BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Semana Santa: Reflexiones 2011

Posted by antenamisionera en abril 4, 2011

Como cada año te ofrecemos unas breves reflexiones sobre la Semana Santa ya próxima.

Celebramos el centro de nuestra fe.

¡Ojalá que, además de de ser días de descanso, nos ayuden a renovarnos y crecer como personas!

Por J. Jáuregui

 Domingo de Ramos: un grito de protesta y esperanza

17 de Abril: Mt. 26,14—27,66

             No tenía dinero, armas ni poder. No tenía autoridad religiosa. No era sacerdote ni escriba. No era nadie. Pero llevaba en su corazón el fuego del amor a los crucificados. Sabía que para Dios eran los primeros. Esto marcó para siempre la vida de Jesús.

               Se acercó a los últimos y se hizo uno de ellos. También él viviría sin familia, sin techo y sin trabajo fijo. Curó a los que encontró enfermos, abrazó a sus hijos, tocó a los que nadie tocaba, se sentó a la mesa con ellos y a todos les devolvió la dignidad. Su mensaje siempre era el mismo: “Éstos que excluís de vuestra sociedad son los predilectos de Dios”.

               Bastó para convertirse en un hombre peligroso. Había que eliminarlo. Su ejecución no fue un error ni una desgraciada coincidencia de circunstancias. Todo estuvo bien calculado. Un hombre así siempre es una amenaza en una sociedad que ignora a los últimos.

               Según la fuente cristiana más antigua, al morir, Jesús “dio un fuerte grito”. No era sólo el grito final de un moribundo. En aquel grito estaban gritando todos los crucificados de la historia. Era un grito de indignación y de protesta. Era, al mismo tiempo, un grito de esperanza.

               Nunca olvidaron los primeros cristianos ese grito final de Jesús. En el grito de ese hombre deshonrado, torturado y ejecutado, pero abierto a todos sin excluir a nadie, está la verdad última de la vida. En el amor impotente de ese crucificado está Dios mismo, identificado con todos los que sufren y gritando contra las injusticias, abusos y torturas de todos los tiempos.

               En este Dios se puede creer o no creer, pero nadie se puede burlar de él. Este Dios no es una caricatura de Ser supremo y omnipotente, dedicado a exigir a sus criaturas sacrificios que aumenten aún más su honor y su gloria. Es un Dios que sufre con los que sufren, que grita y protesta con las víctimas, y que busca con nosotros y para nosotros la Vida.

               Para creer en este Dios, no basta ser piadoso; es necesario, además, tener compasión. Para adorar el misterio de un Dios crucificado, no basta celebrar la semana santa; es necesario, además, mirar la vida desde los que sufren e identificarnos un poco más con ellos.

 Jueves Santo: lavar los pies

21 de Abril: Jn. 13,1-15

                 Al lavar los pies a sus discípulos –gesto de humildad y de servicio- Jesús nos está diciendo y enseñando lo que debe ser y hacer un cristiano.

             Cristiano es: el que sirve a los demás; el que se despoja y da incluso de lo que él necesita; el que se pone a los pies del hermano, incluso del enemigo; el que ama, el que ayuda, el que escucha, el que comprende, el que perdona.

             La gran revelación de Jesús sobre Dios, es decir, lo más importante que Jesús nos dijo sobre Dios: no es que Dios existe, sino que nos ama; no es que Dios es Dios, sino que es nuestro Padre; no es que Dios es todopoderoso, sino que es misericordioso; No es que Dios es un Dios lejano, que está en el cielo, sino que es un Dios cercano, que está dentro de nosotros.

             Por eso, el mayor dolor de Dios es no poder amar a todos los hombres a quienes ama, porque no todos los hombres se dejan amar por Dios. Así como el mayor dolor de Cristo fue no poder amar a Judas, que dio la espalda al amor de Jesús.

Si el amor de Dios a los hombres es lo más importante del mensaje de Jesús, lo más consolador de nuestra fe, debe haber –por parte nuestra- una respuesta de amor a los demás.

             ¿Qué hacemos nosotros por los demás, especialmente por los más débiles, por los indefensos, por los más necesitados? ¿Rezar por ellos? ¿Compadecernos de ellos? ¿Echar la culpa a los poderosos, a los ricos? ¿Decir que tiene que ser así?

             ¿Qué hizo Cristo? Abrir su corazón y ayudar a los más necesitados; compartir las necesidades de los demás; defender a los más débiles; perdonar; servir.

             En este día de Jueves Santo, de tanto contenido y significado para los cristianos, renovemos nuestro deseo sincero de amarnos unos a otros como Jesús nos amó.

 Viernes Santo: el sueño de Dios

22 de Abril: 18,1—19,42

                 Había una vez un hombre a quien le encantaba coleccionar obras de arte. Cuando el único hijo que tenía cumplió los veinte años, lo llamaron para ir a la guerra. Allí, en la batalla, cuando trataba de salvar la vida de uno de sus compañeros, él también encontró la muerte.    Otro soldado, queriendo honrar la memoria de su camarada, pintó un retrato del joven y se lo envió al padre.

            Pocos años más tarde, el padre falleció y sus bienes fueron subastados.

            “Daremos inicio a la subasta rematando primero el retrato del hijo”. Se produjo un incómodo silencio hasta que, tras unos minutos, una voz propuso, “No empecemos por este retrato. El pintor era aficionado y no vale la pena perder el tiempo”. Pero el subastador no respondió.

            Otra voz preguntó, ¿Por qué no subasta los Picassos y los Rembrandts? El subastador sin inmutarse, declaró, “El retrato del hijo primero. ¿Quién quiere optar por el hijo?”

            Finalmente se oyó una voz que venía del fondo del salón. Era el jardinero del que había sido el dueño de todos los bienes. “Diez dólares”. Era todo lo que podía ofrecer.

            “Tenemos diez dólares”. ¿Alguien da más? El resto de los asistentes permanecieron silenciosos, esperando que el cuadro se vendiera pronto para pasar a las cosas valiosas. “A la una, a las dos, a las tres”. Vendido por diez dólares”. El seco golpe del martillo puso fin a la transacción.

            El subastador dejó el martillo sobre la mesa y dijo, “Muchas gracias a todos por venir. Lamento si esto les ha causado alguna molestia, pero la subasta ha terminado. Cuando me contrataron para conducir esta subasta, me dieron unas instrucciones muy concretas. La persona que comprara el retrato del hijo heredaría el resto de los bienes, -todos los bienes raíces, todo el dinero, todos los cuadros. El dueño quería legar todo lo suyo a quien aceptara a su hijo.”

             Cuando éramos pequeños nos preguntaban muchas veces: ¿qué quieres ser cuando seas mayor?

            Cada uno de nosotros teníamos un hermoso sueño que vivir: ser periodista, ser futbolista, ser maestro…

            Sí, un sueño en cada corazón de niño.

            Sí, un futuro y muchas avenidas que explorar.

            Y aquí estamos nosotros con mucha o poca vida por delante, con muchas avenidas ya exploradas, con muchas energías ya gastadas y con nuestro sueño de niños aún metido en el corazón.

            A un niño que también le hicieron la pregunta: ¿qué quieres ser cuando seas mayor? Éste contestó: “yo quiero ser Dios.”

            Por sorprendente que parezca el sueño de los hombres es eliminar a Dios y ocupar su puesto.

            El sueño de los hombres es vivir cómodamente sin Dios y no depender de nadie, ni de Dios.

            Dios es todo. Dios lo puede todo. Y nosotros queremos serlo todo y poderlo todo.

            Hoy, hermanos, es Viernes Santo. Y la historia que compartimos y vivimos nos recuerda el sueño de Dios hecho añicos, la debilidad de Dios, la impotencia de Dios, el fracaso de Dios, la muerte de Dios.

            Hoy es Viernes Santo. Y la liturgia de la cruz nos recuerda a los cristianos que nuestro destino y nuestro sueño está unido al de Dios.

            Hoy es Viernes Santo. Y el camino hacia el Calvario nos enseña a todos a vivir y a querer también la cara oculta de nuestro sueño: el sufrimiento, la debilidad y la muerte.

            Hoy es Viernes Santo. El sueño de Jesucristo se realiza plenamente. El sueño de Jesucristo era dar vida, perdón, amor y salvación a todos.

            El sueño de Jesús no era sólo para sí. Jesús soñaba contigo para abrirte las puertas de su reino, compartir tu fracaso, llevar tu cruz, morir, no por cualquier causa sino por amor, para dar sentido a todas las cruces, a todas las muertes y a la tuya también.

            El sueño de Jesús acaba en la muerte, puerta hacia la resurrección y la vida.

            El sueño de ser Dios nos lo enseña Jesús pero a la manera de Dios, no a la manera de los hombres.

            La última palabra del Señor en su trono de madera, en la cruz del escándalo, en el árbol levantado al cielo es: “Todo está terminado”.

            Jesús, obediente al Padre, ha cumplido con creces la misión recibida, ha completado con su vida la misión recibida, se ha vaciado por completo.

            Todo está terminado. La sangre ha sellado el pacto, ha regado la tierra y ha fecundado la semilla del nuevo amor.

            Todo está terminado. La deuda pagada, Satanás vencido, el nuevo templo inaugurado.

            Todo está terminado. El reloj de Dios marca una nueva hora, la del perdón.

            Todo está terminado y sin embargo todo está por hacer.

            Porque la luz viene a los hombres y muchos la rechazan.

            Porque el amor viene a los hombres y muchos no lo entienden.

            Porque el perdón viene a los hombres y muchos no lo acogen.

            Donde no hay luz, donde no reina el amor, donde no se celebra el perdón surge el Viernes Santo: violencia, odio, sangre y muerte. ¡Y cuánto hay de esto en nuestro mundo!

            En el Viernes Santo de Jesús la tierra tembló, el velo del templo se rasgó, la oscuridad cubrió la tierra. Eran los dolores del parto de la tierra nueva y los cielos nuevos. Era la alegría de la misión cumplida. Era el comienzo de la vida en el Espíritu.

            Nosotros estamos llamados a vivir el Viernes Santo de Jesús y completar su obra de redención y perdón. Mientras alguien sufra injustamente como Jesús será Viernes Santo.

            Todo está terminado pero Jesús no está terminado. Jesús no está secuestrado, desaparecido o muerto.

            Todo está terminado pero Jesús sigue actuando, salvando y perdonando a través de su iglesia, de sus hijos y de todos sus seguidores.

            Todo está terminado. Sí, en una cruz, pero una cruz que tiene su cara gloriosa: la gloria del Padre, el sueño de Dios.

            Todo está terminado pero el sueño hermoso de Jesús continúa vivo. Los grandes sueños no mueren nunca. Y nosotros alimentamos día a día, en la eucaristía, en la palabra, en los hermanos y en la oración, el sueño de Jesús. No queremos que muera este sueño. Estamos empeñados en hacerlo verdad cada día, cargando con nuestras cruces, ayudando a los hermanos a llevar la cruz y aliviando el Viernes Santo de nuestro mundo.

            Tú y yo, terminada esta celebración del Viernes Santo volvemos a nuestras cosas y a nuestras casas. Y somos invitados a mirar al que crucificaron y a llevar nuestra cruz y a salvarnos en ella y con ella y a compartir la agonía de Cristo que sufre hasta el final de los tiempos.

            Por eso decimos: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven; Señor Jesús.

            Jesús te dice: Ánimo. Yo he vencido la muerte. Ten paz. Yo voy contigo. Te ofrezco lo que tengo: mi perdón y mi amor. Y mi sueño es que los multipliques en tu mundo.

            Yo, de pequeño, no tuve un sueño. Dios me soñó un día y me soñó todos los días de mi vida. Y yo me iba convirtiendo día a día al sueño de Dios, con las turbulencias de Dios, con las alegrías de Dios y con sus sorpresas: la sorpresa de la cruz y la sorpresa de la resurrección.

            Déjate soñar por Dios y serás feliz hasta en sus sorpresas.

 Vigilia Pascual: Dios no está conforme con este mundo

23 de Abril: Mt. 28, 1-10

             Lo acabamos de escuchar en el Evangelio. Es la mejor noticia que podíamos recibir los hombres y las mujeres de esta sociedad nuestra, tan desilusionada, enfrentada, violenta e injusta.

             Hermanos, Cristo ha Resucitado para nuestra salvación, ahora sabemos que Dios es incapaz de defraudar las esperanzas de quienes le invocan como Padre. Dios es Alguien con fuerza para vencer la muerte y resucitar todo lo que puede quedar muerto.

             Ahora sabemos que Dios es Alguien que no está conforme con este mundo injusto, en el que los hombres somos capaces de crucificar, incluso al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Dios es Alguien, hermanos, empeñado en salvarnos por encima de todo, incluso, por encima de la muerte.

             Mirad, con Jesús Resucitado, ni el mal, ni la injusticia, ni la muerte tienen ya la última palabra. Con Jesús Resucitado, la vida no es un enigma sin meta ni salida. Porque, conocemos ya, de alguna manera, el final.

             No olvidemos: Hoy la fe nos dice que, a esta vida crucificada, vivida con el espíritu de Jesús, sólo le espera la resurrección. Por eso, nuestra perspectiva, nuestro horizonte es sugestivo, tiene futuro: Todos aquellos que luchemos por ser cada día más humanos, un día lo seremos. Todos aquellos que trabajemos por construir un mundo más habitable y justo, un día lo conoceremos. Todos los que, de alguna manera hayamos creído en Cristo y hayamos vivido con su espíritu, un día lo gozaremos, sabremos lo que es VIVIR, con mayúsculas.

             Escuchad bien lo que el mismo Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?” (Jn 11, 25). Esta es la pregunta que hoy nos hace el mismo Jesús.

            Ahí, precisamente en tu respuesta, te juegas el sentido de tu vida y la esperanza de tu muerte. ¿Nos lo pensamos en un momento de silencio?

 Domingo de Pascua: creer en la vida

24 de Abril: Jn. 20, 1-9

             La alegría que cantan las campanas, los aleluyas que resuenen en el templo son signos claros del gozo nuevo de este día bendito de Pascua. Nos somos cristianos por el hecho de creer en el pecado, en la cruz, en el sufrimiento y en la muerte; somos cristianos porque creemos en el perdón, en la alegría, en la liberación, en la resurrección, en la Vida. El corazón de nuestra fe es una esperanza de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.

            Pascua es la experiencia de que no estamos en el mundo como encerrados en un sepulcro, de que nos han liberado de la losa que reducía la existencia a oscuridad y esclavitud. Pascua es luz, gozo, vida nueva.

            Para muchos la cuestión difícil no está en saber si tienen fe en la resurrección, sino en saber si sienten deseo de resucitar y si tienen ganas de vivir. Lo esencial no es resucitar dentro de diez, de veinte o de cincuenta años, sino vivir ahora como resucitados. Pascua significa que podemos resucitar, que podemos experimentar una vida nueva. El cristiano no cree en la vida futura, sino en la vida eterna, que ha comenzado ya, que se vive desde ahora.

            Para que la Pascua sea una realidad plena se debe aceptar la muerte de esa zona de la propia alma en la que se está demasiado vivo: intereses, temores, tristezas, egoísmos. Y hay que resucitar en esa zona en la que estamos demasiado muertos: resucitar a la fe, a la esperanza, al perdón, al amor, a la paz, a la alegría. La comunión pascual es no absolutizar el pan de esta vida, para poder saborear el pan de la otra vida, pan de justicia, de sinceridad, de entrega, de fraternidad. No hay que celebrar solamente la resurrección que aconteció hace dos mil años, sino hay que intentar que la Pascua sea fiesta actual en la resurrección de los cristianos, que atestiguan ante el mundo que es posible morir y resucitar.

            La gran prueba que Cristo ha resucitado, de que Cristo vive, es que su amor vive, que hay personas y comunidades que viven de su vida y que aman con su amor.

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