas mayores… De modo que los padres de July le dijeron a su párroco: “Nos gustaría que July recibiera su primera comunión. Ya ha cumplido la edad y le hemos enseñado lo que hemos podido sobre el amor y la cercanía de Dios en su vida. Ella no puede hablar, ni sabe las oraciones, pero consideramos que debe participar, como todos los demás, de este regalo semanal de Dios a cada uno de nosotros”

El sacerdote, un poco confundido por la propuesta, no supo bien qué decir. Nunca se le había presentado un caso así y la preparación para la primera comunión era muy exigente en esa parroquia. Los niños y las niñas participaban de la catequesis durante casi un año, aprendían las oraciones, las enseñanzas de Jesús y, sobre todo, el significado profundo de la eucaristía… No era conveniente hacer excepciones, sobre todo porque podría crearse un mal ambiente entre los feligreses más cercanos; de modo que, después de mucho pensarlo, el párroco dijo: “Lo siento, pero me temo que no podrá ser, puesto que July no va a entender lo que va a recibir”. Carmen, la mamá, se quedó mirando al padrecito a los ojos y le preguntó: “Padre, ¿y me va a decir que usted sí entiende lo que recibe cada día en la eucaristía?” El sacerdote bajó los ojos y pidió perdón por haber pretendido ser dueño de un regalo que Dios dejó para todos y que, aunque recibimos con cierta frecuencia, nunca podremos entender en toda su profundidad. El mismo papa Juan Pablo II reconoció esta realidad, cuando se preguntaba en su encíclica sobre la Eucaristía: “Los apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no” (Ecclesia de Eucharistia, No. 2).

Algún tiempo después, July recibió su primera comunión con el grupo de niños y niñas de la parroquia. Ella, regalo de Dios para su familia y para el mundo, fue acogida por Dios en su mesa, para participar del gesto que realizó Jesús delante de sus discípulos, mientras comían: “tomó en sus manos el pan y, habiendo pronunciado la bendición, lo partió y se lo dio a ellos diciendo: –Tomen, esto es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, y todos bebieron”. Así fue como July se acercó por primera vez a la mesa de la comunión. Ella, como tú y como yo, sin entender completamente este misterio, fue abrazada por el misterio del amor de Dios que se entrega hasta el extremo y nos invita cada día a hacer lo mismo en memoria suya.

 Algunas resonancias

 El texto resonó profundamente en mí. Durante años estuve a cEucaristia13argo de la “catequesis especial” en una parroquia de Argentina. Y nunca nos planteamos ese problema. Al contrario, de los chicos con discapacidad aprendí muchas cosas sobre el amor incondicional de Dios a todos sus hijos, especialmente los más débiles.

 Recuerdo que una tarde llegué a una capilla de la periferia cuando había un encuentro de catequesis especial… me quedé medio escondido cerca de la puerta… la catequista les estaba explicando cómo Jesús había sufrido desprecio, marginación, burlas y hasta la muerte por amar a todos sin fijarse en sus diferencias. Un crío de 11 ó 12 años se levantó, fue hacia la pared donde había un portes con la imagen de Jesús, puso su mano derecha sobre el póster, la izquierda en su corazón y dijo con voz alta: “Yo sí que te comprendo”.

 Han pasado muchos años, pero recuerdo la escena con todos los detalles. Y a esa escena se unió poco después un pregunta que todavía hoy taladra mi cabeza: ¿Tenemos derecho a negar a alguien a acercarse a recibir la Eucaristía? ¿Acaso soy yo más digno que cualquier otra persona?

 Recordemos que antes de comulgar todos decimos: “Señor, yo no soy digno…”.

 

 

 

3 comentarios para “¿Tenemos derecho a negar la Eucaristía? Reflexión en el día de Corpus”

  1. BEATRIZ escribió

    Más amor es lo que nos hace falta.

  2. Amelia escribió

    Yo diría que lo que nos hace falta es más sentido común, con una buena dosis de sinceridad y, al menos, algunas gotitas de autocrítica.
    ¿Nuestros curas se olvidaron de que son portadores de buenas noticias?

  3. Alfonso escribió

    SAben yo soy divorciado, me cuesta no comulgar, ningún padre me la ha negado, es mas condición propia. Sin embargo mi tristeza es grande y quiera o no, hace falta en mi vida. De antemano sé que no soy digno y que pocos son los aptos para recibir el sacramento, pero pertenezco a una iglesía que nos dirige, nos guía e ilustra en nuestra vida cristiana. Entiendo y comparto su reflección, mas sin embargo considero que habvría que plantearlo de esa manera ante quienes corresponda para que existan formas para atender nuestras demandas. En lo personal, sé que mi falta es grave, sin duda y que plantear una dispensa a mis votos matrimoniales, está mas allá de mis fuerzas por considerar que conciente o inconciente de ello, fuí por mi voluntad a expresar mi amor por una persona, que formamos una familia y construimos un hogar. Dios nos permita seguir valorando nuestra Iglesía y a su magisterio y tambien que en la busqueda de la revelación, nos permita encontrar formas para compartir su cuerpo y su sangre. Que Dios los Bendiga!

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