BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Ponga una víctima en su vida…

Posted by antenamisionera en septiembre 10, 2012

Por Alberto Eisman

Mi compañero de blog, José Carlos Rodríguez, se explayaba en la última entrada acerca de las muchas excentricidades que se ven en el mundo de la cooperación, sobre todo por parte de oenegés que creen alzarse en las que más y mejor conocen lo que necesita la gente. Los ejemplos son innumerables y en algunos casos podrían ser candidatos perfectos para la “Antología del Disparate” versión cooperante

Les cuento el último episodio. Cualquier parecido con la realidad es desgraciadamente deliberado y fiel a cómo ocurrieron las cosas. Hace un par de años, un grupo de turistas centroeuropeos visitó esta parte del Norte de Uganda. Gracias a un paisano que tenían aquí pudieron salir de la ruta habitual de aeropuerto – hotel – mercados de artesanía – hotel – parque nacional – hotel – aeropuerto y vuelta… y se dedicaron con la inestimable ayuda de ese cooperante a conocer más profundamente la realidad del país y ver algunos proyectos e iniciativas sociales, posiblemente experiencias que muchos de los visitantes de este país no podrían tener. En varias de estas visitas, el grupo se encontró con algunas de las víctimas de la guerrilla del LRA (Ejército de Resistencia del Señor, en sus siglas inglesas); también supieron del triste destino de los miles de niños soldado que fueron un día arrancados de sus pueblos y fueron entrenados para ser despiadadas máquinas de matar (en el caso de los niños) o simples esclavas domésticas o sexuales (en el caso de las niñas).

Pues bien, a uno de estos turistas –llamémosle Mike- se le ocurrió la brillante idea de recopilar historias de estos niños soldados y publicar en su país un libro al respecto. Ya que el susodicho Mike era una persona muy ocupada, el método para hacer su libro y obtener los contenidos que quería era subcontratar a dos personas locales (un periodista y una estudiante universitaria) para que grabadora en mano hicieran entrevistas a chicos y chicas que en su día habían estado secuestrados en la selva y habían sido niños soldado o esclavas sexuales. Él se encargaría de editar las entrevistas, traducirlas a su lengua y organizar los contenidos.

A mí el método me pareció de lo más incongruente y con poca ética profesional. Encargaba a dos “negros” que le hicieran el trabajo de campo, él ni siquiera entraba en si las entrevistas habían tenido un enfoque respetuoso y delicado con el dolor o el trauma acumulado de las víctimas; él por su parte se limitaba a cortar y editar. En honor a la verdad debo decir que hasta ahora no he visto el libro ni sé cuál ha sido el resultado final, pero sé que ha sido publicado y conozco el título. Lo que me fastidia, es que una persona así aparezca en un libro como editor del mismo y se lleve los laureles de un trabajo cuando en realidad Mike no ha pasado ni siquiera una hora delante de un antiguo niño soldado, no ha visto sus lágrimas, sus tartamudeos cuando intentan relatar sus experiencias o los ojos perdidos y vacíos cuando llega el momento de contar un episodio que desgarra el corazón… de eso Mike no tiene ni pajolera idea, pero ya pontifica por ahí como conocedor del conflicto.

Para darle un colofón con más efecto a este sainete, Mike y el jefe de la editorial deciden dar más publicidad al libro organizando una gira de lecturas públicas del mismo y como hace falta algo de color traen a la estudiante universitaria que ayudó a recopilar las entrevistas. Ella, aunque ugandesa, nunca ha tenido nunca contacto alguno con la gente del LRA. Se limitaba a leer y a dar sus visiones de un conflicto que dejó de afectar a esta región cuando ella terminaba su educación secundaria. Me dicen que Mike inicialmente hizo gestiones para traer a otra chica, esta mutilada terriblemente por el LRA sin nariz ni orejas ni labios… pero alguien con algo más de criterio le paró los pies porque de eso al circo de la mujer barbuda había sólo un paso.

Un detalle más: mientras tenían lugar las lecturas, Mike aderezaba estos eventos con proyecciones de diapositivas de profesional factura hechas personalmente por él, las cuales – detalle insignificante y trivial donde los haya – no pertenecían ni siquiera al Norte de Uganda. El caso era lucirse y demostrar al personal qué bueno era Mike con el filtro, el diafragma y la velocidad de obturación. Me encontré con la chica cuando volvió de la gira y no pudo ocultar su decepción ya que cuando hizo algunos comentarios al hilo de los actos sociales, se dio cuenta que estos no eran bienvenidos por los organizadores de los mismos. Tampoco aceptó vestirse de la manera más folklórica que le pedía Mike. Retornó con la impresión de que se habían aprovechado de ella como si fuera un mono de feria.

Así acaba esta historia. Ni que decir tiene que no dudo de la buena intención del ínclito Mike, pero es difícil hacer las cosas de una manera tan chabacana y tan torticera. Pareciera como si a veces en vida necesitáramos unas cuantas víctimas de cuyos trágicos y atribulados destinos nos aprovechamos para poder obtener la atención que nuestro ego necesita.

Parece un cliché, pero es verdad que el hombre blanco se sale con la suya simplemente porque tiene en la mano los fondos para poder formar su chiringuito humanitario y, como sabe montárselo y mover los hilos adecuados, termina al final contándonos la emocionante historia de una dramática cacería de tigres en una selva que nunca pisaron sus pies. El espectáculo – aunque sea absurdo – continúa… ¡¡señores, pasen y vean!!

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