“Las relaciones personales como la amistad y el amor son dinámicas, están siempre en continuo cambio. Esto significa que pueden crecer, estancarse o morir”. (¡Bendito sea encontrar una frase así en un texto de catequesis escolar!)
La muerte a veces sobreviene de repente, nos sorprende con su cachetazo rotundo que duele y despabila. Inesperada siempre aunque sea nuestra única certeza, nos sacude, conmueve las grandezas, los planes, las seguridades. Desbarata y replantea, nos reordena con su desorden. Provoca la lucha-duelo con el desconcierto, con el límite y la finitud y nos devuelve a tierra, al mundo de los mortales. Nos torna más realistas, y puede empujar al coraje, ya que es ahora o nunca…
