BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

No competimos en el mundo de las religiones

Posted by antenamisionera en mayo 11, 2017

Por Bernardo Baldeón

“El cristianismo no es una religión que esté llamada a competir con el resto de creencias para tener más adeptos”. Recuerdo que esta frase se la escuché a un ya viejo profesor de teología hace más de cuarenta años. Hace tiempo que él murió, pero su frase se me quedó grabada.

Regresa a mi memoria en tiempos en los que los conflictos, guerras y atentados por motivos “religiosos” parecen ser el pan de cada día. La noticia con la que nos despertamos cada mañana.

Entre mis amigos cuento con buena parte de ateos, agnósticos y similares… En mi vida como misionero he convivido con personas de otras creencias. Nunca he ocultado quién soy, ni lo que pienso. He intentado dar razón de mi fe, sin pretender imponerla a nadie. Eso me ha permitido mantener en el tiempo buenas amistades. Por ellos me siento cuestionado, también me cuestionan a mí, y en la diferencia crecemos todos.

Mi viejo profesor decía algo más o menos así: el cristianismo es una forma de entender la vida, una forma de vivir la vida, una manera de relacionarse con los demás… y una forma donde uno no pretende salir ganador en todo, una forma de vivir donde uno está dispuesto a dar hasta la vida por aquellos que son diferentes, hasta por aquellos que se consideren enemigos tuyos. Porque tú no puedes tener enemigos, sino hermanos.

No. No estamos para competir con nadie. Estamos para aportar algo que sea válido y valioso para todos. Si no es así no tendríamos mucho sentido.

En estos días releía algunos documentos y discursos de hace un tiempo del Papa Francisco. Y me encontré con una expresión que me llamó la atención. Hablaba de “la inteligencia humilde del corazón”. Ciertamente que esa inteligencia del corazón es la que nos permite, desde el afecto y el amor, poner las necesidades del hermano que sufre por encima de las nuestras.

La humildad no es sentirse ni ser inferior a nadie. La inteligencia no te permite sentirte superior a nadie. Cuando ambas cosas pasan por el corazón, humildad e inteligencia no solo pueden caminar juntas, sino que se enriquecen mutuamente. Posiblemente a nuestro mundo le falta corazón.

Y también es verdad que a nuestra religión le falta corazón y le sobran normas que matan lo más auténtico de las personas.

Esto son cosas que solo las aprendes conviviendo con los últimos, cuando te arriesgas a asumir las consecuencias de lo que a ellos les toca sufrir, hasta las últimas consecuencias que es compartir el seguir viviendo o el morir.

Por fortuna no todos los misioneros nos vemos implicados en decisiones tan extremas. Pero sí en parecidas. Y es ahí, cuando llegas al borde del precipicio cuando uno se encuentra con la verdad de sí mismo, cuando uno decide si sigue creyendo en lo que creía, hasta qué punto uno está dispuesto a jugarse por los demás. Y es una decisión muy personal. Nadie la toma por ti.

Transmitir la fe no es transmitir las creencias en un ser superior. Es una forma de transmitir una forma de vivir frente al dolor de los demás.

Por ahí fue la vida de Jesús. Por ahí va, o debería ir, el trabajo de los misioneros. Ese debería ser el sentido de quienes se llaman cristianos.

 

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