BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Una comunidad nueva nace en la Pascua

Posted by antenamisionera en abril 4, 2013

Domingo 2º de Pascua  – 7 de Abril de 2013

Evangelio: Jn 20, 19-31. Santo Tomas apostol

La Pascua no es solamente el renacimiento de Cristo del seno de la muerte; es también el nacimiento de la comunidad cristiana, el surgir de un nuevo pueblo que se levanta desde la oscuridad de la desesperanza y de la opresión.

La primera línea del relato del evangelio de Juan es de por sí toda una historia. Era «el día primero de la semana», o sea el domingo de pascua, y los apóstoles se habían reunido a puertas cerradas, prisioneros del miedo. Dos elementos nos llaman la atención:

–Primero: Ha comenzado una nueva semana en la historia de la humanidad y estamos en su primer día: el día del Señor. Tal es el sentido del domingo: un día distinto de los demás porque significa el comienzo, el génesis de algo nuevo y distinto.

–Segundo: La tónica de esa gente es el miedo. Los apóstoles están aterrorizados por el espectro de la muerte. Y el miedo los tiene paralizados. Ahora forman un grupo que se han reunido para encerrarse y aislarse de los hombres. Es una comunidad cerrada: comunidad de muerte. En efecto: están unidos, pero por la muerte. Mutuamente se consuelan por el fracaso de sus ilusiones y esperanzas. Y miran su futuro: estar entre los hombres como si no estuvieran, no llamar la atención, no establecer relaciones con nadie. La comunidad es la tumba de todo aquello en lo que habían esperado.

Lo triste del caso es que muchas comunidades cristianas parecen seguir en esa misma postura. Viven sin alegría y sin esperanza; temen a la gente y se apartan de ella como de un peligro, como si no fuese el contacto y la relación con la gente la única manera de vivir la santidad de la pascua.

¿Y qué puede hacer una comunidad encerrada sino vegetar? Al poco tiempo muere en sus miembros el sentimiento, el afecto, las iniciativas, las expectativas, el deseo de cambiar y progresar. Están juntos pero no viven en comunidad. En efecto: ¿qué puede unir a un grupo de personas que ya no saben mirar hacia adelante? Solo las unen las cuatro paredes en que se han encerrado. Cuatro paredes -las paredes pueden ser reales o simbólicas- que les permiten llamarse “comunidad cristiana”. Sin embargo, no han descubierto que en el interior reina un gran vacío: el vacío de Cristo resucitado.

Entonces hace su entrada Jesús. Viene a llenar el vacío de la muerte y entra como un ladrón, a puertas cerradas. Pero no hay que temer: viene precisamente a abrir las puertas y ventanas cerradas de la casa que se dice suya.jesusytomas

Su saludo es todo un proyecto de vida: «Paz a vosotros.» El antiquísimo saludo semita que aún se conserva en Palestina, Shalom, ahora tiene un nuevo sentido: la paz de la vida debe suplantar a la paz de la muerte. La paz de la muerte es quietud, desconsuelo, miedo, ansiedad. «Descansa en paz», es el saludo final que damos a nuestros difuntos…

En cambio, la paz de la vida es la alegría de reconstruir nuestra existencia desde sus mismos cimientos. Es la paz del que se mueve, se inquieta y sale de sí mismo. Es la paz de la esperanza y de las puertas abiertas. Por eso dice el texto evangélico que «se llenaron de alegría al ver al Señor».

Así la Pascua, o sea la presencia de Cristo resucitado, hace nacer a la comunidad cristiana. Todos los cristianos decimos que creemos en Cristo resucitado… pero, ¿qué implica creer que Cristo está presente en la comunidad? Según el evangelio de hoy hay dos signos que delatan la presencia de Cristo: la paz y la alegría.

La figura de Tomás

Entra en escena el apóstol Tomás. Quizá sea él el mejor prototipo de un cristianismo anquilosado. Tomás ha estado ausente aquel domingo y su ausencia es significativa. Tal miedo le provocó la pasión y muerte de Jesús, que necesitó huir muy lejos de sus hermanos para vivir aislado y desentendido de todo.

«A los ocho días» volvió creyendo que «el asunto Jesús» se había terminado. Pero su sorpresa fue grande: ahora le dicen que está vivo y que ha visitado a los suyos. Su respuesta fue harto significativa: si no lo veo bien visto y si no palpo sus llagas, no creeré. Dos ideas se entrelazan en su respuesta:

Por un lado: que aún no comprende que ahora debe ver con ojos distintos. Jesús está en la comunidad, pero como si no estuviera. No está para hacer las cosas que los discípulos deben hacer, sino para empujarlos a la acción. Está como un «espíritu», es decir, como viento, soplo o aliento. Está como germen de vida y como fuerza para vencer la muerte.

Por otro lado, la cruz no aceptada le impide reconocer a Jesús. Tal parece ser el sentido del texto: al obligarlo Jesús a que palpe sus llagas y a que meta su dedo en los agujeros de los clavos, lo invita a no huir de la cruz sino a aceptarla y abrazarla; a meterse dentro de ella, pues quien no sigue a Jesús con la cruz, tampoco lo puede seguir en su Pascua. Fue justamente entonces cuando Tomás reconocióresucitado3 a Jesús como Señor y Dios. La comunidad cristiana confiesa a Jesús como a su verdadero conductor y guía. Pero, ¡atención!, ahora confiesa al Cristo total: el de la muerte y el de la resurrección.

Vivir en comunidad exige renuncias constantes, pues la alegría pascual es alegría del compromiso asumido. No es el fatuo vivir de quien está a solas gozando en su cobardía. Quien permanece en la comunidad es porque cree en la supremacía del amor sobre las demás fuerzas.

La presencia de Cristo resucitado, la fe en esa presencia, ha de manifestarse, sobre todo y en primer lugar, en una lucha denodada contra todas las formas de muerte que aún oprimen al hombre de hoy.

Si nuestra fe no llega a esto es porque aún pertenecemos a la comunidad de la muerte, aquella sobre la cual sólo resta colocar el epitafio: «Descanse en paz.» Que descanse en la paz de la historia un cristianismo que hoy no es capaz de «hacer signos y prodigios en medio del pueblo».

La Pascua nos llega como un desafío en un momento en que muchos dudan de la validez de nuestro cristianismo. Recoger ese desafío es comenzar a entender por qué Cristo ha resucitado y por qué se hace presente cada día en una comunidad adormecida por el hastío y la indiferencia

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