BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Ébola

Posted by antenamisionera en septiembre 20, 2014

Por José Arreguiamadu0

¿Has visto las fotos de Amadu y de Hawaiu? Muertos sus padres por el virus del ébola, viven con su abuela, bendita abuela que carga con el peso y la gracia de la vida, como tantas abuelas, como tantas mujeres benditas.

Amadu tiene cuatro años y le gusta el fútbol, aunque es muy raro que en Sierra Leona puedan dar patadas a un balón de verdad. Hawaiu tiene tres años y le gusta bailar, y agita sus bracitos en cuanto Mami Kamara, su abuela, entona alguna canción, pues en Sierra Leona no han cesado de cantar.

Amadu sonríe con sonrisa de anciano sabio, una sonrisa que cautiva e inquieta, profundamente serena y crítica, mientras posa su brazo protector sobre el hombre de su hermana pequeña. Hawaiu no sonríe, sino que mira entre asustada e interrogativa, entre dulce y severa. En sus ojos se nos revela toda la luz y la pena del mundo. El mundo se llama África, por mucho que nos empeñemos en esquivar la mirada.

¿Quieres saber lo que pasa en el mundo? Mira a los ojos de Amadu y de Hawaiu. O mira con sus ojos y verás. Son huérfanos del ébola y de otras miserias peores. Sí, más terribles aún y mucho más mortíferas. Pues lo que más mata en África no es el ébola, por terrible que sea, sino la malaria, el sida y la tuberculosis, la neumonía y las diarreas. Y el hambre más que nada. ¿Y sabes qué es lo que más mata con ébola o sin ébola? Es la inacción o el cinismo de Europa y EEUU, enfrascados en sus cuentas económicas y sus estrategias geopolíticas, maniobrando para atraer hacia sí a Ucrania y clamando porque el este del país Amadu y Hawaiuprefiera irse con Rusia, apelando al derecho internacional solo cuando interesa, consintiendo la masacre y la destrucción de Palestina por Israel y apoyando golpes de Estado en Egipto, dubitantes entre bombardear al ejército sirio o al que lo combate, negociando con Irán contra la yihad islamista y su escalofriante califato medieval (financiado por cierto por Arabia Saudí, la mejor aliada árabe de EEUU), levantando vallas y muros con cuchillas y declarando ilegales a los inmigrantes cuando ya no interesan a la economía.  ¡Vergüenza! Y no digas que esto es demagogia.

Mira a Amadu y Hawaiu y repasa la historia, y deja que tu corazón se conmueva y se indigne, se indigne y se  mueva. Las miserias de África no tienen su origen en el río Ébola, afluente del Mongala, afluente del Congo, donde se descubrió el virus en 1976. El Congo, en el centro y el corazón de África, es espejo del mundo que estamos descreando. ¿Quién invadió el Congo y explotó sus inmensas riquezas de cobre, cobalto, manganeso y zinc, carbón, oro, diamantes y coltán, el coltán de nuestros móviles y ordenadores de última generación? ¿Quién ha hecho que ese país, uno de los más ricos del mundo en recursos, sea hoy el más pobre del mundo según el informe de la ONU de 2011? ¿Quién provoca o consiente las guerras que desde 1996 hasta hoy han hecho morir a 6 millones de personas por las armas o el hambre? Es la historia de Uganda, Gabón, Sudán, Guinea, Liberia, Sierra Leona… Es nuestra historia. ¿De qué les sirvieron nuestra religión, nuestro humanismo y nuestras declaraciones de derechos? ¿Sobre qué expolio erigimos nuestro estado de bienestar?

El ébola nos ha alarmado porque ciudadanos occidentales han resultado infectados. Y hemos corrido a repatriarlos y a huir, y alguna congregación religiosa lo ha hecho también (¿acaso no habían ido a África para entregar su vida?). Claro que nuestra vida vale más que la de todos los africanos juntos. ¿Qué hemos hecho en África y qué hacemos? ¿A qué fuimos y por qué nos vamos? Seguiremos probando nuestras vacunas en ellos y en ratones, para salvarlos, sí, pero tal vez ante todo para hacer negocio.

Amadu y Hawaiu todavía no saben todo esto, ni denuncian nuestra mentira y egoísmo colectivo, más mortal que el ébola. Un día, pronto, lo sabrán. Pero hoy, esas pupilas negras y brillantes, la luz y la tristeza de esos ojos nos revelan la bondad y la promesa de la Vida, a pesar del ébola, a pesar todo. Pero de nosotros depende que ellos puedan –que todos podamos– vivir, jugar y danzar.

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