BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La dinámica de la misión: diversidad y comunión

Posted by antenamisionera en agosto 27, 2012

P. José Martín

 Escribe San Pablo a los cristianos de Corinto: “Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres, y todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1Cor 12.12-13).

El anuncio del Evangelio requiere la comprensión de las sociedades humanas a las cuales este mensaje se dirige. A este conocimiento contribuye el concepto de “cultura”, creado  como un instrumento válido para el análisis social. 

 “Cultura” viene de la palabra latina “colere” que significa por una parte “el acto de cultivar” y por otra “el cultivo, lo ya cultivado”, por lo tanto expresa una acción y al mismo tiempo una concreción humana a la que ya se ha llegado.

 El antropólogo Edward Tylor (Primitive Society. 1871) dice: “La cultura o civilización es un complejo conjunto que abarca el saber, las creencias, el arte, la ética, las leyes, las costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad”.

 Al abrir los ojos a la diversidad de razas y pueblos descubrimos un pluralismo de culturas con un dinamismo propio, no cerradas en sí mismas sino abiertas las unas a las otras. Será necesario avanzar en el camino del conocimiento de los rasgos típicos de cada cultura para favorecer  su desarrollo, el enriquecimiento mutuo y el encuentro entre las culturas y los pueblos.

 La fe cristiana se basa en un Dios Trinidad, uno y diverso en sí mismo, fuente de bondad, que crea al hombre y a la mujer a su propia imagen (Gn 1,26), y les da la capacidad de ordenar su vida hacia unos fines que correspondan a  la bondad de la imagen a la que han sido creados. La persona humana creada a imagen de Dios,  salvada y enriquecida con la participación en la vida divina,  por medio de Jesucristo, vive en la vida del Espíritu, como depositaria del amor y de la bondad de Dios mismo.

 La salvación por medio de Jesucristo se convierte en don y gracia para toda la humanidad, El hecho de que el Espíritu de Dios esté ya presente en todo hombre y en toda cultura hace que exista ya un sedimento de bondad que facilita y predispone a la cultura y al individuo a la recepción del Evangelio y los ayuda a su mejora y crecimiento.

 Para que este don de Dios fructifique se requiere una adhesión libre por parte de la persona y una acogida desde la fe. La persona se hace dócil al Espíritu, acepta su acción y guía, e inicia un proceso de conformidad a Cristo y al Reinado de Dios que él anuncia.

 Se inicia el camino de la inculturación de la fe, es la evangelización no sólo de las personas sino también de las culturas, en un proceso continuo de transformación y perfeccionamiento.

 Dada la diversidad de las características culturales, de la complejidad de cada contexto social, y la historia particular de cada persona, en esta relación hombre-Dios, evangelio y sociedad, comunidad cristiana y entorno social, cristiano comprometido y realidades familiares, de trabajo… surgen caminos diversos de vivir la fe cristiana en las iglesias locales, en las comunidades cristianas, y en las personas concretas. Es lo que se ha llamado en los documentos de la Iglesia “expresiones externas” (EN 62), “experiencias cristianas” “experiencias específicas” (Juan Pablo II) y en otros documentos “expresiones particulares” e incluso “rostros diversos”. Estas “experiencias específicas” tienen su propio desarrollo en la oración litúrgica (culto y celebraciones religiosas…), en la reflexión teológica, en la organización eclesial, en el compromiso cristiano en la sociedad.

 Benedicto XVI observa el derecho y la capacidad de la fe cristiana para comunicarse a otras culturas para acogerlas en sí y para transferirse a ellas, y se plantea algunos interrogantes: ¿cómo la fe única se comporta con respecto a la pluralidad de las culturas? ¿cómo en esa pluralidad de culturas es posible una universalidad real, sin que una cultura se presente como la única válida y llegue a oprimir a las demás?

 La imagen del mosaico de Marco Rupnik. Marco Rupnik es el autor del mosaico que recubre la capilla del Santísimo en la Catedral de la Almudena, en Madrid, entre otras muchas obras artísticas. En este mosaico compuesto de miles de trozos diversos en forma, color… cada uno puede ser la expresión de una cultura diferente. En el gran mosaico de la humanidad todos encuentran su sitio y se ajustan entre si a la perfección, formando en su conjunto algo armónico y bello, capaz de recomponer y dar vida a los misterios de Dios en los pasajes de la Biblia,  y en particular del Evangelio. En este gran mosaico encontramos la belleza y la armonía, como un paso previo hacia un encuentro y una comunión mayor.

 La imagen de dos enamorados de culturas diferentes. Entre estas dos personas de procedencias diversas surge un acontecimiento nuevo. Este acontecimiento es el amor que nace entre ellos y que va más allá, trasciende, sus propias diferencias pero no las elimina. Este acontecimiento del amor crea comunión y unidad. Podemos recordar como las celebraciones de acontecimientos sociales o deportivos aúnan a los que de ellos participan.

 La fe cristiana nos anuncia “un acontecimiento” que transforma la historia de la humanidad “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5). El Padre de toda bondad que manifiesta su amor a la humanidad en la vida, muerte, y resurrección de Jesús,  derrama su Espíritu de amor en el corazón de cada persona humana.

 La resurrección de Jesús nos indica que hay una posibilidad para traspasar los aparentes límites humanos, y esa posibilidad es el amor que no acaba nunca porque es eterno. Lo diverso nos distingue del otro pero no nos aísla, ni nos limita, sencillamente nos invita a salir de lo “nuestro” para ir al encuentro.

Así adquirimos la capacidad de universalidad de poder adherirnos a rasgos culturales diversos y adoptarlos como expresiones propias de nuestra fe, e incluso la posibilidad y apertura al diálogo incluso con personas de otras religiones,  o maneras de pensar.

 Así llegamos también a descubrir el camino realizado por el pueblo cristiano que es la Iglesia, que a lo largo de los siglos tiene un legado que transmitirnos, con unas expresiones de fe, fruto no de una cultura determinada, sino de un camino hacia la comunión y unidad guiado por el Espíritu.

 La misión que fluye de la fuente de bondad de Dios Trinidad, como el mismo amor humano, puede manifestarse en múltiples expresiones, que surgen de una misma fuente y conducen progresivamente a ese mismo fin.

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