BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La verdad liberadora es difícil de digerir

Posted by antenamisionera en julio 1, 2015

Domingo 14º TO,  5 de Julio de 2015

 Evangelio: Marcos 6, 1-614.1

Por Bernardo Baldeón

El mensaje de este domingo es claro, pero difícil de digerir. Aparentemente no debería así. Si alguien se acerca para ayudarnos a ser más libres, deberíamos alegrarnos. Es verdad que en muchos lugares el Evangelio es motivo de gozo y liberación. Pero entre nosotros suele suceder lo contrario.

Los cuatro relatos evangélicos nos hablan del fracaso y del rechazo que Jesús experimenta cuando va a su tierra natal a anunciar un mensaje liberador para sus paisanos.

 

 El conflicto del “poder” religioso

No solo pasaba entre las autoridades religiosas del pueblo de Israel en tiempos de Jesús. Se ha repetido y sigue estando presente en numerosas religiones a lo largo de la historia. Y tampoco nosotros nos libramos del todo.

Las religiones suelen decir: “Dios sabe lo que es bueno para el hombre, y el hombre debe seguir la voluntad de Dios”. Para quienes somos creyentes, el planteamiento es aceptable.

El problema surge cuando dentro de las religiones determinadas personas, normalmente un grupo cerrado y exclusivo, se otorgan a sí mismos el derecho de ser los únicos representantes de Dios, y se convierten en “grupo de poder” dentro de la estructura religiosa.

Una de las primeras reacciones instintivas de quienes ostentan algún tipo de poder es buscar los mecanismos para defenderlo. Se ven siempre amenazados.

Por eso, para el poder religioso es inaceptable que alguien diga cosas distintas de lo que ellos piensan y enseñan. La verdad es que, casi sin darse cuenta, le ponen una mordaza a Dios: ellos son la única voz autorizada de Dios, con derecho a meterse en todos los ámbitos de nuestra vida.14.2

Esa es la raíz de un comportamiento humano muy común en el ámbito religioso: aquellos que detentan el poder son los que determinan dónde y por quién Dios se puede revelar. Hay un deseo secreto en lo más hondo de la persona de “dominar” a Dios, de “marcar” a Dios caminos, de “dar órdenes a Dios”.

 

El carpintero, el hijo de María

Jesús vuelve a su pueblo para anunciar un mensaje de liberación. Todos reconocen que habla con sabiduría. ¿Pero cómo Dios va a hablar a través de una persona que conocemos tan bien? Desconfiaban porque lo conocían. En realidad lo conocían como el carpintero, el hijo de María.

Anunciar un mensaje de liberación implica decirnos qué cosas nos están esclavizando y nos impiden ser libres. Supone una crítica.

Si viene alguien desconocido y critica algunas cosas de nuestra forma de ser y actuar, quizás lo escuchemos. Desde afuera puede haber visto cosas de las que nosotros no nos damos cuenta.

Pero si nos critica alguien a quien creemos conocer bien y desde hace años… las cosas cambian. Nos cuesta aceptar lo que nos diga, aunque sean verdades evidentes, y casi siempre podemos sacar “algún trapo sucio” del que nos habla y eso basta para descalificar su crítica y rechazar su mensaje de liberación.

Si nosotros lo conocemos, él también nos conoce y, por ello, será quien pueda decirnos las verdades que nunca queremos oír, que nos molestan, porque pondrían en cuestión nuestra situación de poder.

Por eso dice Jesús “Nadie es profeta en su tierra”.

 

 El peligro de la novedad

A eso se añade que toda religiosidad siente miedo ante lo nuevo. Y Jesús enseñaba cosas nuevas.

La religión judía se había ido estructurando durante siglos, tenía una estructura sólida, bien formada y segura de sí misma. Aceptar novedades como las que 14.4planteaba Jesús ponía en cuestión todo un sistema perfectamente elaborado, donde los “buenos” tenían asegurado su premio y el resto, los “gentiles”, su condena.

Ya tenían a los dirigentes religiosos para enseñar la “recta doctrina” a un pueblo sumiso, y no podían admitir que apareciera alguien enseñando cosas distintas a lo que ellos decían.

Posiblemente Jesús ya contaba de antemano con ese rechazo por parte de las autoridades. Les había ocurrido a todos los profetas y él no iba a ser la excepción.

Quizás lo que no se esperaba Jesús es que el pueblo sencillo, aquellos que vivían sometidos a la esclavitud de una religiosidad que poco o nada tenía que ver con la voluntad del Padre, también lo rechazasen. Es rechazado por los sometidos a quienes trae un mensaje de liberación.

Habían hecho tan suya la idea de que la religión es sumisión ciega, de que esta vida es un “valle de lágrimas”, de que no tienen derecho a gozar la felicidad… que también ellos son incapaces de escuchar la Buena Noticia que les trae el hijo del carpintero. La Buena Noticia de la libertad, de la felicidad, del gozo.

Daban la razón a quienes dicen que “la religión es para los esclavos”, para aquellos que prefieren la “seguridad deshumanizante” al “riesgo de la libertad”.

No hay cristianismo sin libertad. No hay cristianismo sin felicidad. No hay cristianismo sin gozo. Aunque el dolor y el sufrimiento formen parte de nuestra vida, como formó parte de la vida de Jesús.

La Palabra de este domingo nos invita a revisar nuestra religiosidad, a vivir abiertos a lo nuevo. Sabiendo que estamos llamados a un gozo pleno que empezamos a construir hoy y aquí. Nos invita a la libertad.

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