BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

El pecado de la pobreza

Posted by antenamisionera en abril 26, 2016

Por Bernardo BaldeónPobreza

Ciertamente que el ser pobre no es un castigo de los “dioses”, ni un pecado, ni consecuencia de algún pecado como algunas religiones han enseñado a lo largo de la historia y, a veces, lo siguen haciendo.

Lo que sí es un pecado son los inhumanos sistemas económicos, políticos o sociales que se han convertido en verdaderas fábricas de crear pobres para su uso y provecho y luego desecharlos del sistema cual si fueran basura.

Recogemos en el último número de Antena Misionera unas palabras de San Antonio de Padua, dichas hace muchos años pero totalmente actuales. Desde el púlpito gritaba: “Ancho es el camino que lleva a la perdición. Pero no para los pobres de Cristo que entran por la vía estrecha, sino para los usureros de manos rapaces que se están convirtiendo en los amos del mundo. Y ¡qué casualidad! Son esas mismas manos, todavía manchadas de la sangre de los pobres, las que luego se tienden para dispensar limosnas”.

Hace mucho que asumimos como “normal” el que haya una doble o triple moral donde todo se puede justificar. Y en ese sentido, quienes formamos parte de la iglesia tampoco podemos lavarnos las manos.

El Dios en el que creía Jesús de Nazaret era el Dios que desde siempre defendió a los pobres, salió en su defensa, acompañaba a la gente desde situaciones de esclavitud a situaciones de libertad.

Como iglesia no hemos sido en muchas ocasiones fieles a ese Dios. Basta con leer cualquier libro sobre la historia de la iglesia.

Los misioneros, al igual que toda la iglesia, contamos con una larga lista de mártires que han dado y dan su vida por los más pobres. Pero también hemos sido partícipes de los pobreza-andina_912x564mismos pecados de la iglesia. Reconocer nuestros propios errores es el primer paso para poder hacer las cosas mejor, siendo más fieles y coherentes con aquello que creemos y decimos.

Jesús se hizo hombre para ser testigo de la misericordia y compasión de Dios. Por ahí iba el reino de Dios que anunciaba. Hizo pocos milagros, mostraba el deseo del Padre, pero no intentó terminar con el hambre, la violencia o la injusticia. Sabía que eso solo terminará cuando los hombres seamos capaces de desarrollar la capacidad de amor, de solidaridad, de sentirnos hermanos.

Por eso presentó el perdón como expresión máxima de amor. Y el perdón es la capacidad de empezar a reconstruir relaciones justas que se han roto. Es la capacidad de empezar a caminar juntos caminos nuevos, con nuevas actitudes.

Hay más gente de la pensamos que está comprometida por el bien del planeta y de la humanidad. Y con una actitud bondadosa y gratuita.

El clamor mundial por una sociedad más justa, más humana y más fraterna da cuenta del nacimiento de una nueva cultura universal: la solidaridad. Como todo nacimiento es difícil de ver para muchos, pero es un parto que grita cada día con más fuerza. Ser creyentes es ser “parteros” de esa nueva cultura.

Vemos cada día la división, la guerra, el hambre, el desplazamiento forzado, la indigencia, el empobrecimiento. La conciencia del sufrimiento debe crear en nosotros el compromiso por la solidaridad.

Quienes como misioneros hemos tenido que compartir en primera persona situaciones harto dolorosas… reconociendo nuestras limitaciones, os invitamos a caminar juntos hacia un mundo nuevo, más humano, más feliz para todos.

En nombre de los “últimos”, gracias por vuestra cercanía.

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