BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La alegría: fuente de buenas noticias

Posted by antenamisionera en noviembre 22, 2014

Por Bernardo BaldeónPapa0

Cuenta la historia que allá por el siglo XVII salieron de un puerto de un país centroeuropeo un grupo de misioneros. Su destino era un rincón del mundo, donde vivían varias tribus indígenas que nada sabían del evangelio.

Su objetivo: evangelizar y convertir a aquellas “pobres” personas que habían quedado al margen no solo de la civilización, sino, según la mentalidad de la época, condenadas al infierno, porque quien moría sin ser bautizado iba de cabeza a las “calderas de Pedro Botero” – al infierno-. Es importante que tengamos en cuenta la mentalidad de la época para comprender la realidad.

Tras una larga travesía marina llegaron a tierras de aquellos indígenas, que por cierto no los recibieron con muestras de alegría.

Pasaron tiempo aprendiendo su lengua para poder anunciarles la religión y el evangelio que les llevaría a la salvación. Recordemos que la palabra “evangelio” significa “buena noticia”.

Pero poco caso les hicieron aquellos “primitivos”, que más bien se ponían en contra de quienes venían a cambiar sus creencias y tradiciones.

 

LA LÍNEA ENTRE “BUENA” NOTICIA Y “MALA” NOTICIAPapa2

Ellos no cejaron en su empeño. Y visto el poco éxito que tenían encontraron una triquiñuela. Cuando un indígena estaba muy enfermo, a punto de morir, con cierto disimulo le echaban agua sobre la cabeza, bautizándolo.

Lógicamente los indígenas se dieron cuenta y sacaron una conclusión aparentemente evidente: “estos blancos han venido a matarnos y cuando derraman agua sobre la cabeza de uno de los nuestros, se muere”.

Lo que para aquellos misioneros era una buena noticia, para los indígenas era una mala noticia, una noticia de vida se transformaba en noticia de muerte.

La solución que encontraron fue radical. Mataron a los  misioneros. Para ellos era simplemente un acto de legítima defensa de la propia vida.

La línea entre una noticia “buena” o “mala” es muy débil, y no depende solo de lo que se dice, sino de cómo se dice, y de si se respeta la cultura y los valores de quien escucha.

 

LA RELIGIÓN COMO “PESO”

El hecho –real- narrado anteriormente nos puede ayudar a comprender por qué aún hoy para mucha gente la religión siguen siendo un peso… peso de normas, leyes, prohibiciones… que impiden disfrutar de la vida. Por qué para mucha gente el anuncio del “Evangelio”, no tiene nada que ver con el anuncio de una buena noticia que produce alegría.

Seguimos pensando –en contra del pensar de Dios- que esta vida es un valle de lágrimas; y que cuanto más lloremos y suframos en esta vida más méritos tendremos para gozar de una futura vida.Papa1

Hay sufrimientos que nos hacen crecer, pero el sufrimiento como “monedas” que acumulamos para ser felices en un hipotético futuro, nada tiene que ver con la religión. La voluntad de Dios, manifestada en Jesús de Nazaret, es que sus hijos e hijas empiecen a ser felices ya ahora, en esta tierra. Dios no quiere ningún sufrimiento y Jesús luchó por quitar todo dolor de la vida de los hombres.

 

LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

Esta imagen de un Dios que quiere la felicidad de todo hombre y mujer, fue lo que llevó al Papa Francisco a escribir a finales de 2013 la exhortación apostólica “La alegría del Evangelio” (conocida por su título en latín: “Evangelii Gaudium”).

Un documento fácil de leer, cargado de esperanza y que intenta recuperar el real pensamiento de Dios acerca de cómo debe ser la vida de sus hijos, los hombres y mujeres de todos los tiempos.

En un mundo donde leer un diario o ver un telediario, dista poco de ser sometido a una tortura mediante noticias de muerte, violencia, desgracias… Francisco refuerza la idea de que la iglesia, los creyentes hemos de ser portadores de buenas noticias, y buenas noticias que generen alegría y gozo en la historia diaria de la humanidad, de cada pueblo, de cada persona.

El Papa no es ingenuo. Sabe que no es fácil transmitir hoy buenas noticias, sabe que es difícil generar alegría. No basta lo que se dice, es importante cómo se dice y desde dónde se dice.

Por ello Francisco retoma un tema que parecía que se iba olvidando: la opción preferencial de la Iglesia ha de ser la misma que la de Jesús: los pobres. Solo desde la opción por los pobres seremos portadores de buenas noticias, de alegría profunda en medio de nuestro mundo.

 

EL LUGAR DE LOS POBRES

Así lo dice claramente su documento cuando Francisco escribe:

El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo « se hizo pobre » (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del « sí » de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7); creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan. Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: « El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres » (Lc 4,18). A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: « ¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: « Tuve hambre y me disteis de comer », y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s).

                  Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga « su primera misericordia ». Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener « los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una « forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». Esta opción está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sentido de la fe, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. (E.G. 198-199).Papa3

 

EL CAMINO MISIONERO DE LA IGLESIA

Sin duda que estas palabras de Francisco han de marcar el camino y la vida de la Iglesia, en todos los aspectos, pero de una manera especial en el ámbito de la evangelización y de la misión.

Solo quien es capaz de recoger esa misteriosa sabiduría de Dios que se nos comunica a través de los hermanos más pobres podrá anunciar buenas noticias (el evangelio) y ser fuente de alegría en medio de tanta tristeza y dolor que siguen dominando nuestro mundo.

Todo ello implica un cambio profundo de mentalidad, de nuestra forma de entender a Dios, de nuestra forma de valorar y tratar a los demás, de los ideales, aspiraciones y valores que orientan nuestra existencia como personas y como creyentes.

Tenemos por delante un largo y complejo camino de conversión. El camino se hace más duro en el seno de una institución con XXI siglos de historia y tradiciones que se han ido acumulando. Y tras más de 2000 años debemos volver a los orígenes, a la “buena noticia” que anunciaba el hijo de un carpintero por los caminos de Galilea.

Debemos dejar de creernos dueños únicos de verdades absolutas. Aprender a caminar con los últimos. Aprender a aprender los más pobres… porque a través de ellos nos habla Dios. Ese Dios que “derriba del trono a los poderoso y enaltece a los humildes”, como decía María.

El camino no es fácil. El desafío es importante. Pero justamente eso es lo que hoy hace que misión vuelva a ser atrayente e ilusionante.

Pero siempre una misión al estilo de Jesús de Nazaret.

 

 

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