BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La importancia de ser higuera

Posted by antenamisionera en octubre 28, 2010

(Domingo XXXI TO, 31 de Octubre de 2010)

Evangelio: Lucas 19, 1-10

Por Bernardo Baldeón

La primera lectura de la eucaristía de este domingo, tomada del libro de la Sabiduría, es una de las pequeñas joyas que encierra en Antiguo Testamento y nos ayuda a comprender un poco más al Dios en quien creemos.

Dice así: “Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te complaces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y lo reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor”. (Sab 11,23 – 12,3).

Dios es “amigo del hombre”, de todos los hombres porque es amigo de la vida. No es competidor, no es alguien de que haya que ganarse su favor… ya está a favor nuestro, Nos ama y nos perdona antes de que tengamos noticia de Él. Y ese amor le lleva a salir de sí mismo para venir a nuestro encuentro.

Zaqueo es un pecador público. Siente curiosidad por Jesús. Y a través de Jesús Dios se acerca a él, lo llama, comparte su mesa y sin juzgarlo provoca en él a la conversión. Zaqueo colaboraba con las fuerzas invasoras (los romanos) y se aprovechaba de los miembros de su pueblo (los judíos), por eso era despreciado, condenado y marginado por todos.

Fue suficiente el sentirse amado por alguien, que alguien lo aceptara como persona, para que su vida diera un vuelco total.

 

Sólo necesitaba un árbol

Lo único que Zaqueo necesitó para que ese cambio se produjera fue un árbol en el cual subirse y poder ver a Jesús que pasaba. Lucas tiene cuidado en darle nombre a ese árbol: era una higuera. A partir de ahí Jesús toma la iniciativa y se invita a su casa.

En la Biblia la higuera se identifica con la búsqueda de Dios. Por eso no cualquier árbol servía. Recordemos el encuentro de Jesús con Natanael: “Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Jn 1, 47-50). Estar debajo de la higuera era sinónimo de estar buscando a Dios. Y Dios salió a su encuentro.

Zaqueo es y se sabe pequeño, no sólo de estatura, y necesita un árbol, una higuera para encontrarse con Dios.

 

Nuestro papel como cristianos

El papel que debemos jugar los cristianos, para ser evangelizadores, es el de ser árboles… no cualquier árbol, sino higueras a cuya sobra los hombres puedan descansar para buscar a Dios, higueras a las que los hombres puedan subirse para ver a Dios que pasa por el camino de sus vidas y puedan escuchar la invitación que les hace a compartir la mesa.

No somos adoctrinadores, moralistas, jueces, poseedores o repartidores de Dios. Somos simple “instrumentos” profundamente enraizados en la tierra pero con la suficiente “altura” para dar la posibilidad a otros de ascender y encontrarse con Dios.

Al comentar el evangelio de hoy, casi siempre se nos ha invitado a identificarnos con Zaqueo. Yo os invito a identificarnos con la higuera.

Pero conviene que no olvidemos la parábola de Jesús: “Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto de ella  y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya hace tres años que vengo a buscar fruto a esta higuera, y no lo encuentro, ¡córtala! ¿para qué va a cansar la tierra? Pero él le dijo: Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas” Lc 13, 6-9).

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