BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Costa de Marfil: Un viaje largo y fecundo

Posted by antenamisionera en enero 23, 2013

Por Manuel GrauM. Grau 1.2
Desde hace un mes me encuentro en la ciudad de Korhogo, para hacer un curso intensivo de lengua Senoufo. La semana pasada viajé de Korhogo a Dianra. Era la víspera de la fiesta de Tabasqui, una de las más señaladas del calendario musulmán. Me habían dicho que la camioneta que hace diariamente este trayecto saldría antes del mediodía y que estuviera en la parada antes de las nueve de la mañana. Así lo hice, puntual, para esperar la salida del vehículo hasta las cinco de la tarde.
Pasé prácticamente todo el día en la estación. Como era la víspera de Tabasqui, el clima comercial es parecido al “Shopping” de nuestras vísperas de Navidad, solo que en versión local: comida y bebida de todas clases, pollos, cabritos, ovejas, vestidos y toda clase de baratijas. Me paso varias horas mirando los puestos de venta, esperando la salida de mi camioneta. Procuro hablar lo que puedo en lengua local con vendedores y clientes haciendo ejercicio con lo poco que se. Me acerco a un vendedor de pollos. Se asombra de que sepa hablar su lengua: “¡Tú conoces de verdad el senoufo!” Le respondo que solo un poco pero no me cree. Me dice que los pollos los vende para hacer sacrificios a los espíritus y obtener así toda clase de deseos: conquistar a una mujer, asegurarse la salud, la buena suerte o el éxito en un negocio. Los sacrificios a los espíritus, según él, son una “receta mágica”. Pero, como ve que llevo una cruz al cuello, me dice: “Veo que eres cristiano, la verdad es que donde esté la Biblia, los sacrificios de pollos no tienen nada que hacer…Escuchar la lectura de la Biblia da paz al corazón. Yo lo he experimentado, pero me falta valor para dar el paso y hacerme cristiano” Yo le respondo que Dios le va a dar la fuerza para ello mientras para mí pienso: “¡No estás lejos del Reino de Dios!”. Casi sin darnos cuenta y mezclando francés y senoufo entablamos un diálogo sobre religión y sobre otras muchas cosas. Mi interlocutor llama a otros vendedores vecinos. Les quiere mostrar, como caso raro, un “blanco que habla nuestra lengua”. Prometo pasar otro día para continuar nuestra charla y sacar alguna foto.M. Grau 2.1
Vuelvo a la parada de la camioneta que debe todavía llegar. Es mediodía y el calor es sofocante. Quiero saber, impaciente, cuándo salimos. Encuentro una mujer con dos niños pequeños, otra mujer embarazada, un señor mayor con su cabrito para la fiesta y también una mujer de Dianra, musulmana, que es beneficiaria de nuestro proyecto de microcrédito. Con todos intento hablar como puedo y también, como podemos, nos entendemos, mezclando todo con un poco de francés. A nuestro lado, unos jóvenes postrados en tierra invocan a Allah, llaman mi atención por su seriedad y devoción en medio del caos existente.
Finalmente llega el vehículo en el que vamos a viajar. Pasan casi dos horas para cargar y descargar mercancías y para colocar a los pasajeros. Entran como veinte personas donde yo había contado catorce plazas. En el portaequipajes, sacos, cajas, maletas y cinco cabritos además de los dos ayudantes del chófer. A mí me ofrecen el asiento del copiloto, detalle que de verdad agradezco.

Salimos a las cinco de la tarde. A menos de dos Km. el embrague del vehículo se rompe, las marchas no entran. Una hora sentados en la cuneta y empieza a hacerse de noche. Al final la avería parece arreglada. Apenas reemprendemos la marcha, un joven musulmán pide al chófer que pare porque él tiene que “hacer sus oraciones”. Ahora sí que el ambiente empieza a caldearse. La gente protesta, yo escucho y no digo nada por aquello del respeto y para no complicar las cosas. Se entabla una fuerte discusión entre el joven que quiere rezar y otro señor un poco más adulto, que después entendí que era también musulmán. Este último empieza a gritarle al otro: “¿Qué os creéis los islamistas, que esto es el Malí? ¡Aquí no os queremos, marchaos y dejadnos vivir en paz!” La mayoría le da la razón y el chófer no para el vehículo. Los problemas del Islam han llegado hasta aquí. Estamos solo a unos cien Km. de Malí.
Seguimos el viaje, es ya de noche cerrada. En cada pueblo, carga y descarga, gente que sube y baja, discusiones sin fin con el chófer de quien admiro verdaderamente la paciencia. Viajamos ahora por una pista imposible, en medio de la sabana. Hacia la mitad del camino, una rueda pinchada. Son las diez de la noche, media hora para cambiar la rueda. Por suerte hay una hermosa luna llena. La gente no se inmuta, todo esto entra dentro de la normalidad de un viaje en los medios públicos por estos lugares. En el pueblo siguiente paramos casi una hora para reparar la rueda….Ya sólo faltan cuarenta Km. Atravesamos varios torrentes que inundan el camino, Art.3.3estamos al final de la estación de las lluvias. El agua entra en el coche y nos moja los pies. Finalmente llegamos a Dianra pasada la una de la madrugada. Mañana, a las ocho “en punto” de la mañana, palabra del chófer, la camioneta regresa a Korhogo.

Yo necesito un día para recuperarme del cansancio. No es un viaje para repetirlo con frecuencia. Total son solo ciento treinta Km… Lo que cuento lo hago con respeto y simpatía por este pueblo que me acoge. Uno no puede evitar la crítica a un sistema de transporte caótico y desorganizado, con vehículos que funcionan de milagro y por pistas impracticables. Al mismo tiempo, no puedo dejar de admirar la capacidad de encontrar siempre una solución a todo o a casi todo, y de mantener la calma, pase lo que pase. En esta larga jornada he aprendido más que en muchas semanas. He practicado la lengua y he reflexionado bastante. Me he sentido a la vez extranjero, huésped y amigo en este país lleno de vida y de contrastes. « Mon Père, ça va aller…Dieu est grand! » Decía nuestro chófer, ante mi mirada de asombro, cada vez que surgía un nuevo inconveniente.

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