BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

“Yo he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar”

Posted by antenamisionera en abril 12, 2017

Domingo de Pascua – 16 de Abril de 2017

 Evangelio: Juan 20, 1-9.

                Jesús ha resucitado, es el saludo de alegría que nos trasmite hoy la liturgia con palabras del evangelio: María Magdalena tiene el valor de ser la única que está allí, donde era peligroso estar. Cuando los amigos de Jesús se han dispersado con miedo, esta mujer pasa la noche buscando a Jesús en el duelo de su muerte. María Magdalena ama, tiene esperanza.

Esta mujer a la que Jesús rescató del pecado, es hoy la mensajera, la enviada a anunciar que Jesús vive, ha resucitado. Jesús se manifiesta a ella, le comunica el gozo de su nueva presencia, de la nueva vida en Dios. Ella va asombrada, alegre a trasmitir la gran noticia a los apóstoles. María ha podido conversar con Él. Jesús vive presente entre nosotros.

Y los discípulos comienzan a participar de la mima experiencia profunda de que la muerte en la cruz no ha sido el fin del vivir de Jesús, de que el Padre ha querido que participe plenamente en la vida de Dios. Jesús, el hijo de María, es un hombre que vive en la gloria de Dios.

Ésta fue la experiencia pascual de sus discípulos, que Jesús al que han crucificado, el que ellos creían fracasado, no es algo acabado, sigue vivo, aunque su vida es diferente, está otra vez con ellos en sus vidas, en los mismos lugares que ellos vivían con Él. No hay lugar a la duda. Es Él, Jesús vivo en Dios y vivo entre nosotros.

Es también nuestra fe en la resurrección, Jesús vive con nosotros, vive en el interior de nuestra vida, camina con nosotros, nos enseña a ver la vida como Él la ve, con sus grandezas y calamidades, con sus heroísmos, miserias e injusticias, poniendo en nosotros una esperanza nueva.

Es nuestra experiencia pascual, nuestra fe en Jesús resucitado, que nos abre a la esperanza de participar con Él de su nueva vida a la que hoy le ha llamado su Padre, vivir también con Él plenamente nuestra vida en Dios.

El destino de Jesús ilumina nuestro destino. Su vida en plenitud en Dios ilumina nuestra vida, nos abre un nuevo ámbito, la vida con Dios, que significa que todos nuestros problemas, padecimientos, dolores, enfermedades, muerte, con los que nos enfrentamos no tienen la última palabra.

Nuestra fe es creer que el Dios que resucitó a Jesús, nos resucitará también a nosotros. Cada uno de nosotros podemos escuchar en la intimidad de nuestro ser las palabras luminosas que pone el Apocalipsis en boca de Jesús: “Yo he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar”.

Hoy podemos sentir de alguna manera, que ningún poder de ese mundo, nadie, ni nada podrá cerrar esa puerta abierta al encuentro con Dios con el que terminará esta vida nuestra, dejando nuestra condición mortal, seguros de la entrada en el mundo de paz y del amor de Dios.

Creer en Jesús resucitado es también creer que Jesús, lleno de fuerza y creatividad, impulsa la vida de la humanidad hacia su último destino, hacia la configuración del Reino de Dios. Es tener la experiencia personal de que hoy, aunque sigan en nuestro mundo la violencia, la crueldad, la pobreza y la injusticia, la última palabra la tiene el Resucitado, Señor de la vida y de la muerte, que vela por todos y espera que trabajemos por la justicia, la paz, la hermandad.

Él nos aseguró, que presente entre nosotros, nos escucha: “cuando hay dos o tres reunidos en mi nombre yo estoy con vosotros”, que nuestra oración no es un monólogo sin interlocutor, sino un diálogo con alguien, que junto a nosotros nos comprende y nos quiere en medio de las incomprensiones, de las tristezas, de las zozobras de esta vida y nos da la fuerza de su Espíritu.

Llevamos dentro de nuestro corazón la alegría de la resurrección, el espíritu del resucitado, y por eso hemos de enfrentarnos a tanta insensatez que arranca a las personas la dignidad, la alegría y la vida. Hemos de sentir y compartir las desgracias y penas de los que sufren, como las compartía Jesús y disponernos para participar y vivir en el Reino que Él nos ha preparado.

Por eso, la Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora, Él nos acompaña. Hemos sido creados por Dios para vivir como hermanos, para ser partícipes de su vida, para resucitar todos a la plenitud de su vida.

Vivamos así el gozo de la Pascua, unidos conscientemente a Jesús que impulsa nuestra vida hacia su plenitud. Jesús resucitado es nuestra esperanza, la esperanza que nos abre a nuestro destino más maravilloso, Él también espera nuestro compromiso, poner nuestra persona, nuestra vida como Él puso la suya por la realización de los ideales que Él vivió. Él es el Camino que seguimos. Es nuestro hermano. Vivamos así el gozo y la esperanza de la Pascua.

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