Lo económico se ha convertido en el valor por excelencia. Alguien, con evidente ironía, ha escrito que “las personas se han convertido en valores bursátiles” con consecuencias tan nefastas para la sociedad como la transformación de los ciudadanos en consumidores, con su consiguiente exposición al influjo de la propaganda y el lavado de cerebro de la “filosofía del escaparate” que lo hace esclavo de entidades colectivas y de persuasiones anónimas.
Leonardo Boff, desde América Latina, señalaba otro punto de vista, “la existencia de una demanda cada vez más universalmente extendida de valores no materiales, de una redefinición del ser humano como un ser en busca de sentido planificador y de valores capaces de inspirar profundamente la vida”.
