BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La importancia del perdón

Posted by antenamisionera en junio 8, 2016

Domingo 11º TO, 12 de Junio de 2016

Evangelio: Lucas 7, 36-50piedras

             Esta es la historia de dos amigos en el desierto. En un momento de enfado uno le dio una bofetada a su amigo. Éste dolorido pero sin decir palabra escribió en la arena:

HOY MI MEJOR AMIGO ME HA DADO UNA BOFETADA.

Continuaron caminando y llegaron a un oasis, y decidieron bañarse. El que había sido abofeteado estuvo a punto de ahogarse y su amigo lo salvó. Cuando se repuso escribió sobre una piedra:

HOY MI MEJOR AMIGO ME HA SALVADO LA VIDA.

El que había sido abofeteado y el que había sido salvado le preguntó a su amigo: ¿Por qué escribiste en la arena y ahora en la piedra?

El amigo le respondió: cuando alguien nos hiere, hay que escribir en la arena para que los vientos del perdón lo puedan borrar. Pero cuando alguien nos hace el bien debemos grabarlo en piedra, para que ningún viento lo pueda borrar y nos lo haga olvidar.

¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?

Todos, de mil maneras y de mil personas, somos deudores.

Estamos en deuda con quienes a lo largo de la vida tanto se sacrifican por nosotros, en deuda con la sociedad que nos protege, en deuda con nuestros maestros que nos inspiran, en deuda con la iglesia que nos reconcilia y alimenta, en deuda grande e impagable con Dios.

Pocas veces caemos en la cuenta y seguimos viviendo como si fuéramos autónomos, como si no necesitáramos de nadie.

El evangelio de Lucas de este domingo nos exhorta a reconocer nuestra actitud egoísta y a agradecer de corazón a Dios el perdón diario de nuestras deudas.

El fariseo, anfitrión de Jesús, satisfecho de sus bienes y de su perfección no tiene nada que agradecer, nada de qué arrepentirse, no tiene deudas. Solamente tiene su rectitud.

Yo no me veo reflejado en él. Supongo que ustedes tampoco.

La mujer pecadora busca a Jesús porque se siente abrumada por el peso de sus deudas, necesita pagarlas con las lágrimas, “con mucho amor”, al único que puede dejar su cuenta a cero.

Jesús siente compasión, que no lástima, sino cercanía, comprensión. Y cumple la misión para la que ha sido enviado por el Padre, perdonar, pagar su deuda.

Solo puede perdonar el que olvidándose de su perfección se pone en lugar del otro, se mete en sus zapatos y se identifica con él.

En el ejemplo de Jesús: “Un prestamista tenía dos deudores”… hay una nota de humor. Y es que el buen humor es la otra cara de la fe y del perdón.

¿Os imagináis un cristiano sin el don de la alegría?

Todas nuestras deudas canceladas y ¿no saltar de alegría y delirar diciendo tonterías?

La iglesia del perdón de Dios, debería ser la iglesia del buen humor y de la gran alegría.

No hay pozo tan hondo en el que Dios no pueda entrar.perdón

No hay perdón tan difícil que Dios no pueda conceder.

No hay herida tan grande que Dios no pueda sanar.

Al banquete de la hospitalidad acudimos los domingos todos los deudores a saldar cuentas con Dios. ¿Salimos perdonados? ¿Salimos alegres y ligeros de equipaje?

Sí, este Jesús, nuestro anfitrión, tiene poder para perdonarnos y nos invita a perdonar.

Jesús nos invita a no llevar cuenta de las ofensas y suprimir de nuestro corazón el deseo de venganza.

El perdón difícil no es el de los grandes titulares y escándalos de nuestro mundo: la guerra, la miseria, el calentamiento global, los abusos sexuales…sino el perdón en nuestras relaciones personales de la vida cotidiana, en el día a día.

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