BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Bajarse del carrusel de la vida

Posted by antenamisionera en noviembre 23, 2015

Domingo 1º Adviento, 29 de Noviembre de 2015

 Evangelio: Lucas 21, 25-28.34-36.tiovivo

Por Bernardo Baldeón

Cuentan que en una tertulia en que intervenía Ortega y Gasset saltó el tema de lo que habían cambiado los contertulios en la última etapa de su vida. Cada uno ponía de relieve los cambios más significativos. Uno de los contertulios comentó: “Yo llevo prácticamente treinta años sin cambiar nada. Le he cogido el tranquillo a la vida, y ahí sigo”. “¿Cuántos años has cumplido?”, le pregunta Ortega y Gasset. “Tengo 64″. “No, le replica, tú no tienes 64 años, tú tienes 64 veces el mismo año”.

Con frecuencia nuestra vida se parece a un carrusel o un tiovivo: damos siempre vueltas en torno al mismo eje. Aparentemente avanzamos. En realidad estamos siempre en el mismo sitio.

Quien elige el carrusel como forma de existencia es un “muerto en vida”, o un permanente infante.

A la velocidad que se mueven las cosas en nuestro mundo, la vida es más parecida a un viaje en avión.

Pero imagínate que uno cree que ya ha logrado todo como persona y como cristiano. Podrá querer seguir creciendo aumentando sus bienes materiales. Pero sus convicciones como persona, su forma de afrontar la vida, de vivir la fe lo considera algo ya alcanzado.

Ha llegado el momento de no plantearse cosas nuevas que puedan complicar una forma ya “estable” de vivir.

¿Qué haría? Pisar el freno del avión. ¡Hasta aquí he llegado! Si eso fuera posible el avión caería en picado a tierra y su vida terminaría hecha pedacitos.

Es evidente. Pero muchas veces actuamos así. Y así nos va.

Por fortuna estamos en pleno vuelo. Y el comienzo del adviento es una invitación a revisar si el rumbo y la velocidad a los que vivimos son los correctos para llegar a un aterrizaje feliz o si debemos hacer algunos cambios.

Al iniciar un nuevo año litúrgico permíteme compartir estas reflexiones de Santos Benetti:

Si siguiéramos a un hombre cualquiera 1adc2con una máquina filmadora durante toda su vida, y en una grabadora registráramos todas sus conversaciones y pensamientos, llegaríamos a conclusiones interesantísimas.

Lo veríamos como un ser capaz de hacer las cosas más inverosímiles y contradictorias, con toda clase de sentimientos y pasiones, actuando en miles de campos, desarrollando quién sabe cuántas profesiones y oficios.

Desde que nace hasta que muere, cualquier cosa puede pasar en su vida: escucha y lee, grita y se rebela, estudia y trabaja, ama y odia, lucha y se desalienta, se entrega a gestos heroicos y de pronto cae en actitudes villanas y cobardes.

Se encandila con el dinero, se ofusca con el poder, se entrega al placer; después encuentra una causa noble por la que combatir, y lo vemos transformado, distinto.

Se casa, cría hijos, establece un hogar. Se interesa por la política, se afilia y vota a sus líderes. Se hace masa en un estadio y vibra ante sus ídolos.

Canta y ríe, llora y se aísla. Parece descansar y no descansa; quiere acabar con todo y termina siendo uno más; hoy dice “basta” y mañana recomienza algo nuevo. Cuando todo le va bien, enferma o le engañan, sufre un desfalco o una misteriosa angustia le brota como una nube dentro del pecho. Cuando todo parece perdido, una mano salvadora se le extiende, y lo que ayer creía una montaña insalvable ahora le parece una simple piedra que supera de un salto.

De pronto se detiene y piensa; minutos después parece tragado por una máquina infernal que lo vapulea y tritura como un cascote. Joven, quiere ser adulto. Adulto, pretende alejar la ancianidad. Anciano, añora su infancia. Impotente, lucha como un torrente para desbordar ese abismo que pretende devorarlo para siempre…

Sin tiempo para nada, tiene tiempo para preguntarse qué hace y por qué lo hace; quién es él y quiénes son los demás; de dónde viene y adónde va.

Cada día una nueva pregunta, cada año un nuevo planteamiento. Mira hacia atrás y piensa: ¿Por qué hice todo eso? Mira adelante y grita: ¡Cuánto me queda por hacer!

Todo pasa delante de la filmadora, rápido y fugazmente: como un manojo de contradicciones, como un camino que busca una salida, como un fuego insaciable… ¿Por qué no se detiene? ¿Por qué no dice basta?

Es un hombre… Uno de tantos. Soy yo; es mi vecino.

Y dice: Quiero ser libre, quiero ser alguien. 1adc1Y por ser alguien es capaz de pisotear a su compañero, de mentir, de aplastar al que tiene menos… ¿Por qué?

Si está abajo, lucha por la justicia; cuando está arriba, defiende sus intereses. Todo lo ambiciona y nada lo sacia. Ama la vida y corre hacia la muerte.

Y más preguntas ¿Soy feliz? ¿Por qué el dolor? ¿Qué busco al fin y al cabo? Quizá esas preguntas se las hizo hace veinte años y hoy las vuelve a formular como si nunca  hubiera encontrado la respuesta…

Es que es un hombre… Es un misterio.

Es blanco o negro, rico o pobre, joven o anciano, varón o mujer. Es un individuo, es una familia, es un pueblo, es un mundo.

Y más allá de tantas cosas intrascendentes, de tantos detalles sin sentido, de tanto tiempo transcurrido, algo queda en claro: quiere vivir como hombre. Exactamente eso: vivir como hombre.

Él no quiere solamente durar como una piedra empujada desde una montaña, tampoco piensa únicamente en respirar hasta el último aliento; ni quiere ser como un árbol que depende totalmente del sol, de la tierra  y del agua. El hombre quiere dominar la tierra, el agua y el sol. Tampoco se resigna a vivir bajo el peso de las circunstancias.

Vivir es mucho más que eso. Es tener la fuerza en sí mismo para ser alguien y hacer  lo que quiere. No basta que los demás lo hagan por él. ¡No! Quiere hacerlo él. Él debe pensar, ver los pros y los contras. Decidir Él; solo él.

Pero se encuentra con enemigos y dificultades. Entonces piensa: La vida es una lucha, un duro combate, un drama. Y se defiende y ataca. ¡Hay que ver al hombre que se enfurece, que grita por sus derechos, que toma un arma! Si todo eso es necesario para vivir, lo hará, lo hará de cualquier forma, pero lo hará.

Es hombre, y nadie puede quitarle el derecho a vivir. No solamente a “no morir”, sino a vivir como hombre…

Pero, ¿qué significa vivir como hombre?

A primera vista le parece la pregunta más fácil y tonta del mundo: Si soy hombre, ¿cómo no voy a saber qué significa vivir como hombre?

Pero al preguntarle por segunda vez, ya duda y se queda pensativo.

“Si soy hombre…” Es que todavía no lo soy del todo; estoy tratando de serlo. Más bien procuro crecer como hombre. Y si estoy creciendo, es que todavía no lo soy del todo. Estoy tratando de ser hombre, me estoy haciendo hombre. Algún día espero pensar, hablar y actuar como autentico hombre. Pero ahora soy un hombre a medias y aún me falta mucho que andar.

Y vuelve a la segunda parte de la pregunta: “¿Qué significa vivir como hombre?”

Ahora sí que se vuelve pensativo, porque descubre que en su vida hace cosas de lo más contradictorias y opuestas. Entonces… ¿cuándo obra realmente como1adc3 hombre y cuándo no? Y se va dando ejemplos: hoy soy sincero y mañana miento; hoy me preocupa la justicia y mañana el dinero, hoy amo a mi prójimo y mañana lo exploto; hoy cobro un salario y mañana me despiden; hoy hago la paz y mañana declaro la guerra… Hoy-mañana…, hoy-mañana…

Así descubre que la vida es un camino. Un camino bastante mal trazado y oscuro. Un camino que se entrecruza con otros caminos, con otra gente que piensa de otra forma. Y todos “quieren vivir como hombres”, y, sin embargo, no se entienden. Todos hablan de sus derechos, de amigos y de enemigos. Todos quieren crecer. Y, a veces este hombre es obstáculo para que el otro crezca.

Entonces el hombre se detiene. Está entrando en el adviento. En su tiempo. Es el tiempo del hombre. Es el nacimiento del “Hijo del Hombre”.

Hoy iniciamos el año litúrgico, símbolo de la larga caminata del hombre sobre la tierra. El Evangelio, feliz noticia de Dios al hombre, nos señala con absoluta claridad el destino y la clave de este tiempo misterioso y contradictorio: es la búsqueda de nuestra identidad: simplemente “ser hombres”…

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