BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Situados al margen de la vida

Posted by antenamisionera en febrero 11, 2015

Domingo 6 T.O. B – 15 de Febrero de 2015

Evangelio: Mc 1, 40-45.6b0

 

A falta de hospitales, los afectados por enfermedades contagiosas eran separados del resto de la población y condenados a vivir fuera de las ciudades desde la más remota antigüedad.

El prototipo de enfermedad contagiosa, en la Biblia, es la lepra. La palabra hebrea con que se la designa es “sara’at” e indica también la mancha de moho en los vestidos y en las paredes de las casas, seguramente el salitre. La lepra se consideraba un castigo de Dios por los pecados que el paciente había cometido contra el prójimo, especialmente pecados de la lengua como la calumnia o la mentira.

Cuenta el evangelio de este domingo que un leproso se atrevió a acercarse a Jesús. Le suplicaba «de rodillas» porque deseaba ardientemente que Jesús le sacara de aquella situación espantosa en la que vivía. El leproso le decía a Jesús: «Si quieres, puedes limpiarme». Su fe le decía que Jesús podía hacer esas cosas tan extraordinarias. Entonces, Jesús sintió lástima, porque tenía buen corazón, y le tocó diciendo: «Quiero, queda limpio».

Sin duda quedó grabado en la memoria de todos los presentes el gesto de extender la mano y tocar a un leproso. Con ese gesto tan humano y su palabra poderosa, Jesús le curó. Sabemos bien que al curar a aquel hombre, otra vez le devolvía a la sociedad y a la vida. No es extraño que aquel leproso divulgara su curación con grandes ponderaciones, a pesar de la prohibición expresa de Jesús. Se sentía tan feliz que no podía guardar para él solo lo que acababa de ocurrirle. Era demasiado bonito para guardar el secreto.

Para nosotros, este gesto de Jesús contiene un mensaje hermoso. Sabemos que Jesús siempre estuvo cerca de los más despreciados. El evangelio cuenta muchas veces la atención que Jesús prestaba a enfermos, paralíticos, pecadores, leprosos, marginados, etc. Y es que para ellos también traía Jesús la buena noticia del amor de Dios. Con mucha frecuencia, esa pobre gente le rodeaba y le seguía a6b1 todos los sitios. El evangelio de este domingo dice que, desde ese día, Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo y que, aun así, acudían a él de todas partes. Y ello porque había demasiada gente en Israel que sufría y buscaba su salvación en Jesús. Jesús siempre sentía lástima y terminaba accediendo a lo que le suplicaban con tanta insistencia y tanta fe.

Ahora nosotros también vemos que nuestra sociedad margina a muchas personas. Por los márgenes de nuestra sociedad podemos encontrar a drogadictos, personas sin cultura, pobres, negros, emigrantes sin papeles, enfermos y otros muchos seres humanos que arrastran una vida llena de penalidades. No vivimos en un paraíso. A las puertas de nuestra sociedad rica llegan también multitud de seres humanos huyendo de una vida insoportable. Basta con poner los ojos en el mapa del mundo para ver el espectáculo terrible del hambre, las guerras, las epidemias, las violaciones de los derechos humanos, la explotación o la degradación de muchos hombres, mujeres y niños, condenados a vivir una vida indigna. Son como los nuevos leprosos de nuestro mundo.

Seguramente mucha gente no tendrá tiempo para pensar en estas cosas, porque está entretenida en una vida sin grandes sobresaltos o en sus pequeños problemas de gentes satisfechas. Pero los cristianos debemos tener una sensibilidad especial ante el sufrimiento de nuestros hermanos. Así lo hemos aprendido de Jesús.

Jesús había venido para hacer renacer la vida y la esperanza en todos aquellos a los que la sociedad había quitado las esperanzas de vida. Su decidida actitud le acarrearía el ser considerado persona “non grata” por todos los defensores del orden establecido, poder civil y religioso.

Así es la vida: quien toma partido contra un sistema que, en pro de una ley que beneficia a una élite de privilegiados, margina a las personas más necesitadas de atención, termina él mismo siendo marginado. Y si no, hagamos la prueba defendiendo con hechos contundentes y denuncias claras a los drogadictos, alcohólicos, mendigos, prostitutas, delincuentes, a esa larga lista de leprosos que hemos arrojado  entre todos de nuestra convivencia por miedo a contagiarnos. Es la sociedad quien los ha situado al margen de la vida…

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