BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

El materialismo de Papá Noel y la espiritualidad del Niño Jesús

Posted by antenamisionera en diciembre 27, 2016

Por Leonado Boffpapa-y-jesus

Un buen día, el Hijo de Dios quiso saber cómo andaban los niños y las niñas, a los que en otro tiempo, cuando estuvo entre nosotros, “tocaba y bendecía”, y de los había dicho: “dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el Reino de Dios” (Lucas 18, 15-16).

Como en los mitos antiguos, montó en un rayo celeste y llegó a la Tierra unas semanas antes de Navidad. Asumió la forma de un barrendero que limpiaba las calles. Así podía ver mejor a la gente que pasaba, las tiendas todas iluminadas y llenas de cosas envueltas para regalo y especialmente a sus hermanas y hermanos más pequeños que andaban por ahí, mal vestidos y muchos con hambre, pidiendo limosna. Se entristeció sobremanera porque se dio cuenta de que casi nadie seguía estas palabras que él había dicho: “quien recibe a uno de estos niños en mi nombre a mí me recibe” (Marcos 9,37).

Vio también que ya nadie hablaba del Niño Jesús que venía, escondido, en la noche de Navidad a traer regalos a todos los niños. Su lugar había sido ocupado por un vejete bonachón, vestido de rojo, con largas barbas y un saco a la espalda, que gritaba tontamente a todas horas: “Oh, Oh, Oh, Papá Noel está aquí”. Sí, en las calles y dentro de los grandes almacenes estaba él, abrazando a los niños y sacando de su saco regalos que los padres habían comprado y puesto dentro. Se dice que vino de lejos, de Finlandia, montado en un trineo tirado por renos. La gente había ido olvidando a otro viejito, este sí realmente bueno: San Nicolás. De familia rica, por Navidad hacía regalos a los niños pobres diciendo que era el Niño Jesús quien se los enviaba. De todo esto nadie hablaba. Sólo se hablaba de Papá Noel, inventado hace poco más de cien años.

Tan triste como ver a niños abandonados en las calles, era ver como se embobaban, seducidos por las luces y por el brillo de los regalos, de los juguetes y por mil cosas que los padres y madres suelen comprar paravirgen regalar con ocasión de la cena de Nochebuena.

Los reclamos publicitarios, muchos de ellos engañosos, se gritan en voz alta, suscitando el deseo de los pequeños que luego corren hacia sus padres pidiéndoles que les compren lo que han visto. El Niño Jesús, travestido de barrendero, se dio cuenta de que aquello que los ángeles cantaron de noche por los campos de Belén “os anuncio una alegría, que lo será también para todo el pueblo porque hoy os ha nacido un Salvador… Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a la gente de buena voluntad” (Lucas 2, 10-14) ya no significaba nada. El amor había sido sustituido por los objetos y la jovialidad de Dios, que se hizo niño, había desaparecido en nombre del placer de consumir.

Al revés de tomar un otro rayo de luz y volver a su mundo divino, al cielo, resolvió hacer algo más importante. Travestido de barrendero, se metió a caminar hasta llegar en el corazón de una villa miseria, de una favela como la llaman en Brasil. No era suficiente ver como andaba la situación de los pobres  en el mundo. Había de nuevo que encarnarse, como lo había hecho hace ya más de 2000 mil años en tierras de Palestina, para estar junto con los pobres, participar de su vida, sentir su dolor, ver como lloran de noche los niños y niñas por que tienen hambre y no hay nada para comer y también ver como sigue habiendo solidaridad y verdadera humanidad cuando unos ayudan a otros, se consuelan y reparten lo poco que tienen. Jesús se sentia unido a ellos como a sus hermanos y hermanas. No tenia como cambiar la situación, hacer algún milagro. El gran milagro era estar junto a ellos, no dejarlos solos y convivir con sus tristezas y también con sus discretas alegrías. Se metió por ahí en medio a la gente humilde y hambrienta, con el riesgo de que los nuevos Herodes lo podían agarrar y darle un destino triste como los niños de Belén que fueron degollados por el terrible rey de Judea.

Lo cierto es que se quedó anónimo en medio a sus “hermanos y hermanas menores” para que la pasión del pueblo pobre fuera también su pasión. Y sigue escondido en cada uno de estos condenados de la Tierra y renegados por el sistema que solo piensa en dinero y en consumo, olvidando las grandes mayorías que sufren. Pero vendrá un día,  feliz y papa-noelbienaventurado día, en que su Padre celestial que siempre escucha el grito del oprimido,  va intervenir, para derrocar los poderosos y elevar los humillados e instaurar una Casa Común para todos en la cual reina la paz, la alegría de estar juntos y de comer en la misma mesa como en una gran familia.

No sabremos cuando esto va a realizarse, pero estamos seguros, porque ello lo predicó y lo prometió. Esto va a ocurrir, no solamente por acción divina, sino con la colaboración fuerte de personas valientes de buena voluntad. Pero este es el proyecto del Padre, de un Reino de justicia para todos, empezando por los últimos, de paz perene, de alegría de estar en la misma gran Casa Común, la Madre Tierra bajo el arco iris de la gracia y de la jovialidad de Dios.

Hasta el final del mundo, mientras existan hermanos y hermanas  que sufren y no son reconocidos en su dignidad humana y que necesitan de liberación, él seguirá anónimo entre todos estos, animándolos para que no desesperen, para que siempre hagan alguna cosa buena unos a otros y sigan manteniendo la viva esperanza de que otro mundo es posible y necesario, porque este es el sentido último de la historia y también el designio del Creador. El se perdió en medio de toda esta gente para que esta llama sagrada de esperanza jamás se apague. El día vendrá y todo será nuevo y empezará la verdadera historia querida por Dios a sus hijos y hijas queridos.  Éste es el verdadero génesis que no está en el principio sino en el fin de la historia.

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