BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Resucitar: ser plenamente “humano”

Posted by antenamisionera en abril 23, 2009

(Domingo 3º de Pascua,26 de Abril de 2009)

A veces pensamos que Jesús, después de su muerte y resurrección, volviendo “junto al Padre”, dio por cerrada su etapa humana, perdió su condición humana,3pascua1 para regresar al ámbito de la divinidad.

 

Nada más lejos de lo intentan transmitirnos los relatos evangélicos. Las apariciones de Jesús muestran que ha llegado a la plenitud humana. Esa plenitud nosotros la vamos alcanzando en la medida en que nos identificamos con su forma de vida. Momento privilegiado para hacerlo será el “partir el pan”, la celebración eucarística. Es el ámbito donde los cristianos hacemos presente al Resucitado en la sociedad de hoy.

 

Os ofrecemos un par de textos para profundizar el sentido de la liturgia de este domingo.

 

 1. Un Jesús más humano

 

 Por más que el valor histórico de las apariciones del Resucitado se puedan poner en cuestión, su mensaje profundo es incuestionable. Ahora bien, tal mensaje no consiste sólo en afirmar que Jesús es El Viviente, que ha vencido a la muerte. Además de eso, los relatos de las apariciones dejan muy claro que Jesús Resucitado, por más que estuviera “exaltado a la diestra de Dios” (Hech 2,33) y por más que “Dios lo constituyera Señor y Mesías” (Hech 2,36) e “Hijo de Dios en plena fuerza” (Rm 1,4), lo m3pascua2ás increíble y lo que más impresiona es que Jesús, precisamente después de la resurrección, es cuando aparece y se muestra más humano.

 

Una vez que, en Jesús, Dios se fundió y se confundió con lo humano, cuando Jesús resucita, por más divinizado que nosotros lo pensemos y lo creamos, la divinización no lleva consigo ni un alejamiento, ni el mínimo de pérdida de su condición humana, sino todo lo contrario: precisamente porque nosotros lo vemos más divino, por eso se hace más profundamente humano.

 

Esto explica que Jesús es reconocido al partir el pan, y su presencia quita todos los miedos y dudas, dando paz y alegría; se deja ver, tocar, palpar; come ante todos, se muestra a las mujeres antes que a nadie, les explica las Escrituras, condesciende con las exigencias de un incrédulo como Tomás, y hasta le pregunta a Pedro tres veces si es cierto que le quiere más que nadie. También Jesús resucitado es sensible al cariño y lo necesita.

 

 (José María Castillo)

 

  2. Reconocerlo al partir el pan

 

Se ha señalado con razón que los relatos pascuales nos describen con frecuencia el encuentro de Jesús Resucitado con los suyos en el marco de una comida.Sin duda, el relato más significativo es el de los discípulos de Emaús. Aquellos caminantes cansados que acogen al compañero desconocido de viaje, y se sientan juntos a cenar, descubren a Jesús Resucitado «al partir el pan», término técnico empleado en las primeras comunidades para designar la cena eucarística.
Sin duda, la Eucaristía es lugar privilegiado para que los creyentes abramos «los ojos de la fe», y nos encontremos con el Señor resucitado que alimenta y fortalece nuestras vidas con su mismo cuerpo y sangre. Los cristianos hemos olvidado con frecuencia que sólo a partir de la resurrección podemos captar en toda su hondura el verdadero misterio de la presencia de Cristo en la Eucaristía.
Es Jesús Resucitado quien se hace presente en medio de nosotros, 3pascua31ofreciéndose sacramentalmente como pan de vida. Y la comunión no es sino la anticipación sacramental de nuestro encuentro definitivo con el Señor resucitado.

  

El valor y la fuerza de la Eucaristía nos viene de Jesús Resucitado que continúa ofreciéndonos su vida, entregada ya por nosotros en la cruz. De ahí que la Eucaristía debiera ser para los creyentes principio de vida e impulso de un estilo nuevo de resucitados. Y si no es así, deberemos preguntarnos si no estamos traicionándola con nuestra mediocridad de vida cristiana.

Las comunidades cristianas debemos hacer un esfuerzo serio por revitalizar la Eucaristía dominical. No se puede vivir plenamente la adhesión a Jesús Resucitado, sin reunirnos el día del Señor a celebrar la Eucaristía, unidos a toda la comunidad creyente. Un creyente no puede vivir «sin el domingo». Una comunidad no puede crecer sin alimentarse de la cena del Señor.

Necesitamos comulgar con Cristo resucitado pues estamos todavía lejos de identificarnos con su estilo nuevo de vida. Y desde Cristo, necesitamos realizar la comunión entre nosotros, pues estamos demasiado divididos y enfrentados unos a otros.

No se trata sólo de cuidar nuestra participación viva en la liturgia eucarística, negando luego con nuestra vida lo que celebramos en el sacramento. Partir el pan no es sólo una celebración cultual, sino un estilo de vivir compartiendo, en solidaridad con tantos necesitados de justicia, defensa y amor. No olvidemos que «comulgamos» con Cristo cuando nos solidarizamos con los más pequeños de los suyos.

 

(José Antonio Pagola)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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