BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Tiempo de despertar

Posted by antenamisionera en noviembre 29, 2017

Domingo 1º de Adviento  – 3 de Diciembre de 2017

 

A nadie le resulta cómodo que le despierten y le inviten a estar despierto y vigilante. Y eso es lo que ha hecho Jesús con nosotros. Miles y miles de comunidades cristianas han escuchado la llamada inicial del Adviento. La consigna de Jesucristo: “lo digo a todos: velad”, es un toque de atención. Porque nuestra tendencia, con el correr de los días y de los meses, es quedarnos un poco dormidos, perezosamente instalados en lo que ya tenemos, distraídos de los valores fundamentales, entretenidos en otros muchos valores intermedios.

A pesar de que somos cristianos, fácilmente perdemos contacto con lo esencial. Y hoy, el primer día de Adviento, somos convocados a una vigilancia dinámica. Eso es lo contrario de la tranquilidad estática. Claro que todos somos conscientes de que Dios nos ha llenado de sus gracias y dones, como nos ha dicho Pablo, que a pesar de todo tenemos que seguir caminando. Esos dones no se nos dan de una vez para siempre. Tenemos que crecer, progresar.

 

El Adviento nos urge a no quedarnos demasiado satisfechos con lo ya conseguido, sino a mirar adelante con valentía, a seguir caminando, porque hay mucho que conquistar todavía. Lo que Cristo Jesús inauguró con su venida, hace ya veinte siglos, todavía está sin realizarse del todo. Es un programa vivo, más que historia. Y ese programa cada año lo iniciamos de nuevo con esperanza y energía.

¡Y si nuestro único mal fuera la pereza! Sería señal de que empezamos el Adviento desde una situación negativa, de pecado.

Isaías ha hablado también en nombre nuestro cuando decía: “nos hemos extraviado de tus caminos, Señor. Todos somos impuros. Nuestra justicia es como un paño manchado…”  Estamos en déficit, tanto a nivel mundial, como en nuestra sociedad más cercana y en nuestra historia personal. Realmente tenemos que dirigirnos a Dios con una conciencia humilde de pobreza y de pecado.

Pues bien: precisamente a nosotros, tan imperfectos y limitados, la Palabra de Dios nos ha llamado a la confianza. Porque a pesar de que nosotros fallamos tantas veces, Él sigue siendo el “Dios fiel”, “nuestro Padre y redentor”, “el que sale al encuentro”: así nos lo ha presentado Isaías. Nuestra oración, al comienzo del Adviento, puede ser la misma de él: que se abran los cielos y que podamos gozar de ese Dios fiel, el Dios salvador. Porque somos su pueblo. Porque en medio de las propagandas y confusiones de nuestro mundo, reconocemos que sólo en Él está la auténtica salvación. Las “seguridades” que nos ofrecen el dinero, el poder o las promesas de los numerosos “mesías” que van pidiendo nuestra adhesión, son efímeras, interesadas. La salvación solo nos viene desde más allá de la materia, de la técnica y del hombre.

El Adviento significa despertar. Abrir los ojos para descubrir a ese Dios cercano: a ese Jesús, el Mesías, que está en lo más íntimo de nosotros mismos, en la historia de cada día, en los nuevos rumbos de la Iglesia…

No es que Jesús tenga que “venir”. Él “está” siempre ahí. Los que “no estamos” somos nosotros, distraídos por mil cosas. Descubrirle presente, encontrarnos verdaderamente con Él: ese es el programa, gozoso y comprometedor a la vez, del Adviento. Un programa que afecta a toda nuestra vida, que puede revolucionar nuestros proyectos y que nos pone en actitud de búsqueda, de atención y de marcha.

Cada vez que celebramos la Eucaristía miramos hacia el pasado: porque es el memorial de la Muerte del Señor. Pero también miramos hacia adelante: “mientras aguardamos la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo”. Y en el centro de cada Eucaristía proclamamos: “Ven, Señor Jesús”.

En estas cuatro semanas nuestra celebración tendrá un color más claro de espera y de vigilancia. No porque veamos próximo el fin del mundo. Sino porque el Mesías, Cristo Jesús, vive, y “viene” continuamente a nosotros. Las 24 horas del día. Él nos invade, nos rodea, es el Señor Glorioso que vive y que se nos hace presente de mil modos.

Su presencia en la Eucaristía es el signo más concreto y eficaz de su presencia salvadora en toda nuestra existencia. Que estos domingos de Adviento nos ayuden a descubrir al Señor Jesús en nuestra vida. Eso es lo que dará confianza y ánimos a nuestro camino de cada día.

 

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