BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La miopía y los prismáticos del revés

Posted by antenamisionera en agosto 3, 2016

Domingo 19 del Tiempo Ordinario – 7 de agosto de 2016

Lucas 12, 32-48.

 

Hay en el evangelio de hoy una llamada a la vigilancia que hemos de escuchar todos: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas…” “Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela…”. “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre…”

Estas frases del Evangelio no pretenden intimidarnos, de modo que vivamos obsesionados por la llegada imprevista de la muerte.

Hubo un tiempo en el que la predicación de la Iglesia abusó de este tema… Hoy por esa vieja ley de péndulo, hemos casi eliminado este tema de nuestras reflexiones y predicaciones…

Y hoy, el hombre moderno vive absolutamente despreocupado de esta realidad. Es más, muchas veces montamos la vida de espaldas a esta realidad. Sólo cuando la muerte nos toca en la persona de un familiar o de un ser cercano, se produce en nosotros un choque que desmonta nuestros esquemas y nos hace sentir la fragilidad y debilidad del ser humano…

O simplemente cuando la enfermedad nos visita, nos hace sentir la fragilidad de esta vida y de todo lo que la envuelve…

Entre la obsesión constante por la muerte y la despreocupación más completa está el camino intermedio que es al que pretende conduciros el evangelio…

Un día me moriré. Y pensar eso es bueno. Eso me ha de llevar a plantearme cómo estoy viviendo. ¿Cómo haría yo el proyecto de mi vida en el momento de la muerte? ¿Cómo me gustaría haber vivido el día de mi muerte?

¿Igual que estoy viviendo?…

¿Cuántas de las luchas, de nuestras aspiraciones, de nuestros deseos… parecen vanos en ese momento? ¿Cuántas de nuestras divisiones, de nuestros odios, rencores y razones… parecen absurdos e infantiles en este momento?

Se trata pues de cambiar de valores o de dar la vuelta a los prismáticos…

Porque en toda vida humana hay un momento en el que damos la vuelta a los prismáticos… Esa vuelta a los gemelos se produce cuando nos llega un gran dolor o cuando se descubre un gran amor… Los valores se invierten…

Una muchacha, contaba en una revista, cómo había dado ella la vuelta a los prismáticos: su padre estaba seriamente enfermo y todo cambió de color: “¡Cuántas cosas –decía- por las que antes luchaba y me angustiaba se me han vuelto fútiles e innecesarias! ¡Qué tontas me parecen algunas ilusiones sin las que me parecía que vivir sería imposible! ¡Cómo se vuelve todo de repente secundario y ya sólo cuenta la lucha por la vida y la felicidad de los seres que amas!”.

Es cierto: la gran enfermedad de los hombres es esa miopía cotidiana que nos empuja a equivocarnos de valores.

Yo me he preguntado muchas veces qué pediría a Dios si él me concediera un día un milagro. Y creo que suplicaría el ver, el ver las cosas como él las ve, desde la distancia de quien entiende todo, de quien conoce el porvenir y la auténtica dimensión de las cosas.

Si tuviera ese don, ¡qué distinta sería mi vida! ¡Cuánto más amaría y cuánto menos lugar habría dado a las apariencias! ¡Qué poco me habrían importado los éxitos y cuánto más las amistades!

Decía esta chica: “Ahora “gano” mis tardes haciendo crucigramas con mi padre. Soy feliz viéndole sonreír. A su lado no tengo prisas. Cada minuto de compañía se me vuelve sagrado. Y cuando a la noche regreso a mi casa “sin haber hecho nada” (sin haber hecho nada más que amar) me siento llena y feliz, mucho más que si hubiera ganado un pleito, construido una casa o acumulado un montón de dinero. Charlo con él. Charlamos de nada. Vivimos. Estamos juntos. Le quiero. Le veo feliz de tenerme a su lado. No hay premio mayor en este mundo. Sé que un día me arrepentiré de millones de cosas de mi vida. Pero que nunca me arrepentiré de estas horas “perdidas haciendo crucigramas a su lado”.

Esta chica tiene razón. Ha vuelto sus prismáticos. Ha vuelto sus prismáticos y de repente el cristal de aumento de su corazón le ha hecho descubrir lo que la mayoría de los seres humanos no llegan ni siquiera a vislumbrar. Y todo lo demás se ha vuelto pequeñito y lejano: secundario.

La vida de los hombres, la sonrisa de las personas, la alegría de un niño o un anciano, son mucho más importantes a los ojos de Dios… que todas las acciones del mundo…. Se trata por tanto de que a la luz del Evangelio trastoquemos nuestra escala de valores y vayamos conformándola un poco más de acuerdo con él…

 

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