BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Ayudas interesadas: del paternalismo al acompañamiento

Posted by antenamisionera en agosto 3, 2012

Por P. José Martín Ruiz, Misionero de la Consolata

Para combatir la dependencia en las ayudas enviadas a los países en vía de desarrollo con frecuencia se recurre al dicho: “mejor enseñarle a pescar que  darle  un pez”, pero qué podríamos decir frente al paternalismo del que cree que “sabe pescar” en cualquier ambiente y circunstancia, y quiere imponer su método a toda costa, aún cuando repetidamente se muestra inútil y no produce los resultados esperados.

Desde julio de 1944 cuando más de 700 delegados de 44 países se reúnen en Bretton Woods decididos a poner las bases de un sistema financiero y monetario global se han sucedido diversas etapas en relación  a la solidaridad internacional:

–       La era del Plan Marshall en los años 1950 y siguientes, sugiere un buen arranque que se puede exportar a otros lugares.

–       La década de la industrialización a partir del 1960 requiere en gran medida las materias primas de los países colonizados.

–       Las ayudas contra la pobreza desde el 1970. La independencia de nuevas naciones no disminuye su dependencia económica frente a los poderes coloniales. Las inversiones de capitales en estos países se considera crucial para su desarrollo económico. De las inversiones en infraestructuras se pasa a proyectos de agricultura, educación, sanidad…

–       La ayuda como herramienta de estabilidad y ajustes estructurales en los 1980… Los gobiernos reciben ayudas como premio por abrazar el libre mercado, que tiende a minimizar el papel del estado a favor de la privatización, de ahí la necesidad de liberalizar el comercio y de reducir los servicios públicos.

–       La ayuda para favorecer la democracia y el buen gobierno en 1990… La democracia se considera la llave del éxito del desarrollo, y la urgente necesidad de la cancelación de la deuda de los países pobres para potenciar las posibilidades de sus gobiernos, seleccionando estos países.

–       Aumentando las ayudas se eliminará la pobreza en los años 2000… El informe del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas, enero 2005, cree que no son los malos gobiernos los culpables de la pobreza, si existen malos gobiernos es por  falta de recursos económicos. En julio del 2005 la G8 duplica la ayuda concedida a África.

Dice la economista Dambisa Moyo, en su libro “Ayuda Muerta”, que los miles y miles de millones de dólares destinados para el desarrollo en África  han producido más pobres y han sido un estorbo para el desarrollo de estos países.

Cuando una empresa quiere comercializar un producto realiza en primer lugar un estudio de las necesidades del mercado para ajustar su producto a los posibles clientes. En el proceso descrito los pobres no cuentan, nadie les pregunta cuáles son sus necesidades o cómo podrían satisfacerlas mejor, y en realidad, en el mejor de los casos, reciben algo que no satisface sus urgentes llamadas.

La alarmante situación de 25,000 personas que mueren de hambre cada día, según el informe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, no se debe sólo a la indiferencia hacia la pobreza, sino también a la falta de efectividad de los que quieren resolver esta situación con buena voluntad pero confiando demasiado en sus propios planes, que ven las personas como un número más de la ingeniería financiera. Si la economía rehuye las soluciones que vienen de los pobres, aquellos para los cuales el desarrollo es más necesario, se hace incapaz de resolver los problemas más candentes del mundo actual.

El Evangelio (Lc  24,13-35) nos muestra a Jesús que acompaña a dos discípulos en su camino hacia el pueblo de Emaús. Jesús no les indica hacia dónde deben ir, ni cómo realizar su viaje, simplemente los acompaña y les explica el porqué de lo que estaba ocurriendo. Reconocieron que era Jesús cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se le lo fue dando.

En 1967 Pablo VI escribe: “Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de él” (Populorum Progressio n. 77), y  Benedicto XVI, en 2009,  añade: “La subsidiariedad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiariedad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista… La solidaridad sin la subsidiariedad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado… En efecto, sigue siendo verdad que el recurso humano es el más valioso de los países en vías de desarrollo: éste es el auténtico capital que se ha de potenciar para asegurar a los países más pobres un futuro verdaderamente autónomo” (Caritas in Veritate nn. 57 y 58).

Se puede pensar en:

–       Dar más apoyo a los estudiantes pobres para que no interrumpan sus estudios, y puedan contribuir a nuevas vías de desarrollo.

–       Incentivar a los campesinos para mejorar sus cosechas, creando estructuras de apoyo para acceder a semillas y fertilizantes,  para conservar sus cosechas y poder venderlas a un precio mejor.

–       Estimular mejores condiciones en la alimentación, la higiene,  la vivienda,  la salud, y la educación.

Se impone cada vez más una mayor atención a las características culturales que condicionan y orientan el desarrollo. Dice Benedicto XVI: “Los programas de desarrollo, para poder adaptarse a las situaciones concretas, han de ser flexibles; y las personas que se beneficien deben implicarse directamente en su planificación y convertirse en protagonistas de su realización. También es necesario aplicar criterios de progresión y acompañamiento – incluido el seguimiento de los resultados -, porque no hay recetas universalmente válidas… La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo económico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto” (Caritas in Veritate n. 47).

Dejando de lado el protagonismo y la imposición podemos crecer en el acercamiento, en la escucha, el diálogo, y el encuentro. El acompañamiento requiere crear unas relaciones de confianza, afecto, y aprecio mutuo, cualidades que no suelen ser automáticas, sino que requieren tiempo y esfuerzo. La inversión en recursos humanos es necesaria no sólo en la promoción de la gente local, sino que se hace  aún más ardua cuando se trata de preparar agentes de cooperación capaces de caminar al ritmo del otro, buscadores de soluciones en los propios contextos, atentos y respetuosos con las diferencias culturales, flexibles y dispuestos a intentar caminos nuevos cuando los resultados no son los esperados.

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