BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

No enterrar nuestra vida antes de tiempo

Posted by antenamisionera en noviembre 16, 2017

Domingo 33º – A –19 de Noviembre de 2017

 Evangelio: Mt 25, 14-30.

             ¡Es triste ver por nuestras calles a personas que han muerto antes de que les llegue la hora de su muerte física y siguen caminando por nuestras calles! Les harán los funerales dentro de unos años, pero en realidad, ya “han muerto”. No crecen ni se desarrollan, no se abren a nada nuevo.

Son hombres y mujeres que viven repitiéndose día tras día.  Encerrados en sus costumbres de siempre. Instalados en un bienestar decadente y estéril.

 

Caer en el conformismo

         Qué fácil es a lo largo de los años recortar nuestros ideales y aspiraciones, contentarnos con “conservarnos” lo mejor posible, bloquear las posibilidades encerradas en nosotros y resignarnos a “ir tirando”.

Qué fácil caer en el conformismo, adaptarnos a la moda de turno, seguir los caminos superficiales que siguen todos.

Hay  a quien los paraliza el miedo a correr riesgos. A otros los asusta el asumir responsabilidades que les complicarán la vida. Hay quienes se han incapacitado para todo lo que requiera esfuerzo y prefieren vivir satisfaciendo los instintos de siempre.

Pero esa forma de vida, aparentemente la más fácil y cómoda, es triste y dura porque, con razón decía san Gregorio de Nisa es una “vida muerta”. Una vida sin vida y sin alegría verdadera.

La parábola de los talentos es realmente sorprendente: Jesús condena de manera tajante al hombre que solo sabe conservar su vida “enterrándola” por miedo a riesgos y complicaciones posibles.

Seguir a Jesús es fundamentalmente vivir creciendo. Liberarnos día a día de todo lo que desde dentro o desde fuera nos bloquea y paraliza. Necesitamos romper ataduras, servidumbres y cobardías que nos esterilizan y matan como personas y como creyentes.

Siempre podemos cambiar y ser mejores. Siempre podemos liberar en nosotros las fuerzas de una vida más noble y generosa. Intensificar nuestro amor a cada persona. Generar más vida a nuestro alrededor.

Nadie es inútil

Jesús nos habla de que Dios ha puesto todo en nuestras manos. El mundo entero, con sus inmensos problemas de hambre, guerras, injusticias y sufrimientos, es nuestro frente de trabajo. Pero también podemos mirar a nuestro alrededor más cercano.    Pensamos en los niños, los jóvenes, los pobres, los enfermos, los ancianos; pensamos en las familias rotas, en las personas destrozadas, en las tareas de nuestras comunidades con todas sus carencias. Por todas partes hay mucho que hacer. Y en esa variedad de tareas, el Señor nos ha asignado a cada uno de nosotros una parcela para trabajar.

Pero no vamos por la vida solos e inermes. El Señor nos ha dejado equipados para el trabajo. De él hemos recibido los talentos que necesitamos. Hemos recibido del Señor talentos y capacidades en medida desigual, pero a todos nos llama el Señor a trabajar según los dones que de él hemos recibido. En la parábola se cuenta que el Señor se puso muy contento y felicitó a todos los que habían trabajado con sus talentos. Decía: «Como fuiste fiel en cosa de poco (…) entra en el gozo de tu señor».

En la parábola hay un dato triste: el que recibió solo un talento fue y lo enterró, y el señor se enfadó con él llamándolo «criado malvado y perezoso» y «criado inútil». Es que no trabajó con su talento. Se dedicó a vivir sin poner en funcionamiento los dones que Dios le había dado. Esa falta de esfuerzo y de decisión molestó a Dios, por eso se enfadó con él.

Esto me recuerda a multitud de que se mantienen pasivas, sin asumir ninguna tarea, porque dicen que no saben o no valen o no pueden. Pienso en todas esas personas sencillas que. Al ser marginados,  ofrecen la imagen de que la Iglesia de Dios es tarea solamente de listos y gentes bien preparadas.

En la Iglesia de Dios no hay inválidos. Todos valemos para algo. No podemos enterrar nuestro talento.

 

El pecado de la apatía

Alguien ha dicho que «la apatía constituye el pecado clave del mundo moderno» Apatía que significa abandono y renuncia a ser realmente persona. Negativa a asumir los riesgos de una vida responsable.

Los cristianos hemos visto con frecuencia al pecador como el hombre soberbio, de actitud rebelde y desafiante. Quizás tengamos que recordar más este otro pecado de quien renuncia a las implicaciones de su propia dignidad humana.

Cada uno tenemos ante nosotros un quehacer al que no podemos renunciar.

Renunciar a la creatividad, no arriesgarse a crecer como personas, no comprometernos en la construcción de una sociedad mejor, es enterrar nuestra vida y traicionar no solo nuestra propia dignidad humana sino también los designios del Creador.

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