BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

¿Qué decimos cuando decimos “Dios”?

Posted by antenamisionera en septiembre 10, 2015

Domingo 24 del Tiempo Ordinario – 13 de Septiembre de 2015

Evangelio: Mc 8, 27-35.24b2 (1)

 

En este del evangelio Marcos, Jesús llama a Pedro “Satanás” porque piensa como los hombres, no como Dios. ¡Pobre Pedro y pobres todos nosotros! Siempre tendemos a pensar como hombres, casi nunca pensamos como Dios quiere que pensemos. En este caso, Pedro y todos los judíos fervorosos de su tiempo pensaban que el Mesías iba a venir de un momento a otro, iba a expulsar a los romanos, y establecería definitivamente en Israel un Reino de Dios en el que no habría ya nunca más dominadores extranjeros, ni hambre, ni injusticia, ni dolor, ni muerte.

Este reino, a través de Israel, sería pronto un Reino universal, presidido por Dios, a través de su Mesías. Sería un Mesías triunfalista, dominador, líder absoluto, tanto en lo moral, como en lo social y en lo religioso. Este Mesías, pensaba Pedro, ya estaba entre ellos y se llamaba Jesús de Nazaret.

Así veía Pedro a su maestro y así quería que le vieran todos los que le seguían. ¿A qué venían ahora estas palabras de Jesús, hablando de padecimientos, de condenación, de muerte y de resurrección? Eran palabras incomprensibles y, además, claramente inoportunas, porque podían confundir y desanimar a más de uno de sus seguidores.

Él, Pedro, como representante de los otros discípulos, tenía la obligación de reprender, en este caso, al Maestro, para que no desanimase y confundiese a las multitudes que le seguían habitualmente entusiasmadas y esperanzadas.   El Mesías no debía hablar de dolores y padecimientos, sino del triunfo definitivo sobre el mal, de la inminente llegada de un Reino glorioso y triunfal.

En el fondo está la pregunta de qué está en nuestra cabeza cuando decimos la palabra “Dios”. El problema no es si alguien cree o no en Dios, sino en qué “dios” cree. Si a muchos que se consideran creyentes nos llevaría muchas sorpresas. Pero muchas más nos llevaríamos si preguntamos24b2 a quienes se definen como ateos en qué “dios” no creen.

Jesús le dice a Pedro que está hablando como representante de Satanás, no como Dios quiere que hable. Por eso, la pregunta que ahora debemos hacernos nosotros es ésta: ¿quién queremos que sea, hoy, para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Qué Jesús de Nazaret presentamos hoy nosotros, presenta la Iglesia, ante la sociedad en la que vivimos?

Presentamos preferentemente al Jesús triunfalista, al que hace milagros y expulsa demonios, al que multiplica los panes y amansa las aguas del lago, al que deben obedecer, en lo político y en lo religioso, todos los pueblos de la tierra, o hablamos, más bien, con humildad y fervor, del Jesús que nació y vivió como pobre, que luchó incansablemente contra la impiedad y contra la injusticia, que sufrió y murió por no acomodarse a las costumbres, pensamientos y mandamientos de los que tenían el poder político y religioso de su tiempo?

¿De qué Jesús hablamos y a qué Jesús seguimos nosotros y a qué Jesús queremos que siga hoy la sociedad en la que nosotros vivimos? Que cada uno responda como pueda a ésta o a parecidas preguntas.

En definitiva, ¿hablamos y pensamos también nosotros como hablaba Pedro, es decir, como hablan los hombres, como habla Satanás, o hablamos como hablaría Dios, es decir, como de hecho hablaba Jesús de Nazaret?

¿A qué Jesús representa y sigue hoy nuestra Iglesia, la Iglesia Católica, de la que nosotros queremos ser fieles hijos y miembros vivos del cuerpo de Cristo?

Eso pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. El apóstol Santiago nos dice en su carta que la única fe que salva es la fe que se demuestra en las obras. Y, cuando quiere escoger un ejemplo para que sepamos a qué tipo de obras se refiere, escoge el ejemplo de la caridad. Sus palabras son tan claras y concretas, que lo mejor que yo puedo hacer es copiarlas literalmente: “Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no le dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?”. Por lo que se ve, el apóstol Santiago tenía muy claro que la fe cristiana se manifiesta en el amor al prójimo.

Seguramente porque se lo había oído decir así muchas veces a su Maestro y no solo porque se lo había oído decir, sino, sobre todo, porque se lo había visto practicar continuamente.

 

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