BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Archive for 31 octubre 2008

G 20 La cumbre del Dios Mamon

Posted by antenamisionera en octubre 31, 2008

El presidente español Rodríguez Zapatero anda estos días pateándose medio mundo, en busca de apoyos que avalen su presencia en la cumbre que reunirá el 15 de Noviembre en Washington a los líderes de las 20 principales economías del mundo (G-20). ¡Cómo no va a estar España, octava potencia mundial, en ese encuentro! Yo echo de menos una actividad diplomática similar por parte de Benedicto XVI, no porque el Papa deba reivindicar para el Vaticano una posición privilegiada en el ranking de los países ricos, sino porque alguien debería exigir la presencia en esa cumbre de los millones de empobrecidos que constituyen la mayoría numérica del planeta. Una exigencia que la Iglesia podría/debería asumir como propia.

 Si en la cumbre se van a decidir los fundamentos de un nuevo orden económico mundial, esto no puede hacerse de espaldas al sufrimiento de las tres cuartas partes de la población. No es verdad que los principales problemas de la humanidad sean el endeudamiento del Leaman Brother, el desplome de Wall Street o la bajada del IBEX.

 Los verdaderos problemas son la sangría de muertos en las pateras del Estrecho, el genocidio inminente en la república Democrática del Congo, o la hambruna endémica del continente africano. Aunque los informativos nos lo presenten con sordinas eufemísticas: “muertos por hipotermia”, “fallecidos por inanición”, la realidad que golpea el estómago y la conciencia es que, en el siglo XXI, hay seres humanos –especialmente niños y niñas- que mueren de hambre y frío. El problema del mundo no es que el banco Santander Central Hispano gane algo menos de los 10.000 millones de euros previstos para el 2008, sino los 13 millones de africanos amenazados por el hambre, los 200 mil niños de la calle de Brasil, los 25 millones de desplazados internos o los 10 millones de refugiados a causa de los conflictos armados.

 Desde su cercanía compasiva al dolor de los excluidos, la Iglesia samaritana debería gritar su indignación a la cumbre de adoradores del becerro de oro. Alguien debería recordarles a los sumos sacerdotes del mercado, que la alteridad radical de la realidad son los pobres de este mundo por delante de cualquier otro interés.

 Si la erradicación de la pobreza no es el asunto prioritario de la cacareada cumbre mundial, asistiremos a una ceremonia del culto al dios Mamón que exigirá la sangre de víctimas inocentes para seguir alimentando los graneros del rico Epulón. Ojalá la Iglesia se sienta urgida por el sufrimiento de tantos hombres y mujeres y exija su presencia profética en esa cumbre. Benedicto XVI debería comenzar ya a patearse el mundo.

                                                                              Pepe Laguna Parla (Madrid) pepe.laguna@yahoo.es

                                                                                                                             publicado en Eclesalia

 
 

 

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Todos los Santos y los Fieles Difuntos

Posted by antenamisionera en octubre 30, 2008

 

Vivir el proyecto de Dios

(1 de Noviembre – Fiesta de Todos los Santos)

 

Las lecturas de la festividad de Todos los Santos sirven para definir las características exigidas a toda la sociedad que quiera colocar su fundamento en la conducción de Dios y del amor, y que desee presentarse como alternativa a las sociedades que se fundamentan sobre el egoísmo humano.

La situación presente se describe en los textos como “gran persecución”(Ap.7,14), propia de un mundo que “no ha reconocido a Dios” (1 Jn 3,1) y en la que son visibles las carencias (Mt 5,3-6) y persecuciones del discípulo (Mt 5,10-11).

Desde este trasfondo, los textos delinean las características de una nueva sociedad capaz de ofrecer una respuesta que pueda responder a los anhelos más profundos de la familia humana y una forma de asegurar una existencia digna para todos los seres humanos y, de esta manera, la realización del designio divino.

Por ello en todos los textos se insiste en el modo de realizar la vida según ese designio. Se trata de definir un “espacio”, “un ámbito” en que se pueda realizar una vida en comunión con Dios. Por ello se presentan las características de los que “no sólo se llaman sino que son hijos de Dios” (1 Jn 3,1), la creación de un ámbito de un culto auténtico al que puede integrarse toda persona que tenga “manos inocentes y puro corazón”(Sal 23,4) y de los que pueden estar “de pie ante el trono y ante el Cordero (Ap 7,9b).

En vistas a constituir esta nueva sociedad, Jesús proclama las bienaventuranzas, único medio de poder alcanzar una relación auténtica entre los seres humanos. La propuesta está presentada exclusivamente de forma positiva, a diferencia de Lc 6,20-26 donde las bienaventuranzas son continuadas por ayes de condenación (malaventuranzas).

Sin embargo, las exigencias no son menores que las que presenta este último texto. La necesidad de su obediencia alcanza a todo ser humano. Pues, si bien Jesús habla de forma directa a los discípulos, se dirige también a la multitud, cuya presencia se señala en el texto: “Al ver Jesús el gentío” (Mt 5,1). Y el alcance universal del mandato se revela también en las palabras condenatorias del capítulo 23 que se presenta como contrapartida de las bienaventuranzas y que alcanzan a los fariseos, que a lo largo de la actuación de Jesús han rechazado la propuesta.

La obligatoriedad de la Ley se refleja también en las indicaciones referidas al lugar de la enseñanza y a la posición que adopta Jesús. La montaña evoca el Sinaí, donde Dios proclamó la legislación israelita, y el “sentarse” es otro símbolo de la “autoridad” del legislador, varias veces mencionada en el bloque de los capítulos 5-9, de los que las bienaventuranzas son el inicio.

Frente a las sociedades de marginación, económica y política, creadas por el egoísmo humano, la nueva legislación privilegia a los que sufren dicha marginación: los pobres (v. 3) y los perseguidos (v. 9). En los pobres y en los perseguidos se revela el señorío de Dios y se hacen realidad las promesas sobre el Reino de Dios. Ellos son quienes han reconocido ese señorío en su vida y, por consiguiente, pueden experimentar el significado de la verdadera felicidad ya en el presente: “ellos tienen a Dios por Rey” (v. 3 y 9).

Se trata de categorías que han hecho una opción clara, opción que los ha puesto al margen de la sociedad de acumulación y de la sociedad de injusticia. En el fondo, su actitud consiste en una opción decidida por el proyecto de Jesús, como se transparenta en el v.11, que concreta la felicidad de quien es perseguido por la justicia, a los discípulos “perseguidos” por Jesús (v. 11).

Esta opción tiene consecuencias negativas en el presente. Sobre los que se deciden por este tipo de vida se desencadena el “sufrimiento” (v. 4), la impotencia propia de los “sometidos” (v. 5), “el hambre y la sed”(v. 6) reflejo de la ausencia de la justicia. Pero en esas carencias, Dios está actuando para el cambio de la situación, y a ellos corresponderá “el consuelo”, el “heredar la tierra” y el “ser satisfechos” (ibíd.), frutos de la acción divina.

Por otra parte, se promete la plenificación de una vida realizada en “misericordia”, “limpieza de corazón” y “trabajo por la paz”(vv. 7-9). Dicha vida se sitúa en un ámbito que asegura la comunión con Dios, y, de esa forma, tales sujetos “alcanzarán misericordia”, gozarán de “visión” divina y pertenecerán a la misma familia de Dios. “A ésos Dios los va a llamar hijos suyos”(vv. 7-9).

A partir de los marginados económicos y políticos se da la posibilidad de la estructuración presente de la sociedad futura del Reino. En continuidad con los “profetas” que anuncian un mundo nuevo, la comunidad de discípulos puede, con sus opciones, realizar su inauguración.

El v. 12 retoma la confrontación con las sociedades del presente edificadas en torno a la recompensa monetaria y a la aceptación del orden establecido por los gobernantes de turno. Y frente a ellas se promete una “recompensa en el cielo” y el compartir la suerte de los profetas “perseguidos antes de ustedes”.

También la sociedad opulenta del presente coloca en la acumulación el modo de obtener la realización humana y recurre a la fuerza para mantener la situación de injusticia por medio de medidas represoras más o menos evidentes. En medio de ellas, la comunidad cristiana está llamada a ser signo de otros valores, los únicos que pueden satisfacer los anhelos más profundos del ser humano. La comunión con los pobres y los perseguidos surge del mismo seguimiento de Jesús y en ella se juega la fidelidad al proyecto divino.

(Servicios Koinonía)

 

Llorar y rezar

 

(2 de diciembre, Memoria de los Fieles Difuntos)

 

Podemos ignorarla. No hablar de ella. Vivir intensamente cada día y olvidarnos de todo lo demás. Pero no lo podemos evitar. Tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrebatándonos a nuestros seres más queridos.

 

¿Cómo reaccionar ante ese accidente que se nos lleva para siempre a nuestro hijo? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía del esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas?

 

La muerte es como una puerta que traspasa cada persona a solas. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio. ¿Cómo vivir esa experiencia de impotencia, desconcierto y pena inmensa?

 

No es fácil. Durante estos años hemos ido cambiando mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más vulnerables. Más escépticos, pero también más necesitados. Sabemos mejor que nunca que no podemos darnos a nosotros mismos todo lo que en el fondo anhela el ser humano.

 

Por eso quiero recordar, precisamente en esta sociedad, unas palabras de Jesús que sólo pueden resonar en nosotros, si somos capaces de abrirnos con humildad al misterio último que nos envuelve a todos: «No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios. Creed también en mí».

 

Creo que casi todos, creyentes, poco creyentes, menos creyentes o malos creyentes, podemos hacer dos cosas ante la muerte: llorar y rezar. Cada uno y cada una, desde su pequeña fe. Una fe convencida o una fe vacilante y casi apagada. Nosotros tenemos muchos problemas con nuestra fe, pero Dios no tiene problema alguno para entender nuestra impotencia y conocer lo que hay en el fondo de nuestro corazón.

 

Cuando tomo parte en un funeral, suelo pensar que, seguramente, los que nos reunimos allí, convocados por la muerte de un ser querido, podemos decirle así: «Estamos aquí porque te seguimos queriendo, pero ahora no sabemos qué hacer por ti. Nuestra fe es pequeña y débil. Te confiamos al misterio de la Bondad de Dios. Él es para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Sé feliz. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. Te dejamos en sus manos».

 

(José A. Pagola. Eclesalia)

 

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Congo: Hay que parar la guerra

Posted by antenamisionera en octubre 29, 2008

Ante una situación humanitaria desesperada, UNICEF y otras organizaciones humanitarias piden el fin de la violencia entre los rebeldes del general Nkunda y el Gobierno y soldados de la ONU

 

“La emergencia más inmediata es el cese de los combates entre los soldados de Nkunda y el Gobierno y la ONU. Lo primero que necesitamos es que se deje de derramar sangre”. Es el llamamiento de Jaya Murthy, jefe de comunicación en labores de emergencia de UNICEF en la República Democrática del Congo, que vive sobre el terreno las trágicas consecuencias que está dejando la guerra abierta en el este del país entre los rebeldes tutsis de Laurent Nkunda y las tropas gubernamentales, apoyadas por los 17.000 cascos azules de la Misión de Naciones Unidas para Congo (MONUC).

 

Pese a ser consciente de la trágica situación que vive el país, Murthy responde con calma tensa a la llamada de ELPAIS.com. El cooperante se encuentra en Goma, la capital provincial del este de la República Democrática del Congo, donde las últimas informaciones señalan que los rebeldes de Nkunda avanzan cada día más y amenazan con derrocar tanto a las tropas del Gobierno de Kinshasa como a las fuerzas de la misión de la ONU. “En estos momentos, los combates se producen a las afueras de Goma. La situación se ha calmado un poquito esta mañana, pero es extremadamente tensa y puede estallar en cualquier momento hasta llegar al centro de la ciudad”, asegura Murthy.

 

Ofensiva rebelde

La ofensiva del general renegado comenzó el pasado domingo. Nkunda se levantó en armas y movilizó a cientos de antiguos miembros del Ejército congoleño. El general rebelde tutsi, que está enfrentado al presidente Joseph Kabila, justificó esta acción asegurando que los hutus ruandeses todavía operan en la zona. Pero dentro del polvorín congoleño, donde existen enfrentamientos interétnicos entre hutus y tutsis, Nkunda, uno de los más sanguinarios militares en la Segunda Guerra Civil del país, responsable de numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad, sabe de la importancia estratégica de la región, rica en minerales como los diamantes y el coltán.

 

“Hace dos días, fue el peor momento, el avance de las tropas de Laurent Nkunda obligó a huir a miles de personas. En Kibumba, a 20 kilómetros al este de Goma, unas 40.000 personas han abandonado sus casas, 23.000 de ellos son residentes locales que lo han dejado todo por miedo a la muerte”, reconoce Murthy. Mientras tanto, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha reconocido que desde el domingo se dispone a recibir a 30.000 desplazados en el campo de Kibati, a 10 kilómetros al norte de Goma. El enfrentamiento militar ha abierto aún más el deplorable grifo humano que fluye de un lugar a otro por carreteras y caminos del este congoleño.

 

Rebrote de violencia contra la población

A ojos de la comunidad internacional, esta crisis se contabiliza como una más en la dañada provincia de Kivu, marcada por la violencia aún tras el fin de la guerra de 1998-2003, en la que murieron cerca de 5 millones de personas. Pero Murthy, que visita cada día los campos de refugiados que pueblan la provincia, pone el acento en este conflicto que ha hecho rebrotar la violencia contra una población civil que sobrevive entre la penuria y el miedo.

 

“Los civiles son las verdaderas víctimas. La violencia es extrema ahora para mujeres y niños que sufren abusos de todo tipo. Muchos de ellos están muriendo cuando intentan cruzar fronteras y salir de los pueblos. Son la diana en mitad de un cruce de disparos, la mayoría de las veces en carreteras ocupadas por los que huyen. A la falta de comida, de agua y de productos de primera necesidad, se une el reclutamiento que las tropas rebeldes hacen de niños para su lucha. Los niños son obligados más que nunca a coger las armas”, afirma.

 

No se dan soluciones

La comunidad internacional no ha dado ninguna prioridad al conflicto en esta región. A pesar de que actualmente está desplegada en el país una de las fuerzas de paz más grandes del mundo, la ONU no está siendo capaz de cumplir su mandato de protección de la población civil en Kivu. Sin ir más lejos, ayer, el general español jefe de la misión, Vicente Díaz de Villegas, dimitió por falta de medios.

 

Cerca de 250.000 civiles han huido de sus hogares en la región desde agosto, cuando fracasó definitivamente el plan de paz firmado el pasado mes de enero. En los dos años anteriores se registraron cerca de 850.000 desplazados, según datos del Organismo Internacional. La mayoría de las agencias de la ONU y organizaciones internacionales han fracasado a la hora de proporcionar una respuesta humanitaria adecuada mientras que la situación ya desastrosa sigue deteriorándose de forma dramática.

 

Muchas de las personas que ahora necesitan asistencia han sido forzadas a huir varias veces. Como señala Médicos Sin Fronteras, que tiene varios equipos trabajando en la región, algunos han perdido en varias ocasiones sus casas y pertenencias -a menudo como resultado de saqueos- y están llegando al límite de su resistencia. Aparte de las grandes necesidades de la población -comida, refugio, acceso al agua, atención médica y protección- el riesgo a epidemias es alto.

 

“Por ahora, podemos acceder a los campos de refugiados pero con más cautela que antes. Llevamos agua en camiones para que puedan beber y, algo tan importante como eso, puedan asearse con el fin de evitar la propagación de enfermedades. También tenemos la labor de rejuntar familias. Algunas madres pierden a sus hijos en la huida”, cuenta el responsable de UNICEF. Sin perder fuerza en su tono de voz pero con un punto de gravedad distinto, Murthy concluye, casi a modo de súplica: “Es una situación de emergencia absoluta. Ahora estamos peor que antes. Es terrible. Se puede hablar de una de las peores situaciones del mundo. Entre todos tenemos que restablecer la paz, para restablecer la vida”.

 

  Fernando Navarro (El País) 

 

 

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Acosados por Debilidades

Posted by antenamisionera en octubre 28, 2008

Hace algunos años, Michael Buckley, un  teólogo jesuita de excepcional intuición, pronunció una homilía en la primera misa de un joven sacerdote que justamente acababa de ordenarse. Su enfoque fue paradójico. En vez de preguntar al joven: “¿Eres lo bastante fuerte para ser sacerdote?”, preguntó: “¿Eres lo suficientemente débil para ser sacerdote?

Esa es una curiosa inversión que es preciso entender bien: La “debilidad”  a la que hace referencia al retar a este joven  (y a todos nosotros) no es la debilidad del fallo moral o pecado, sino la debilidad que la Escritura atribuye a Jesús cuando afirma que él mismo estaba “acosado por todo tipo de debilidades”, menos el pecado.

¿De qué forma era débil Jesús y cómo tenemos que ser débiles nosotros?

Hace algunos años, Michael Buckley, un  teólogo jesuita de excepcional intuición, pronunció una homilía en la primera misa de un joven sacerdote que justamente acababa de ordenarse. Su enfoque fue paradójico. En vez de preguntar al joven: “¿Eres lo bastante fuerte para ser sacerdote?”, preguntó: “¿Eres lo suficientemente débil para ser sacerdote?

Esa es una curiosa inversión que es preciso entender bien: La “debilidad”  a la que hace referencia al retar a este joven  (y a todos nosotros) no es la debilidad del fallo moral o pecado, sino la debilidad que la Escritura atribuye a Jesús cuando afirma que él mismo estaba “acosado por todo tipo de debilidades”, menos el pecado.

¿De qué forma era débil Jesús y cómo tenemos que ser débiles nosotros?

Buckley explica esto comparando a Jesús con Sócrates en cuanto a su excelencia humana (tal como ésta es juzgada con frecuencia). Así elabora su comparación:

Circula por la filosofía contemporánea una comparación clásica entre Sócrates y Cristo, un juicio entre ellos sobre su excelencia humana. Sócrates se encaminó hacia su muerte con calma y compostura. Aceptó el juicio del tribunal, disertó sobre las alternativas sugeridas por la muerte y sobre las indicaciones dialécticas de la inmortalidad, no halló motivo para el miedo, bebió el veneno, y murió. Jesús, por el contrario  – ¡qué diferente! Jesús casi se volvió histérico  por el terror y el miedo; “con fuertes gritos y con lágrimas se dirigió a quien podía salvarlo de la muerte”.  Quiso contar con el apoyo y consuelo de sus amigos y oró para poder escapar de la muerte, pero no consiguió ninguna de las dos cosas. Finalmente logró controlarse a sí mismo y se encaminó hacia la muerte en silencio y en solitario aislamiento, incluso se adentró en el terrible sufrimiento interior de la divinidad oculta, de la ausencia de Dios.

Alguna vez yo pensé que esto era porque Sócrates y Jesús sufrieron muertes diferentes, una mucho más terrible que  la otra, ya que el dolor y la agonía de la cruz eclipsan la liberación de la cicuta.

Pero ahora pienso que esta explicación, aunque corre  correctamente, es superficial y secundaria. Ahora creo que Jesús fue un hombre mucho más profundamente débil que Sócrates, más propenso al dolor físico y a la fatiga, más sensible al rechazo humano y al desprecio, más afectado por el amor y el odio.

Sócrates nunca lloró frente a Atenas. Nunca expresó  dolor ni sufrimiento ante la traición de sus amigos. Sócrates se sentía bajo control e íntegro, nunca sobre-abierto a los demás, convencido de que la persona justa nunca podría sufrir auténtico daño. Y por eso, Sócrates  -uno de los hombres más grandes y heroicos que hayan existido, un paradigma de lo que la humanidad puede lograr en el plano individual-  era un filósofo. Y por la misma razón, Jesús de Nazaret era un sacerdote –ambiguo, sufriente, misterioso y salvífico.

Jesús era débil en cuanto que su sensibilidad y amor le impedían protegerse a sí mismo contra el dolor. Porque amaba profundamente, sentía las cosas profundamente, tanto la alegría como el dolor.

Las personas sensibles sufren más que otras porque su sensibilidad las hace vulnerables e incapaces de cerrar el acceso hacia el dolor  -el suyo propio, el de sus seres queridos y el del mundo. Como dijo una vez Iris Murdoch: “Un soldado común muere sin miedo, mientras que Jesús murió con mucho miedo”. Eso no debería sorprendernos. La sensibilidad te deja abierto al dolor.
 
Cuando somos insensibles solemos dormir bien, aun cuando otros estén sufriendo y nosotros hayamos contribuido a ello; cuando somos insensibles tenemos menos miedo, especialmente miedo de herir a otros; y cuando somos insensibles somos, desde muchos puntos de vista, más fuertes, porque somos más capaces de aislarnos contra el sufrimiento y la humillación. En atletismo, admiramos al jugador que puede absorber un fuerte impacto  sin efecto aparente. El ser duro y  resistente  es admirable. Pero, no podemos decir lo mismo en el área del alma.

San Juan de la Cruz, el gran doctor de la mística, emplea la pregunta   -“¿Hasta qué punto somos vulnerables y débiles?”-  como criterio importante para juzgar si estamos o no en el camino recto siguiendo a Cristo.

Sostiene que profundizamos más en la vida cuando intentamos imitar la motivación de Cristo.  Pero, ¿cómo sabemos si estamos haciendo eso o simplemente estamos haciéndonos ilusiones?

Su respuesta: Sabemos si estamos imitando a Cristo o  sencillamente racionalizando nuestros propios deseos, según lo que comience a fluir en nuestras vidas. Si estoy realmente imitando a Cristo puedo esperar experimentar en mi vida las sensaciones que Cristo experimentó en la suya, a saber, una cierta vulnerabilidad que me deja existencialmente incapaz de protegerme contra ciertas clases de dolor.  Cuando esté imitando auténticamente a Cristo, me sentiré “débil”  de la misma manera que Cristo se sintió débil – más propenso al dolor físico y al cansancio, más sensible al rechazo humano y al desprecio, más afectado por el amor y el odio,  más apenado por el estado de cosas, más propenso a la humillación.

La sensibilidad genuina pone al descubierto el corazón y lo deja vulnerable. Eso no siempre te da buen aspecto, pero está bien, okay. Las mejores personas en el mundo no siempre tienen buen aspecto.

 

Ronald Rolheiser (en Ciudad Redonda))

 

 

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La Misión se escribe en femenino

Posted by antenamisionera en octubre 27, 2008

Nunca podrá haber misioneras. La misión consiste en predicar el Evangelio, y para predicar el Evangelio hace falta inteligencia. Y, como dijo Aristóteles, por regla general, ésta no brilla en las mujeres“. El cardenal italiano Branchetti di Laurea, cuyas obras se pueden consultar en la biblioteca de la Universidad Gregoriana de Roma, fue una preclara figura eclesiástica del siglo XVII, pero no se distinguió precisamente –hoy lo sabemos– por su visión de futuro.

En efecto, tan “concluyente” afirmación no podía ser más errada. Porque la misión no existiría hoy sin las mujeres. Baste echar un vistazo a los números: si nos ponemos a buscar un misionero español, tenemos un 78,6 por ciento de probabilidades de encontrar una mujer, y sólo el 21,4 por ciento de que nos aparezca un hombre. Y es que las misioneras españolas –religiosas y seglares– son más de 16.500, mientras que los varones apenas llegan a los 4.500 entre sacerdotes, religiosos y seglares.

Son ellas, sin hablar ya de su generosidad numérica, las que mantienen viva la tarea evangelizadora por el Reino; las que dan testimonio de la Buena Noticia mediante su actitud y su palabra; las que llevan la enseñanza, la salud, la dignidad y el consuelo a los que carecen de ellos; las implicadas en todas las formas de apostolado trabajando codo con codo no sólo con cristianos, sino con gente de todas las creencias.

Y no sólo ahora, sino desde el principio. Olvidaba Branchetti que el primer anuncio de la resurrección se hizo a unas mujeres, (“Id y decid…”), y que ellas fueron, así, las primeras misioneras. Olvidaba también que, tal como cuentan los relatos neotestamentarios, la mujer participó más que activamente en las primeras comunidades cristianas. Y olvidaba, sobre todo, que la mujer ha sido durante muchos siglos la primera educadora –y misionera– en su propio hogar y, por tanto, el soporte silencioso pero esencial de la misión.

Hoy, afortunadamente, su compromiso ya no necesita ser demostrado y está plenamente reconocido. Casi podría decirse, incluso, que la misión es “femenina”. O, al menos, como dice la teóloga brasileña Ivonne Gebara, “la misión cristiana ya no es en la práctica la misma desde que las mujeres acentúan la importancia de la ‘diferencia’ en el trabajo misionero”. Es decir, desde que las misioneras, como el resto de las mujeres de hoy, han tomado conciencia de su identidad y de su puesto como iguales al lado de los hombres.

El lado ‘femenino’

Pero, ¿en qué consiste esa “diferencia”? ¿Hay una manera “femenina” de misión? ¿Qué riqueza puede aportar la mujer en el trabajo de evangelización? Llegados aquí, dejemos que hablen ellas. ¿Quién mejor para explicar cómo se sitúan hoy en la misión de toda la Iglesia, cómo entienden su papel, las alegrías que les aporta su participación en la venida del Reino, las dificultades que encuentran en las diversas situaciones que viven por todo el mundo?

Para empezar, habría que decir con Regina da Costa, misionera de la Inmaculada, que “la misión ha ofrecido espacio a la mujer para romper con un modo, pasivo, dependiente de entender su papel en la sociedad y ha supuesto una ocasión de desarrollar una parte excepcional de nosotras mismas que probablemente no se revelaría nunca en circunstancias más normales. La exigencia de la vida misionera ha ayudado a poner al servicio de la evangelización la sensibilidad, la intuición, la capacidad de sufrimiento y comprensión de las necesidades de los otros, la iniciativa de organización y decisión”.

“Para comprender qué es la evangelización ‘a la femenina’, –prosigue la hermana Da Costa–, hay que saber que las mujeres partimos siempre de la vida. No nos sentamos a la mesa para hacer proyectos de cómo evangelizar como mujeres. Una mujer va, se instala en el campo de misión y anuncia el Evangelio con su corazón, su capacidad de acogida, su dulzura, su creatividad…”

Lo cual no significa falta de preparación o ausencia de método. Todo lo contrario. En los últimos tiempos, “se ha producido un cambio en el modo de entrega de la mujer a la misión: es un modo menos exaltado, menos exultante, pero más consciente y responsable”, explica Trinidad León, mercedaria de la Caridad. “Una entrega cualificada no sólo a nivel espiritual, sino a todos los niveles humanos y profesionales. Las mujeres se saben sujetos activos de la evangelización y ejercen ministerios a todas luces eclesiales y evangélicos, pero también sociales y profesionales”.

Lo mismo opina la citada Ivone Gebara: “Las misioneras viven la transformación de lo cotidiano como el lugar de encuentro con Jesús de manera singular. La mujer está, por su condición, más cercana a la vida y se dedica a tareas cotidianas como la educación y la salud, más ligadas simbólicamente a lo femenino, al mantenimiento de la vida en lo que tiene más de primario e inmediato, pero sin lo cual el resto no es posible”.

Y también Regina da Costa: “La mujer ve más de cerca los problemas que se plantean diariamente, está normalmente a ras de suelo y se da con todo su ser a una causa. El hombre, por su parte, es más prudente, intelectualiza las situaciones y toma distancias, discute grandes proyectos olvidando los pequeños detalles que son importantes”. Gracias a ello, las mujeres “han sabido convertir la pobreza impuesta en muchas situaciones en riqueza de creatividad al servicio de los marginados”. Y esto, dice rotundamente Da costa, “es un signo distintivo de la actividad de las mujeres en la evangelización”.

Valga un ejemplo: “En una ocasión, en Guinea Bissau, no recibíamos las papillas para los niños desnutridos. Decidimos recoger lo poco que teníamos para resolver este problema, primando los recursos locales para evitar la dependencia del exterior. Así, uniendo capacidades diversas de profesionalidad, práctica y conocimiento del lugar, en tres años pusimos a punto cuatro tipos de papillas con productos locales, respondiendo a criterios dietéticos y económicos y, sobre todo, realizadas por mujeres de allí. Para un hombre, habituado a gestionar más racionalmente la energía, tres años de espera hubieran sido demasiados. Y habría buscado el modo de seguir recibiendo de la forma más rápida posible la papilla…”

Compromiso y testimonio

Generalmente, el compromiso misionero de las mujeres se concreta en instituciones al servicio de la evangelización, de la salud, de la enseñanza y de la promoción humana. Es decir, curan las heridas, alfabetizan, forman profesionales, acogen a madres solteras, visitan presos, impulsan la liberación de la mujer, mantienen guarderías para hijos de trabajadores… Pero todo esto está lejos de ser sólo una labor profesional. Junto a todo lo anterior, las misioneras escuchan confidencias, acogen preocupaciones, aconsejan, animan la vida del barrio, aportan esperanza y tienen siempre su corazón abierto. Es lo que la hermana Ángèle Mutonkole, congoleña y misionera del Sagrado Corazón de Jesús llama “el ministerio no ordenado de la consolación”.

Junto a éste, hay otro ministerio no menos importante: el del “testimonio de la vida”. “El testimonio de vida es la primera exigencia de la misión. Me atrevería a decir que, en países pobres y hambrientos de dinero como los africanos, caracteriza el apostolado femenino. Como decía el jefe de un poblado: «Una hermana no tiene ‘zigzags’ en su comportamiento. Acoge a todo el mundo, sea bueno o malo. Incluso cuando la herida está putrefacta, la hermana cura».”

Este testimonio se revela esencial en países musulmanes, donde las pequeñas comunidades religiosas son, en ocasiones, la única presencia de la Iglesia. “Aquí –señala sor Ángèle Mutonkole– suele estar prohibida la predicación del Evangelio y la población no busca tanto la competencia profesional de ‘las mujeres de Dios’ como la calidad de las relaciones humanas, una presencia humilde, una actitud respetuosa hacia la cultura y las creencias del otro. La gente siempre observa mucho más lo que hacemos que lo que decimos”.

Pero todo esto exige también a las misioneras todo un camino de encarnación en el pueblo que quieren evangelizar. Lo que, a veces, supone un gran riesgo. Antes eran conocidas como las que hacían obras de caridad, y eran muy veneradas y solicitadas. Pero desde que se esfuerzan también por la transformación de la sociedad no son siempre bien aceptadas. Y en ello a veces les va la vida. Ahí están los casos de Ester y Caridad, dos agustinas misioneras asesinadas en Argelia, un día del DOMUND de 1994; o el más reciente de la misionera norteamericana Bárbara Ann Ford, asesinada en Guatemala en mayo de 2001. En ese año, de hecho, recibieron muerte violenta seis misioneras.

Dirigentes de comunidades

A todo lo que antecede, hay que añadir el ingente trabajo pastoral. Dada la escasez de sacerdotes, las misioneras ejercen con frecuencia muchas de sus tareas en los lugares en los que aquél sólo pasa ocasionalmente para marcharse corriendo a atender a la siguiente comunidad, y ellas permanecen, enraizando la fe en las gentes, preparando a la comunidad a asumir sus responsabilidades, presidiendo asambleas de oración, animando la liturgia de la Palabra, preparando las homilías, formando a los catequistas, etc. A veces, una pequeña comunidad de tres o cuatro religiosas se aventuran incluso por zonas aún sin evangelizar, precediendo al sacerdote…

“Esta labor pastoral”, afirma la mercedaria Trinidad León, “ha fortalecido en las misioneras la conciencia del propio valor, sin complejos de inferioridad con el hombre. De la dependencia se ha pasado a la colaboración, mucho más enriquecedora”. Lejos quedan los tiempos en los que las religiosas llegaban a la misión para estar al servicio de los curas: “En países como el nuestro y otros del mismo jaez económico-social, los misioneros tienen demasiada necesidad de nosotras como para considerarnos a su servicio”, concluye sor Ángèle Mutonkole.

Y Regina da Costa: “Muchas veces, tanto en Brasil como en Camerún, he notado que la gente observaba atentamente el tipo de relación existente entre la monja y el padre. Para ellos, era una experiencia nueva ver al padre sentado y escuchando a la hermana que hablaba a la gente, o darse cuenta de que los dos deciden juntos cómo conducir un curso de formación, notar que no era él quien decidía y ella quien obedecía, sino que lo hacían juntos”.

“Estas cosas ayudan a las otras mujeres a percibir la posibilidad de un nuevo tipo de relación fundada en la novedad del Evangelio anunciado, y también a los hombres a asumir que su punto de vista masculino es sólo un aspecto de la realidad. Así el impacto sobre la gente aviva la fuerza del testimonio”.

Por lo demás, la práctica evangélica en la misión aparece cada vez más reflejada en la producción teológica hecha por mujeres. Una de las preocupaciones de las teólogas es intentar hacer comprensible el fundamento de fe que anima la experiencia de las misioneras. La inmensa mayoría de las mujeres, desde luego, no hace reflexiones teológicas, pero sí se enriquecen con las contribuciones de las teólogas.

Entre ellas destaca Ivone Gebara: “La fe de las mujeres en el Dios que es vida y liberación es el punto de partida de la teología femenina que, como la acción evangelizadora, pretende iluminar el auténtico papel de la mujer y su capacidad de guía del pueblo de Dios. Y, al mismo tiempo, recuperar el tipo de relación que Jesús tenía con las mujeres y la participación de la mujer en las primeras comunidades cristianas. El espejo para ello es la figura de María, la mujer maternal, tierna y humilde, pero también inteligente, fuerte y activa en la adhesión a los proyectos de Dios”.

En medio de todo esto, la humildad sigue estando presente como uno de los rasgos principales de la misión ‘femenina’: “Para evangelizar como mujeres es necesaria también una buena dosis de autocrítica, de reconocimiento de nuestros defectos de mujer. No somos perfectas y sería ingenuo pensar que si hacemos todo nosotras las cosas saldrán mejor. Pero, ¿no intentamos, por ejemplo, usar nuestra capacidad de escucha y de captar al vuelo las cosas para intentar saber todo de todos? ¿O no nos comportamos con una actitud maternal excesivamente posesiva cuando la gente necesita libertad?”

Sensibilidad, intuición, creatividad, capacitación profesional cualificada, dedicación a los más necesitados, amor, acogida, consuelo, trabajo pastoral, animación de comunidades, promoción de la mujer, producción teológica, humildad. ¿Alguien podría dudar a estas alturas de la aportación femenina a la misión? Pero aún queda la guinda que añadir a este completísimo bagaje. Y la coloca la mercedaria Trinidad León: “En estos momentos, las misioneras —religiosas y laicas– de la Iglesia tienen acumulada en el corazón mismo de su condición de mujeres y de creyentes toda la experiencia de siglos de acción apostólica y misionera y quieren que su luz brille en lo alto para bien de la propia misión del Reino”. Lo dicho: el futuro es suyo.

(Luis Fermín Moreno)

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El amor solidario: pasión por Dios, compasión por el ser humano

Posted by antenamisionera en octubre 23, 2008

(Domingo 30º Tiempo Ordinario, 26 de octubre de 2008)

– I –

 

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

 

La Alianza de Israel

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

 

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

 

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera como natural la situación estremecedora de la Deuda Externa. Países enteros gravados con deudas que equivalen a muchas veces sui producto nacional bruto anual… es decir, que deben todo lo que pueden producir durante varios años, que de hecho se deben a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que fueron ofrecidos a intereses bajísimos pero fluctuantes, que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmene alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Se sabe dónde comienza la usura en el plano internacional? Países enteros debiéndose a sí mismos, teniendo que renunciar a la salud, la educación, etc., para poder pagar sólo «el servicio» de la deuda, sin siquiera amortizar una deuda que no deja de crecer… ¿no es usura? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 

Una mentalidad liberadora

Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley escrita y oral, los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 

La postura de Jesús

El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

 

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

 

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e, incluso, auxiliar al necesitado.

 

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

 

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

 

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores.

 

(Servicios Koinonía)

 

– II –

 

Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no sólo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

 

La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

 

Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.

 

Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

 

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».

 

José Antonio Pagola  (Eclesalia) 

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En la pobreza no somos iguales

Posted by antenamisionera en octubre 22, 2008

Esta mañana, camino del trabajo, paré en uno de los pocos bares que aún te dan un buen café por 1 Euro. Hoy se agradece porque hace un día casi invernal. Como siempre. me encontré con una mujer mayor, viuda, que cobra la pensión mínima. El camarero (un emigrante latinoamericano) suele invitarla a un café y un bollo para desayunar.

La mujer aprovecha para charlar un rato. Hoy me habla de la subida del gas de un 10% a partir del pasado día 12. Su comentario final me deja sin palabras: “con esto de la crisis, a los pobres no sólo nos quieren matar de hambre, ahora también de frío. Verás que cuando vuelva el buen tiempo bajará el precio del gas”.

Llego al trabajo y abro el blog “En clave de África”. Leo un largo comentario de uno de sus autores, el misionero Alberto Eisman Torres. Ésta es una parte de que dice:

“Les confieso que me fastidia ser profeta de cualquier desgracia, pero aún más me duele el haberlo sido de mi propia desventura. Me explico: hace unos cuantos días hablaba yo en este blog que la crisis – por lo menos tal como yo la veía desde esta perspectiva tan particular que es la de un humilde rincón africano – no era que bajaran los índices del Ibex o del Dow Jones. Tampoco es la verdadera crisis cuando una familia no alcanza para comprar un yogur bífidus estilo griego con pasas orgánicas y ultraligero de calorías (ingrediente como todos sabemos imprescindible en cualquier dieta que se precie de ser sana y moderna). No señores, la verdadera crisis es cuando llega el final del día y – por obra y gracia de la escalada de precios de los alimentos básicos – la magra liquidez del padre o madre de familia no alcanza ni siquiera para comprar un poco de pan, unas mazorcas de maíz o unos gramos de carne que den sabor a un desangelado estofado de escasas verduras. Ésa es la verdadera crisis, por mucho que se quejen los de Wall Street – y los que dependen de sus resultados – de lo crudo que lo tienen dentro de su opulencia y su flamante estilo de vida.

Yo, sin duda en una posición infinitamente mejor que esos sufridos cabezas de familia, también he podido experimentar la crisis cada vez que he ido a comprar algo y me he dado cuenta que en algunos casos la subida de un cierto producto podía ser de hasta un 50%, una cota realmente inalcanzable para la mayoría de las economías domésticas de este continente”.

Me quedo pensando. Es verdad que las personas nunca fuimos iguales frente a la riqueza; pero tampoco somos iguales frente a la pobreza.

Hoy me va a costar concentrarme en mi trabajo.

Autor: J. Altavista

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Obispo católico felicita a los musulmanes

Posted by antenamisionera en octubre 20, 2008

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Consulta Intercapitular de los Misioneros de la Consolata

Posted by antenamisionera en octubre 17, 2008

 

Cada seis años los representantes de los Misioneros de la Consolata de cada país donde trabajamos se reúnen en Capítulo General. Es el momento para elegir la nueva Dirección General y marcar las líneas de trabajo para el próximo sexenio. El último se realizó en San Pablo (Brasil) en 2005.

A mitad del camino, se lleva a cabo una “Consulta Intercapitular”. Se trata de un momento de revisión para evaluar si estamos caminando según las decisiones adoptadas en el Capítulo, ver qué dificultades se están encontrando y buscar la forma de superarlas.

Del 6 al 26 de este mes de octubre se está realizando la “Consulta” en Roma. Participan los superiores de los países donde estamos presentes, junto con la Dirección General y el Secretariado General para las Misiones.

El trabajo se está centrando en tres puntos: la persona del misionero, la comunidad y la misión. La variedad de las aportaciones, al provenir de distintos países y continentes, sirve para tener una visión de conjunto y caminar en unidad de intentos dentro de la diversidad que imponen las distintas realidades donde estamos presentes.

Este encuentro ha sido ocasión también para poner en marcha un bienio de reflexión sobre el tema de la interculturalidad como paradigma actual de la misión ad gentes.

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EL PODER NO VIENE DE DIOS

Posted by antenamisionera en octubre 15, 2008

(Domingo 29º del Tiempo Ordinario, 19 de octubre de 2008)

 

Prácticamente, todas las culturas han intentado justificar el poder en nombre de Dios. Y, dentro de la historia del mundo cristiano, esta justificación ha buscado apoyo en diversos textos del evangelio, entre ellos el que hoy leemos en la eucaristía; pero ni este ni ningún otro texto evangélico respaldan la afirmación de que el poder procede de Dios. 

FARISEOS Y HERODIANOS 

Extraña alianza. Más extraña que las que vemos realizarse a veces entre los políticos actuales. 

Resulta que los fariseos eran furibundos enemigos de los romanos y de sus partidarios; y los herodianos eran los partidarios de Herodes y de sus sucesores, los cuales debían su corona a los romanos, con los que, por tanto, colaboraban. Los fariseos y los herodianos eran enemigos, pero por una vez… 

En la escena que nos relata el evangelio de hoy aparecen unidos contra un enemigo común: Jesús les caía muy mal a los dos grupos. A los fariseos les había dirigido acusaciones gravísimas (podemos echarle un vistazo al capítulo 23 de Mateo; los primeros versículos los comentamos en el domingo trigésimo primero); de Herodes, Jesús había dicho que era un ser insignificante, un Don Nadie, que diríamos nosotros. Peto parece que decidieron hacer una tregua entre ellos para ponerle juntos una trampa a Jesús. 

 

UN SOLO SEÑOR 

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar el tributo al César o no?» 

 

La pregunta era una espada de doble filo. Si Jesús decía que no se debía pagar el tributo al emperador de Roma, los romanos se encargarían de él; si, por el contrario, decía que sí debían pagar los impuestos a los invasores, Jesús perdería toda la simpatía con que contaba entre el pueblo; en cualquier caso, a ellos, a fariseos y herodianos, les sería mucho más fácil quitárselo de en medio. 

Esta era su intención; pero no se presentan a cara descubierta, sino que quieren aparentar que son unos israelitas piadosos que tienen un escrúpulo de conciencia y buscan ayuda para salir de la duda. Para muchos israelitas de entonces pagar el tributo al César era reconocer que el emperador de Roma era señor de Palestina; y eso iba en contra del primero de los mandamientos: «Yo soy el Señor y no hay otro», como recuerda el profeta Isaías (45,5; véase Dt 6,4). La pregunta la podrían haber hecho de este modo: «Si pagamos el impuesto al señor de Roma, ¿ ofendemos al Señor del cielo, al Señor de Israel, al único Señor?» 

En realidad ellos no tenían otro señor que su propio egoísmo, su soberbia y sus ansias de poder. Y Jesús los puso en evidencia. 

 

… DEVOLVEDSELO AL CESAR 

«Pues lo que es del César, devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios». 

La respuesta de Jesús se ha interpretado erróneamente durante mucho tiempo. Sus palabras se traducían de esta manera: «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», y se explicaban diciendo que los hombres tenían que observar dos clases de obligaciones: las que les imponía la autoridad civil, cualquiera que ésta fuera, y las de tipo religioso. Pero eso no es lo que dice Jesús. Vayamos por partes. 

Jesús, después de haber dejado claro que ha comprendido cuáles son sus intenciones, pregunta a fariseos y herodianos que con qué moneda hay que pagar el impuesto a Roma; y, ¡ qué casualidad!, tenían monedas romanas en la bolsa. Odiaban a los romanos y, por supuesto que con razón, deseaban con todas sus fuerzas que se marcharan de su país, pero… al dinero no le habían hecho ascos: rechazan al César en lo que les conviene, pero se someten libremente a su sistema cuando éste los beneficia. Y a esta actitud se refiere la respuesta de Jesús: «Pues lo que es del César devolvédselo al César». Lo que significa: Romped de verdad con el sistema opresor del Imperio, pero del todo; rechazad su dominio sobre vosotros y sobre vuestro pueblo, pero no os sometáis gustosos a la esclavitud de su dinero, no dejéis que vuestra ambición anule vuestros principios. Devolvédselo al César, como cuando se rompe una relación de amor o de amistad y se devuelven los regalos o los recuerdos…   

 

…Y LO QUE ES DE DIOS, A DIOS 

No. Tampoco se habla del cumplimiento de deberes religiosos, en el sentido tradicional de la expresión. Aquí se trata de devolver a Dios algo que le habían robado: el pueblo, su pueblo. Recordemos de nuevo la parábola de los viñadores perversos. Aquellos labradores decidieron matar a los criados y al hijo del dueño para quedarse con la viña (el pueblo de Dios). Al final de la parábola, el evangelista hace este comentario: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iban por ellos». Ellos, que acusaban a los romanos de ser unos opresores, también explotaban al pueblo, y además lo hacían en nombre de Dios, usurpando el lugar de Dios. 

Y si en lugar de «denario» leyéramos «dólar», ¿ qué consecuencias se deducirían? 

 

(R. J. García Avilés)

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