BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Ser recibidos

Posted by antenamisionera en julio 13, 2016

 

16º Domingo del Tiempo Ordinario. 17 de Julio de 2016

 Evangelio: Lucas 10, 38-42.dom-16-0

Vivimos en un mundo nada hospitalario, en el que cualquier motivo nos parece bueno para levantar barreras entre nosotros.

El relato de la primera lectura del Génesis no necesita comentarios, rezuma humanidad, un exquisito espíritu de acogida, de hospitalidad…

En el Evangelio, Jesús, acepta gozoso la cálida hospitalidad de los amigos de Betania. Le reconforta compartir con ellos sentimientos y mesa…

Cuando practicamos la hospitalidad en la persona de aquellos a los que abrimos nuestros brazos y nuestra casa, acogemos al mismo Cristo…

La hospitalidad es una cualidad que nunca se aprende en los libros. Es una actitud interior que lleva a abrirse y a compartir las cosas… Pertenece al misterio de quien es verdaderamente hombre o mujer…

Para reencontrar la auténtica hospitalidad debemos observar a los pobres. Me decía una vez un misionero: en el norte de África, el pobre te invita a su mísera barraca hecha de barro, de palos y cartón y no cesa de repetir: ¡Mi casa es tu casa! Ven y bebe un poco de té. Ven a comer. Y, si se hace de noche, no te dejará marchar. Tendrás que quedarte a dormir. Para ti extenderá en el suelo sus mejores esteras, y Dios sabe dónde irá él a dormir. Después, cuando ese hombre venga a Europa o a España, encontrará en nuestras fronteras un cartel: ¡Prohibido la entrada a los africanos!…

Ser hospitalario significa ofrecer el corazón, la casa y lo que tengas…

“Haz de tu casa un lugar permanente de acogida, decía la Madre Teresa, haz de tu hogar un lugar de perdón y de paz. Invita a tu mesa. El espíritu resaltará más en la sencillez que en la abundancia de alimentos”.

Lo importante es el calor de la acogida y la exquisitez en la relación, no la abundancia de manjares ni lo lujoso y confortable de la casa. Esto es lo que parece tenía agitada a Marta que no quería que le faltara detalle al Maestro y a su grupo.

Pero el Maestro le viene a decir que ¡muy bien su16 preocupación, la buena voluntad con la que hace las tareas para tenerlo todo pronto!, pero que para él lo más importante es el encuentro, el gozo de la presencia de los amigos. Le dice a la hacendosa Marta que María, sentada a sus pies conversando con él, ha acertado con lo que a él más le gusta.

“Sabed que siempre que vengáis a Roma encontraréis un amigo que os espera con una habitación con la luz encendida y un pan fresco en la mesa” (dijo Juan XXIII a sus feligreses de Venecia cuando fue elegido Papa hace muchos años). Las formas, ciertamente, cambian, pero la hospitalidad seguirá siempre vigente.

“El pan compartido sabe mejor”, dice un proverbio. Lo mismo habría que decir de la comida compartida, que, aunque sea más escasa, sabe mejor, y las habitaciones, que aunque sean más incómodas son más reconfortantes…

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