BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Nadie es pastor de nadie, pero todos somos pastores de todos

Posted by antenamisionera en abril 22, 2015

Domingo 4º de Pascua  – 26 de Abril de 2015

 Evangelio: Jn 10, 11-18.

Por Bernardo Baldeónbuen-pastor-0

La lectura fragmentada de Evangelio que hacemos cada domingo, teniendo sus ventajas, corre el riesgo de llevarnos a interpretaciones que poco tienen que ver con el mensaje que el evangelista nos quiere transmitir.

Es lo que puede pasar con el texto de hoy. Lemos sólo los versículos intermedios del llamado relato de “Buen Pastor” que abarca casi todo el capítulo 10 del evangelio de San Juan.

Ante todo, habría que leer todo el texto, incluida la conclusión (versículos 19-21). Y leerlo a la luz del capítulo 9 que nos ayuda a comprender su verdadero sentido.

El capítulo 9 de San Juan relata la curación de un ciego de nacimiento por parte de Jesús.

El ciego que ha sido curado se presenta ante los fariseos y las autoridades judías. Éstos, conocedores y cumplidores de la ley, se creen los “pastores” del pueblo. Los demás, como ovejas, o mejor como “borregos”, deben seguir sus criterios. Ellos determinan cómo, cuándo y de qué manera Dios actúa. Por eso se sienten con autoridad para juzgar si lo que ha hecho Jesús con el ciego proviene de Dios o del demonio. Temen perder su situación de poder frente al pueblo, por ello se constituyen en los únicos intérpretes y “vicarios” de Dios.

Jesús reacciona frente a ellos: son los verdaderos ciegos; ciegos por su afán de poder que les impide ver el actuar de Dios.

  Nadie es pastor de nadiebuen-pastor-2

El capítulo 10 de San Juan nos presenta a Jesús como el “Buen Pastor”. La traducción no parece ser muy acertada. Más bien el texto habla del Pastor “único”, del Pastor “ideal”, del Pastor “por excelencia”.

No hay lugar para más pastores: “habrá un solo rebaño y un solo Pastor”.

Recordemos las palabras de Jesús que nosbuen-pastor-1 transmite Mateo: “Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: « En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.

Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Maestro”.

«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Maestro”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Jefes”, porque uno solo es vuestro Jefe: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor”. (Mt. 23 1-11).

Solo hay un Pastor que es Jesús

No deja de ser “curioso” que hoy la Iglesia celebre la Jornada de Oración por las Vocaciones Sacerdotales: como si obispos y sacerdotes pudieran ocupar el cargo de “pastor” (los estaríamos identificando con los fariseos del tiempo de Jesús). Igual que hemos definido la acción de la Iglesia como “acción pastoral”: destinada a dirigir, marcar caminos y normas; lo que nos lleva a veces a convertirnos en “jueces” de los criterios de Dios, como en el capítulo 9 de San Juan.

Mucho más acertado sería hablar de la “acción evangelizadora” de la Iglesia y de sus ministros (servidores).

 Todos somos pastores de todosbuen-pastor-1

Lo anterior no quita que sea cierta esta afirmación aparentemente contradictoria: “todos somos pastores de todos”.

¿En qué sentido?

Cada uno de nosotros somos responsables de los buen-pastor-2demás. No para que sean, piensen y actúen como nosotros. Tampoco para que recorran nuestros mismos caminos. Los caminos hacia Dios pueden ser muy distintos.

Jesús, el Pastor, da la vida por las ovejas. Somos pastores de los demás en la medida en que ponemos nuestra vida, nuestra existencia al servicio de los demás.

Estamos llamados a ser “pastores” mediante la entrega de nuestra vida cada día, en las pequeñas cosas, porque no pensamos en nosotros mismos sino que somos capaces de darla en las cosas sencillas, aquellas que suelen pasar desapercibidas… porque “el que pierde su vida la gana”.

Y un día, cuando nos presentemos ante el Padre de todos nos preguntará: “¿qué hiciste de tu hermano?”.

La gran diferencia está entre pretender ser dueños y jueces de los demás, o buscar ser servidores capaces de perder la vida por los demás.

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