BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Nadie es dueño de la verdad ni del bien

Posted by antenamisionera en septiembre 23, 2015

Domingo 26 del Tiempo Ordinario – 27 de Septiembre de 2015

Evangelio: Mc 9,38-43. 45. 47-48.D260

 

El apóstol Juan, con toda ingenuidad, le va a contar a Jesús, pensando que le habían prestado un servicio y que se lo iba a agradecer, que había encontrado a un exorcista que echaba los demonios en su nombre, y que ellos se lo habían prohibido: ¡A ver con qué derecho iba echar él el demonio en nombre de Jesús si no pertenecía a su grupo! Jesús rectifica y les dice: “No se lo volváis a impedir, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro”. Los apóstoles están afectados de un celo exclusivista, de estrechez de espíritu, de sectarismo intransigente e intentan monopolizar institucionalmente el carisma. En cambio, Jesús revela un espíritu abierto y generoso.

Seguimos teniendo la tentación de monopolizar el bien. En una parroquia se suministraban ayudas especiales en Navidad, se repartía ropa, alimentos, juguetes. Se le ocurrió a la Asociación de Vecinos hacer lo mismo. Los responsables de Cáritas de la Parroquia pusieron el grito en el cielo, porque “eso lo hemos hecho siempre nosotros y vienen a interferir nuestra acción. Eso es cosa nuestra”. Si buscamos el bien de las personas, ¡qué más da quien lo haga; lo decisivo es que se solucionen los problemas y se expulse la indigencia! Hemos de dar testimonio personal y colectivo de que lo que nos interesan son las personas,D263 no nuestro prestigio personal o colectivo.

Los heridos, los maltratados, los nuevos calvarios en los que están injustamente crucificados es el lugar donde nos hemos de encontrar todas las personas de buena voluntad sin diferencia de credos ni de filosofías. Como confesaba Ibn Arabí, “mi credo es el amor”. En esta fe hemos de coincidir todos.

 

El Espíritu no está enjaulado

Frente a la actitud de las sectas, que se arrogan el monopolio del bien y creen tener a Dios en exclusiva, la Iglesia de todos los tiempos, pero especialmente la del Concilio Vaticano II, resalta que el Espíritu sopla donde quiere y actúa en la sociedad; por eso, -afirma el Concilio- la Iglesia también tiene que aprender del mundo, de los avances humanitarios de la sociedad; ha de escudriñar los signos de los tiempos, verdadera voz del Señor (GS 44.2). El Espíritu actúa en las otras religiones, en toda persona de buena voluntad, aunque esté al margen de la fe. Dios no tiene santuarios especiales en los que únicamente realiza los milagros y atiende a los que los visitan. El mundo es el gran templo en el que Dios habita y actúa. Y en el corazón de cada persona. Y está en el centro de los hombres que se asocian para luchar por una sociedad mejor.D262

No hay una actitud que predisponga más en contra de la fe, de la Iglesia y de cualquier institución o persona, que la altanería sectaria: “Nosotros tenemos el monopolio del bien y de la verdad, con exclusión de todo mal. Y los demás detentan todo el mal sin mezcla de bien alguno”. Es de justicia reconocer el bien de los demás, sus aciertos, sus éxitos, su generosidad, sobre todo en el que está alejado de la fe, en el familiar, en el vecino, en las instituciones culturales o humanitarias.

Con frecuencia afloran en algunas personas y grupos un tanto cerrados de la Iglesia la descalificación y la crítica injusta. El reconocimiento sincero del bien del otro es condición imprescindible para el diálogo evangelizador, condición para que “los otros” presten oídos a nuestra propuesta evangélica. Los cristianos deberíamos valorar con gozo todos los logros humanos grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por efímeros que nos puedan parecer. La sociedad, azuzada por la prensa, divide entre “los suyos” y los “nuestros”, los buenos y los malos. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, “están a favor nuestro” si se esfuerzan por un mundo más humano.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. Él no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.

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