BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Jesús sigue entre los pobres

Posted by antenamisionera en diciembre 29, 2014

Santa María Madre de Dios – 1 de Enero de 2015

Evangelio: Lc 2, 16-21.Blog0

 

En este día, 1 de enero, se nos juntan varias cosas para celebrar: la Fiesta de Santa María Madre de Dios, el comienzo de un nuevo año y la Jornada de Oración por la Paz.

Sin duda la fiesta de María es la más importante para la Iglesia. Pero, como tantas veces la liturgia es desconcertante.

Lo primero que llama la atención es que para celebrar la fiesta de la Madre de Dios (nada menos que eso), la liturgia nos recuerda que Dios vino a este mundo en circunstancias, no solo humildes, sino vergonzosas. Nació en un “establo”. Y lo acompañaron unos “pastores”, que no eran vistos como “pobres”, sino como “ladrones” y “tramposos”, gente despreciable. Estaba prohibido comprarles lana, leche o cabritos.

Se sabe que para la gente del sigloI. El valor supremo no era el dinero, sino el honor. El Dios de Jesús se presenta en este mundo despojado de ambas cosas. El Dios de Jesús no aparece en el mundo revestido de poder y majestad. Ni puede ser representado por quienes van por la vida revestidos de poder y majestad. Los pobres que no encuentran posada (María, José), los tramposos Blog1despreciables (los pastores) son los que dan “gloria y alabanza” a Dios.

El nombre de Jesús significa “Dios nos salva. Y el sentido es claro: la salvación no está en el dinero, el poder y el honor. Está en aquello que el sistema desprecia: lo que representan María, José y los pastores. El dinero, el poder y el honor nos han metido en la crisis que brota de la codicia. La solución no estña en recomponer el sistema, sino en recuperar el Evangelio.

El mensaje del Papa para esta Jornada de Oración de la Paz tiene como lema: “No esclavos, sino hermanos”, y denuncia con crudeza las formas de esclavitud que siguen vigente hoy. Solo desde la libertad que nos hace reconocernos hermanos, podenos vivir en paz.

Es bueno que comencemos un nuevo año poniendo toda nuestra confianza en Dios. Creer en la fuerza del amor. Hemos de sentirnos llamados a llenar nuestro corazón de amor, no de violencia, ni de odio; de ternura, no de agresividad; de diálogo, no de cerrazón. Así podremos participar de verdad de la Navidad, que Cristo quiso que estuviera presidida por un cántico de paz.

Detengámonos algún momento en estos días en silencio y acerquémonos a Jesús Niño con la actitud orante y contemplativa de María y José, como dice Lucas: “María guardaba todas estas cosas en su corazón”, quizás lleguemos a comprender porqué el corazón de un creyente debe sentirse seguro y estar rebosante de alegría y paz en estos días de Navidad.

Y que recaiga sobre nosotros la antigua bendición de Aarón: “ El Señor nos bendida y nos proteja, ilumine su rostro sobre nosotros y nos conceda su favor. El Señor se fije en nosotros y nos conceda la paz”.

 

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