BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

El Papa en la sede del PAM: “Que no nos deje dormir y nos haga soñar la lucha contra el hambre”

Posted by antenamisionera en junio 13, 2016

Por José M. Vidalsaludo-del-papa-al-pam

El Papa visita la sede del Programa mundial de Alimentos (PMA), organismo de la ONU con sede en Roma. Y, ante los delegados de la organización, pronuncia un vibrante discurso, en el que pide que la vountad política haga real el objetivo del ‘hambre cero’. Y para eso, solicita dos cosas: que se deje de “desnaturalizar el hambre” y que se “desburocratice” la lucha contra ella.

En la sede del PMA le recibe su presidente Ertharin Cousin, la presidenta del Consejo de Administración, Stephanie Hochstetter y, el observador vaticano permanente de la Santa Sede, el prelado español Fernando Chica.

Francisco saluda al staff de la organización y se detiene unos instantes ante el mural de la Memoria, que recuerda a los miembros de la organización muertos. Después, el Papa se reúne a solas con la cúpula de la organización. A continuación firma en el Libro de honor, se sienta, se pone las gafas y escribe, con su letra pequeña y menuda. Una dedicatoria desde el corazón. Larga. Contra el escándalo del hambre en el mundo.

Después, saluda a la gente por el pasillo. Una sacerdotisa luterana y un japonés que toca la flauta para él. Y pasa al auditorio, para un encuentro con la Asamblea del PAM.

Saludos de bienvenida: “Es un honor darle la bienvenida a nuestra Asamblea. Papa Francisco usted lleva en el corazón el sufrimiento de las personas que pasan hambre en el mundo”.

 

Algunas frases del discurso del Papa:

“Agradezco la invitación y sus palabras de bienvenida”

“Agradezco tantos esfuerzos y compromisos con una causa que no puede no interpelarnos: la lucha contra el hambre que padecen muchos de nuestros hermanos”

“He rezado ante el Muro de la memoria, testigo del sacrificio de los miembros de este organismo”

“Seguir luchando con el mismo ardor y por el tan ansiado objetivo de ‘hambre cero'”

“Esos nombres son un signo elocuente de que el PMA constituye un valioso instrumento de la comunidad internacional”

“La credibilidad de una institución no se basa en sus declaraciones, sino en las acciones realizadas por sus miembros. Se fundamente en sus testigos”

“La excesiva información va generando paulatinamente la naturalización de la miseria”.

“Poco a poco nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las consideramos algo natural”

“Vemos el dolor, pero no lo tocamos. Sentimos el llanto, pero no lo consolamos, vemos la sed, pero no la saciamos”

“Muchas vidas se vuelven parte de una noticia que, en poco tiempo, será cambiada por otra”

“Y, mientras cambian las noticias, el hambre y la sed no cambian”el-papa-ante-el-muro-de-la-memoria

“No podemos darnos por satisfechos con sólo conocer la situación de nuestros hermanos. Las estadísticas no sacian”

“Es necesario desnaturalizar la miseria y dejar de asumirla como un dato más de la realidad”

“Porque la miseria tiene rostro de niño, de familia, de jóvenes y ancianos”

“Tiene rostro de emigraciones forzadas y casas vacías o destruidas”

“No podemos naturalizar el hambre de tantos”

“Si situación no es fruto de un destino ciego frente al que nada podemos hacer”

“Cuando faltan los rostros y las historias, las vidas comienzan a convertirse en cifras y, así, paulatinamente, corremos el riesgo de burocratizar el dolor ajeno”

“Las burocracias mueven expedientes, la compasión se la juega por las personas”

“Trabajar para desnaturalizar y desburocratizar la miseria y el hambre de nuestros hermanos”

“Existiendo comida para todos, no todos pueden comer”

“El derroche está ante nuestros ojos”

“La falta de alimentos no es algo natural, no es un dato obvio ni evidente”

“Que hoy se sufra este flagelo se debe a una mercantilización de los alimentos”

“La tierra, maltratada y explotada nos sigue dando sustento”

“Un don con finalidad universal lo hemos convertido en privilegio de unos pocos”

“Hemos hecho los frutos de la tierra, ‘comodities’ para algunos”

“Desperdicio cotidiano de alimentos”pam

“El alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre y del hambriento”

“Desburocratizar el hambre”

“Hay temas que están burocratizadas y acciones, encajonadas”

“Inestabilidad mundial que vivimos. Las guerra y amenazas de conflictos es lo que predomina en nuestros debates”

“Las armas han alcanzado una preponderancia inusitada”

“Impide la distribución de alimentos en zonas de guerra”

“Mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por decisiones políticas, las armas, no”

“No importa la procedencia. Circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo”

“Son las guerras las que se nutren y no las personas”

“En algunos casos, la misma hambre se utiliza como arma de guerra”

“Dejamos que nuestra conciencia se anestesie y así la volvemos insensible, con palabras que la justifican…”

“La fuerza se convierte en nuestro único modo de actuar”

“Urgen desburocratizar todo aquello que impide que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos”

“Necesitamos verdaderos héroes capaces de abrir caminos y tender puentes”

“Se trata de que los Estados miembros incrementen decisivamente su real voluntad de cooperar en la lucha contra el hambre”

“Crean en lo que hacen. No se dejen vencer por el cansancio”

“Dénse el lujo de soñar. Necesitamos soñadores que impulsen estos proyectos”

“La Iglesia quiere trabajar con todas las iniciativas que luchen para salvaguardar la dignidad de las personas”

“Todo nuestro apoyo para conseguir el objetivo de hambre cero”

“Regla de oro para nuestros pueblos. UN pueblo se juega su futuro en la capacidad de asumir el hambre y la sed de sus hermanos”

“Y la humanidad, lo mismo”papa-saluda-a-sacerdotisa-en-el-pam

“Que no nos deje dormir y nos haga soñar la lucha contra el hambre”

“Que Dios omnipotente sostenga el trabajo de vuestras manos”

 

Tras las palabras del Papa, intercambio de regalos. Y el Papa, acompañado de los delegados, sale al Jardín de la Paz.

 

Texto completo del discurso del Papa

Señoras y Señores:

Agradezco a la Directora Ejecutiva, Señora Ertharin Cousin, la invitación que me cursó para que inaugurara la Sesión Anual 2016 de la Junta Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos, así como las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Asimismo mi saludo para la Embajadora Stephanie Hochstetter Skinner-Klée, Presidenta de esta importante asamblea, que congrega a los Representantes de diversos gobiernos llamados a emprender iniciativas concretas para la lucha contra el hambre. Y al saludar a todos ustedes aquí reunidos, agradezco tantos esfuerzos y compromisos con una causa que no puede no interpelarnos: la lucha contra el hambre que padecen muchos de nuestros hermanos.

Hace unos momentos he rezado ante el “Muro de la memoria”, testigo del sacrificio que realizaron los miembros de este Organismo, entregando su vida para que, incluso en medio de complejas vicisitudes, los hambrientos no carecieran de pan. Memoria que hemos de conservar para seguir luchando, con el mismo vigor, por el tan ansiado objetivo de “hambre cero”. Esos nombres grabados a la entrada de esta Casa son un signo elocuente de que el PAM, lejos de ser una estructura anónima y formal, constituye un valioso instrumento de la comunidad internacional para emprender actividades cada vez más vigorosas y eficaces.

La credibilidad de una Institución no se fundamenta en sus declaraciones, sino en las acciones realizadas por sus miembros.

Por vivir en un mundo interconectado e hípercomunicado, las distancias geográficas parecen achicarse. Tenemos la posibilidad de tomar contacto casi en simultáneo con lo que está aconteciendo en la otra parte del planeta. Por medio de las tecnologías de la comunicación, nos acercamos a tantas situaciones dolorosas que pueden ayudar (y han ayudado) a movilizar gestos de compasión y solidaridad. Aunque, paradójicamente hablando, esta aparente cercanía creada por la información, cada día parece agrietarse más. La excesiva información con la que contamos va generando paulatinamente la “naturalización” de la miseria. Es decir, poco a poco, nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las evaluamos como algo “natural”.

Son tantas las imágenes que nos invaden que vemos el dolor, pero no lo tocamos; sentimos el llanto, pero no lo consolamos; vemos la sed pero no la saciamos. De esta manera, muchas vidasel-papa-contra-el-hambre se vuelven parte de una noticia que en poco tiempo será cambiada por otra. Y mientras cambian las noticias, el dolor, el hambre y la sed no cambian, permanecen. Tal tendencia – o tentación – nos exige un paso más y, a su vez, revela el papel fundamental que Instituciones como la vuestra tiene para el escenario global. Hoy no podemos darnos por satisfechos con sólo conocer la situación de muchos hermanos nuestros. No basta elaborar largas reflexiones o sumergirnos en interminables discusiones sobre las mismas, repitiendo incesantemente tópicos ya por todos conocidos.

Es necesario “desnaturalizar” la miseria y dejar de asumirla como un dato más de la realidad. ¿Por qué? Porque la miseria tiene rostro. Tiene rostro de niño, tiene rostro de familia, tiene rostro de jóvenes y ancianos. Tiene rostro en la falta de posibilidades y de trabajo de muchas personas, tiene rostro de migraciones forzadas, casas vacías o destruidas. No podemos “naturalizar” el hambre de tantos; no nos está permitido decir que su situación es fruto de un destino ciego frente al que nada podemos hacer. Cuando la miseria deja de tener rostro, podemos caer en la tentación de empezar a hablar y discutir sobre “el hambre”, “la alimentación”, “la violencia” dejando de lado al sujeto concreto, real, que hoy sigue golpeando a nuestras puertas.

Cuando faltan los rostros y las historias, las vidas comienzan a convertirse en cifras, y así paulatinamente corremos el riesgo de burocratizar el dolor ajeno. Las burocracias mueven expedientes; la compasión, en cambio, se juega por las personas. Y creo que en esto tenemos mucho trabajo por realizar. Conjuntamente con todas las acciones que ya se realizan, es necesario trabajar para “desnaturalizar” y desburocratizar la miseria y el hambre de nuestros hermanos. Esto nos exige una intervención a distintas escalas y niveles donde sea colocado como objetivo de nuestros esfuerzos la persona concreta que sufre y tiene hambre, pero que también encierra un inmenso caudal de energías y potencialidades que debemos ayudar a concretar.

 

  1. “Desnaturalizar” la miseria

Cuando estuve en la FAO, con motivo de la II Conferencia Internacional sobre Nutrición, les decía que una de las incoherencias fuertes que estábamos invitados a asumir era el hecho de que existiendo comida para todos, «no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos» (Discurso a la Plenaria de la Conferencia [20 noviembre 2014], 3).

Dejémoslo claro, la falta de alimentos no es algo natural, no es un dato ni obvio, ni evidente. Que hoy en pleno siglo XXI muchas personas sufran este flagelo, se debe a una egoísta y mala distribución de recursos, a una “mercantilización” de los alimentos. La tierra, maltratada y explotada, en muchas partes del mundo nos sigue dando sus frutos, nos sigue brindando lo mejor de sí misma; los rostros hambrientos nos recuerdan que hemos desvirtuado sus fines. Un don, que tiene finalidad universal, lo hemos convertido en privilegio de unos pocos.

Hemos hecho de los frutos de la tierra – don para la humanidad – commodities de algunos, generando, de esta manera, exclusión. El consumismo – en el que nuestras sociedades se ven insertas – nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. Pero nos hará bien recordar que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre. Esta realidad nos pide reflexionar sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vehículo de solidaridad y de compartición con los más necesitados (cf. Catequesis [5 junio 2013]: L’O.R., ed. sem. en lengua española, 7 junio 2013, p. 12).

 

  1. Desburocratizar el hambrejapones-toca-la-flauta-para-el-papa-en-el-pam

Debemos decirlo con sinceridad: hay temas que están burocratizados. Hay acciones que están “encajonadas”. La inestabilidad mundial que vivimos es sabida por todos. Últimamente las guerras y las amenazas de conflictos es lo que predomina en nuestros intereses y debates. Y así, ante la diversa gama de conflictos existentes, parece que las armas han alcanzado una preponderancia inusitada, de tal forma que han arrinconado totalmente otras maneras de solucionar las cuestiones en pugna.

Esta preferencia está ya de tal modo radicada y asumida que impide la distribución de alimentos en las zonas de guerra, llegando incluso a la violación de los principios y directrices más básicos del derecho internacional, cuya vigencia se retrotrae a muchos siglos atrás. Nos encontramos así ante un extraño y paradójico fenómeno: mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no; no importa la proveniencia, circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo. Y de este modo, son las guerras las que se nutren y no las personas.

En algunos casos la misma hambre se utiliza como arma de guerra. Y las víctimas se multiplican, porque el número de la gente que muere de hambre y agotamiento se añade al de los combatientes que mueren en el campo de batalla y al de tantos civiles caídos en la contienda y en los atentados. Somos plenamente conscientes de ello, pero dejamos que nuestra conciencia se anestesie y así la volvemos insensible. De tal modo, la fuerza se convierte en nuestro único modo de actuar y el poder en el objetivo perentorio a alcanzar. Las poblaciones más débiles no sólo sufren los conflictos bélicos sino que, a su vez, ven frenados todo tipo de ayuda. Por esto urge desburocratizar todo aquello que impide que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos. En eso ustedes tienen un papel fundamental, ya que necesitamos verdaderos héroes capaces de abrir caminos, tender puentes, agilizar trámites que pongan el acento en el rostro del que sufre. A esta meta han de ir orientadas igualmente las iniciativas de la comunidad internacional.

No es cuestión de armonizar intereses que siguen encadenados a visiones nacionales centrípetas o a egoísmos inconfesables. Más bien se trata de que los Estados miembros incrementen decisivamente su real voluntad de cooperar con estos fines. Por esta razón, qué importante sería que la voluntad política de todos los países miembros consienta e incremente decisivamente su real voluntad de cooperar con el Programa Mundial de Alimentos para que este, no solamente pueda responder a las urgencias, sino que pueda realizar proyectos sólidamente consistentes y promover programas de desarrollo a largo plazo, según las peticiones de cada uno de los gobiernos y de acuerdo a las necesidades de los pueblos.

El Programa Mundial de Alimentos con su trayectoria y actividad demuestra que es posible coordinar conocimientos científicos, decisiones técnicas y acciones prácticas con esfuerzos destinados a recabar recursos y distribuirlos ecuánimemente, es decir, respetando las exigencias de quien los recibe y la voluntad del donante. Este método, en las áreas más deprimidas y pobres, puede y debe garantizar el adecuado desarrollo de las capacidades locales y eliminar paulatinamente la dependencia exterior, a la vez que consiente reducir la pérdida de alimentos, de modo que nada se desperdicie.

En una palabra, el PAM es un valioso ejemplo de cómo se puede trabajar en todo el mundo para erradicar el hambre a través de una mejor asignación de los recursos humanos y materiales, fortaleciendo la comunidad local. A este respecto, les animo a seguir adelante. No se dejen vencer por el cansancio, ni permitan que las dificultades los retraigan. Crean en lo que hacen y continúen poniendo entusiasmo en ello, que es la forma en que la semilla de la generosidad germine con fuerza.

La Iglesia Católica, fiel a su misión, quiere trabajar mancomunadamente con todas las iniciativas que luchen por salvaguardar la dignidad de las personas, especialmente de aquellas en las que están vulnerados sus derechos. Para hacer realidad esta urgente prioridad de “hambre cero”, les aseguro todo nuestro apoyo y respaldo a fin de favorecer todos los esfuerzos encaminados.

“Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”. En estas palabras se halla una de las máximas del cristianismo. Una expresión que, más allá de los credos y de las convicciones, podría ser ofrecida como regla de oro para nuestros pueblos. Un pueblo se juega su futuro en la capacidad que tenga para asumir el hambre y la sed de sus hermanos. En esta capacidad de socorrer al hambriento y al sediento podemos medir el pulso de nuestra humanidad. Por eso, deseo que la lucha para erradicar el hambre y la sed de nuestros hermanos y con nuestros hermanos siga interpelándonos, a fin de buscar creativamente soluciones de cambio y de transformación. Que Dios Omnipotente sostenga con su bendición el trabajo de vuestras manos. Muchas gracias.

 

 

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