BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Paz, sí, pero ¿qué paz?

Posted by antenamisionera en junio 27, 2017

Domingo 13 A – 2 de Julio de 2017

Mateo 10, 37-42.

Mantener la paz entre los hermanos es algo de mucho va­lor; solo que a veces, cuando sale un hermano dominante que pretende, sin que nadie se lo pida, hacer él las funciones del pa­dre y ser él jefe de la familia, o cuando sale un hermano ambi­cioso que decide por su cuenta y riesgo ser él el administrador de los bienes del resto de los hermanos (cobrándose su tra­bajo, naturalmente), ¿qué paz es la que se quiere conservar?

La resignación cristiana
Durante mucho tiempo le hemos estado echando a Dios la culpa de todos los males del mundo. Se decía que la pobreza y la riqueza eran situaciones en las que los hombres se encon­traban porque ése era el designio de Dios, designio que decía­mos que era inescrutable, esto es, incomprensible para la men­te humana. Y se decía que si los pobres eran buenos y no se rebelaban contra este inescrutable designio, Dios los premiaría en la otra vida. Eso sí, como Dios es infinitamente misericor­dioso, pues también los ricos serían perdonados de sus peca­dillos, y así, ya en la otra vida, pues ¡todos contentos! Lo que, según decían, Dios no estaba dispuesto a tolerar -debemos insistir de nuevo- es que nadie, en un acto de satánica sober­bia, se rebelara contra el orden que él, en su infinita sabiduría, había establecido.
El párrafo anterior puede resultar exagerado, pero así se ha presentado el evangelio en una etapa no demasiado lejana de nuestra historia. O, por lo menos, así lo han entendido los pobres porque así se ha permitido que los pobres lo entendie­ran. Y presentar o permitir que se entienda así a Dios es ofenderlo, porque es hacerlo responsable de todas las injusticias, pasadas y presentes, cometidas por los poderosos de este mundo.

No paz sino espadas
Presentar así a Dios es un tremendo error que, además, es difícilmente justificable. Porque si hay algo que no se puede decir de Jesús es que fue un conformista; y si algo está claro es que no predicó lo que después se ha llamado «resignación cristiana». Valga como prueba el párrafo con el que empieza el evangelio que comentamos: «No penséis que he venido a sembrar paz en la tierra; no he venido a sembrar paz, sino es­padas» (Mt 10,34).
Son muchos los que encuentran de difícil digestión estas palabras que el evangelista pone en boca de Jesús. Tan difíci­les resultan de entender, que en el libro oficial de lecturas de la misa de los domingos se ha suprimido ese párrafo del evangelio; y el resto de la lectura ha perdido su pleno y auténtico sentido.
Cierto que, desde la doctrina de la resignación de la que hablábamos antes, eso de que Jesús ha venido a sembrar espa­das en lugar de paz, es imposible de entender, de explicar… y de aceptar.
Pero ahí están esas palabras de Jesús, que hay que aceptar y explicar dentro del contexto del evangelio y, por tanto, de acuerdo con la bienaventuranza, «dichosos los que trabajan por la paz».

La paz de Cristo
Jesús quiere la paz, ¡claro que sí! Y la quiere más que todos los que a lo largo de la historia se han llenado la boca de paz mientras hacían o fomentaban la guerra y negociaban, llenándose los bolsillos, con ella.
Jesús quiere la paz, ¡por supuesto!, pero quiere que la paz sea para todos y que, empezando porque todos tengan en paz el estómago, permita a todos desarrollarse como personas libres y relacionarse como hermanos.
Jesús quiere la paz. ¿Se atrevería alguien a negarlo? Pues la verdad: también se han atrevido a negarlo, pues, cuando ha interesado, han cristianizado la guerra, llamándola «cruza­da», Jesús quiere una paz verdadera: la que nace de la justicia y no la que se intenta simular debajo de la opresión de los pode­rosos y del silencio que su prepotencia impone. Jesús quiere la paz: ya, en este mundo, sin tener que es­perar a la paz de los cementerios.
Pero la simple pretensión de construir esa paz, el más pe­queño intento de hacerla realidad, levanta la más violenta opo­sición de parte de aquellos que llenan sus platos gracias al hambre de los pobres y asientan sus palacios sobre la resigna­ción de los humillados de la tierra. Por eso, para construir la paz será necesario luchar por ella.

La cruz de los que trabajan por la paz
Y en esa lucha, llevada a cabo con las armas del amor, pero también las del rigor, la firmeza y la radicalidad (ir a la raíz de los problemas y dejarse de paños calientes), en esa lucha habrá quienes se verán enfrentados a los de su misma familia («porque he venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con la suegra; así que los enemi­gos de uno serán los de su casa»), y habrá quienes serán considerados herejes o criminales subversivos, dignos de la muerte en una cruz, o en la hoguera, o en la hor­ca, o en el garrote vil, o en la silla eléctrica… Y hay que estar dispuestos a cargar con esa cruz: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí».
Sí. Porque la cruz que Jesús nos invita a soportar sin odio (ésa es la única resignación verdaderamente cristiana) es aque­lla que es consecuencia de nuestra lucha por la paz, aquella que es consecuencia de haber colocado nuestra lealtad a su proyecto -convertir este mundo en un mundo de buenos her­manos- por encima de todas las lealtades y de todos nuestros intereses: de nuestra familia, de nuestra buena fama, de nues­tra propia vida. Y, además sin miedo a la muerte, pues «el que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará». Y sin miedo a perder la mejor recompensa: el colmo de la paz, la cercanía del Padre que a todos nos hace hermanos: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: