BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La misión como diálogo

Posted by antenamisionera en junio 5, 2014

 

Bernardo BaldeónEdi1

Mafalda, en una de las memorables viñetas de Quino decía: “es sorprendente lo mucho que ha avanzado la técnica, y deprime lo poco que han cambiado las actitudes”. Y en la Iglesia tenemos muchas actitudes que cambiar.

La evangelización, y por tanto la misión, pasan inevitablemente por el arte del diálogo.

Ninguna forma de difusión del pensamiento, ni los medios más avanzados y eficaces como internet, pueden substituir la conversación ni el diálogo. La palabra lleva en sí misma un misterio: el arte de “decir”, y más aún, de “decirse”.

En la Iglesia el diálogo no es una opción; es inevitable. Forma parte de su esencia. Lo dejó claro Pablo VI en la encíclica Ecclesiam suam (1964) donde abordó el tema de la relación entre Dios y el hombre en clave de comunicación. Por eso aseguró que el diálogo como realidad humana se sustenta, en última instancia, en la misma intención de Dios. Él tomó la iniciativa de ponerse en contacto con el ser humano para hablarle.

Hay algunas premisas necesarias para el diálogo, como señalaba Pablo VI:

– Que sea desde el inicio “desinteresado, objetivo y leal” y que excluya, en lo medida de lo posible, engaños y rivalidades.

– Que mire desde la perspectiva de los pobres, privilegie a los ofendidos, atienda en primer lugar al sufrimiento de los inocentes y trate de conocer la realidad desde la perspectiva de los que más han perdido.Edi2

– Que evite los “prejuicios”, o al menos que cada parte los reconozca en su interior. Así se podrán manejar con honestidad las razones que se esgrimen, porque estarán invariablemente condicionadas por aquellos.

Es bueno señalar también unos principios esenciales.

La esencia del diálogo y el “arte de conversar” la ha revelado Dios en su modo de relacionarse con la humanidad. Está llena de cariño, simpatía y bondad; excluye la condenación apriorística, la polémica ofensiva y habitual, la vanidad de la conversación inútil. Y busca continuamente el provecho del otro sin tratar de obtener inmediatamente la conversión del interlocutor. Algunos de sus rasgos principales son:

– Nace de la caridad. El amor desinteresado debe ser en todo momento el motor del diálogo.

– La gratuidad. Nuestros diálogos deberían ser sin límites y sin cálculos.

– En libertad. Sin obligar a nadie a cogerlo y usando solo la persuasión interior.

– Universal. Nadie puede quedar fuera de la ofertad del diálogo, especialmente aquellos a quienes tendemos a condenar.

El diálogo es esencial en la Iglesia, es el modo de ejercer la misión apostólica, comunicar la propia experiencia aceptando la diversidad de personas y circunstancias. De forma que el dialogo ha de estar marcado por:

– La claridad, porque el diálogo supone y exige que sea inteligible.

– La afabilidad. El diálogo no es, por esencia, ni hiriente y mucho menos ofensivo.

– La confianza. Es fundamental confiar tanto en el valor de la propia palabra como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor.

De ahí que en el diálogo evangelizador juegue un papel importante el “vaciamiento” que conlleva un gran silencio interior. Solo de este modo uno se habilita para escuchar, para abrirse a una nueva vía propuesta por el otro.

Y el “descenso” que supone descubrir la diversidad de caminos que conducen a la fe y cómo aun siendo estos diferentes, se pueden complementar.

Como Iglesia, empezando por los misioneros, nos queda aún mucho por aprender en el arte del diálogo.

 

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