BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

El diálogo transformador

Posted by antenamisionera en octubre 16, 2012

Como afirmaba el brasileño Paulo Freire, todo diálogo que no conduzca a una transformación de la realidad, es vacío y alienante. La palabra verdadera es aquella capaz de transformar el mundo. La palabra inauténtica, con la que no se puede transformar la realidad es consecuencia de haberle quitado su dimensión activa. El diálogo se transforma en palabrería y mero verbalismo. Es una palabra hueca de la cual no se puede esperar la denuncia del mundo, dado que no hay denuncia verdadera sin compromiso de transformación, ni compromiso sin acción.

Condiciones del diálogo
Si decir la palabra verdadera, que es trabajo, que es acción, es transformar el mundo, decirla no es privilegio de algunos hombres, sino derecho de todos los hombres. Precisamente por esto nadie puede decir la palabra verdadera solo, o decirla para otros, es un acto de prescripción con el cual quita a los demás el derecho a decirla. Decir la palabra, referida al mundo que se ha de transformar, implica un encuentro de los hombres para esa transformación.

Estas son algunas condiciones que señala Freire para un diálogo auténtico:

 1. No hay diálogo si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres. El amor es un acto de valentía, nunca de temor; el amor es compromiso con los hombres. Donde quiera que exista un hombre oprimido, el acto de amor radica en comprometerse con su causa. La causa de su liberación.

Como acto de valentía, no puede ser identificado con un sentimentalismo ingenuo; como acto de libertad, no puede ser pretexto para la manipulación, sino que debe generar otros actos de libertad. Si no es así, no es amor.

2. No hay, por otro lado, diálogo si no hay humildad. ¿Cómo puedo dialogar, si la ignorancia la veo siempre en el otro y nunca en mí? ¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en los que no reconozco otros “yo”? ¿Cómo puedo dialogar, si me siento participante de un gueto de hombres puros, dueños de la verdad y del saber, para quien todos los que están fuera son “esa gente” o son “nativos inferiores”? ¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido por ella?

3. No hay diálogo si no existe una intensa fe en los hombres. Fe en su poder de hacer y rehacer. De crear y recrear. Fe en su vocación de ser más, que no es privilegio de algunos escogidos sino derecho de los hombres. La fe en los hombres es condición previa al diálogo.
Sin esa fe en los hombres, el diálogo es una farsa o, en el mejor de las hipótesis, se transforma en manipulación paternalista.

4. Al basarse en el amor, la humildad, la fe en los hombres, el diálogo se transforma en una relación horizontal en la que la confianza de un polo en el otro es una consecuencia obvia.
Un falso amor, una falsa humildad, una debilitada fe en los hombres no pueden generar confianza. La confianza implica el testimonio que un sujeto da al otro de sus intenciones reales y concretas. No puede existir si la palabra no coincide con los actos. Decir una cosa y hacer otra, no tomando la palabra en serio, no puede ser estímulo a la confianza.

5. Tampoco hay diálogo sin esperanza. La esperanza está en la raíz de la inconclusión de los hombres, a partir de la cual se mueven éstos en permanente búsqueda. La desesperanza es también una forma de silenciar, de negar el mundo, de huir de él.

Me muevo en la esperanza en la medida en que lucho y, si lucho con esperanza, espero. Si el diálogo es el encuentro de los hombres para ser más, éste no puede realizarse en la desesperanza. Si los sujetos del diálogo nada esperan de su quehacer, ya no puede haber diálogo. Su encuentro allí es vacío estéril. Es burocrático y fastidioso.

6. Finalmente no hay diálogo verdadero si no existe un pensar crítico que percibe la realidad y como algo estático. Se opone al pensar ingenuo que ve el tiempo histórico como un peso, como la estratificación de las adquisiciones y experiencias del pasado.

Para el pensar ingenuo lo importante es acomodarse a un presente normalizado y bien adaptado. Para el pensar crítico, lo importante es la permanente transformación de la realidad, con vistas a una permanente humanización de los hombres.

Amor al mundo y a los hombres, humildad, fe en los hombres, confianza, esperanza, pensar crítico, transformar la realidad: sin duda tenemos bastantes elementos como para revisar el diálogo evangelizador de la Iglesia, como el diálogo de nuestra vida cotidiana a cualquier nivel.

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