BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Lo que debemos dejar

Posted by antenamisionera en febrero 2, 2016

Domingo 5º TO, 7 de Febrero de 2016domingo5-0

Evangelio: Lucas 5, 1-11.

Es importante aclararse en este asunto: para seguir a Jesús, ¿qué es lo que hay que dejar? Durante mucho tiempo parecía que lo que había que abandonar era todo lo que hace agradable la vida: el amor, la fiesta, la familia. Pero así, además de hacer insopor­table la vida del ser humano, hemos presentado la imagen de un Dios sádico que se complace en el sufrimiento de sus criaturas.

 Noche de dura brega

… vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desem­barcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas… Se sentó y… se puso a enseñar a las multitudes. Cuando acabó dijo a Simón:

-Sácala adonde haya fondo y echad vuestras redes para pescar.

Simón le contestó:

-Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, fiado en tu palabra, echaré las redes.

La existencia del hombre siempre ha estado amenazada por la muerte. Y no sólo porque el hombre sea mortal por naturaleza, como mortal es un árbol o un pájaro, sino porque en este asunto el hombre ha ayudado generosamente a la naturaleza.        Hagamos un recuento superficial de las muertes que los hombres nos hemos ido inventando, día tras día, siglo tras siglo: la esclavitud, la guerra, la tortura, la explotación de los débiles, el imperialismo, el miedo a la crueldad de tantos dioses crueles, la pena de muerte, el hambre, las armas blancas, las armas de fuego, las armas convencionales, las armas nucleares, las armas químicas… La muerte una y otra vez repetida; la muerte… siempre sentida como cercana ame­naza. La vida humana queda así reducida a una larga noche de dura brega, luchando contra el viento y las olas de un mar adverso, y al final, cuando se hace el recuento…, ¡nada!

Pero eso no responde a la voluntad de Dios, a pesar de que siempre se ha metido a Dios en estos asuntos de muerte: diciendo que estaba del lado de los amos, colocándolo siempre como aliado de los vencedores -los que han matado con más eficacia- o atribuyéndole el origen de todos los males cuya causa está siempre mucho más cerca. Y eso pasaba inclu­so en el pueblo de Dios, en la nación que nació gracias a la intervención liberadora del Señor.

Por eso Dios decide intervenir para, defendiendo la vida del hombre, defender su propia dignidad, su gloria.

 Pescar hombres vivos

Así lo hicieron, y capturaron tal cantidad de peces, que reventaban las redes… Simón Pedro se postró a los pies de Jesús, diciendo:

-Apártate de mí, Señor, que soy un pecador…

Jesús dijo a Simón:

-No temas, desde ahora pescarás hombres vivos.domingo-5-1c

Lo primero que hace Jesús es presentar a los israelitas el proyecto de Dios, el mensaje de Dios, lo que poco antes había llamado el reino de Dios (Lc 4,43): una oferta definitiva de salvación; pero no sólo para la otra vida, sino para toda la vida, para todas las vidas, para todo lo que es vida.

En el mar, en el mismo escenario en el que se desarrollan la vida y la lucha por vencer, al menos un día más, a la muerte, allí reivindica Jesús la imagen de un Dios que es Padre bueno y que quiere ser conocido y aceptado como tal, como el que quiere con pasión a sus hijos, a los que, porque los ama, les ofrece su propia vida para que, amándose, se ayuden a vivir unos a otros.

Y después se pone a pescar con ellos. Es un trabajo duro, pero necesario, y que no tiene por qué terminar en la frustra­ción: «capturaron tal cantidad de peces, que reventaban las redes». Y a la vista del éxito, Jesús los invita a emprender otro trabajo: pescar hombres vivos para que sigan viviendo (y no como los peces).

La imagen que usa Jesús podríamos explicarla así: el mar es el ambiente duro y peligroso en el que el hombre debe sobrevivir; los peligros que el mar representa son las amenazas constantes a la vida, a la libertad, a la felicidad de los hombres. La tarea de Jesús y la de sus seguidores consiste en defender y salvar, en ese mar, la vida de los hombres: vida, y amor, y libertad, y felicidad…

Dejándolo todo

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Todo. Hay que estar dispuesto a dejar todo lo que estorba para ponerse a pescar hombres vivos; pero sería una grave contradicción tener que renunciar para ello a la vida.

Lo que hay que dejar sin más es todo lo que obstaculiza la tarea que queremos emprender, todo lo que es contrario al mundo que queremos construir: hay que romper con la injusticia, la ambición, el egoísmo, el ansia de poder, la com­plicidad con los sistemas y los poderes opresores… Hay que abandonar también los instrumentos que, como la vieja reli­gión, se han manifestado o resultan ya inútiles para el inmenso trabajo que hay que realizar. Hay que dejar atrás igualmente cualquier cosa que suponga la renuncia a la propia dignidad, cualquier realidad que constituya una esclavitud: las ideolo­gías dogmáticas, la intolerancia, los exclusivismos…

Y a veces habrá que abandonar alguna de las cosas buenas que nos ofrece la vida; las circunstancias irán indicando si, en cada caso, es necesaria una mayor renuncia. Pero, ¡aten­ción!, esto ya no sería una exigencia de Dios, sino la manifes­tación de lo mal organizado que está este mundo. Porque Jesús nos pide que estemos dispuestos a dejarlo todo -¡hasta la vida!-, pero no para perderlo todo, sino para que todos puedan gozar en plenitud de todo lo que es bueno.

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