BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

La vida habla más que las palabras

Posted by antenamisionera en enero 11, 2018

Domingo 2º del T.O.  Ciclo B – 14 de Enero de 2017

Evangelio: Juan 1, 35-42.

 

El evangelio de este domingo  nos presenta a unos discípulos de Juan Bautista interesados en conocer mejor el mundo de Jesús. El Maestro les pregunta: “¿Qué buscáis?”, y ellos contestan: “Maestro, ¿dónde vives?”. La respuesta de Jesús es todo un programa: “Venid y lo veréis”. No hay recetas mágicas en cuanto a la fe. El camino es buscar, entrar en contacto con Jesús y su mensaje, y experimentar una manera nueva de vivir.

 

 

 

 

 

 

 

Cuando creer no evita los problemas

            Un número grande de personas están abandonando hoy la fe antes de haberla conocido desde dentro. A veces hablan de Dios, pero es fácil observar que no han tenido la experiencia de encontrarse con él en el fondo de su corazón.

Tienen algunas ideas generales sobre el credo de los cristianos. Han oído hablar de un Dios que prohíbe ciertas cosas y que promete la vida eterna a quienes le obedecen. Pero no conocen del evangelio mucho más.

Es normal que esa idea que tienen de la fe no les resulte atractiva. No ven qué es lo que podrían ganar creyendo, ni qué les podría aportar el evangelio si no es toda una lista de obligaciones, además de esa promesa tan lejana y difícil de creer como es “la vida eterna”.

No sospechan que la fe del verdadero creyente se alimente de una experiencia que desde fuera no se puede conocer. Como todo el mundo, también los creyentes saben lo que es el sufrimiento y la desgracia. Su fe no los dispensa de los problemas y dificultades de cada día. Pero, en la medida en que la viven a fondo, su fe les aporta una luz, un estímulo y un horizonte nuevos.

 

Entre la gratitud y la lamentación

La vida no es puro azar; tampoco una lucha solitaria frente a las adversidades. En el fondo mismo de la vida hay Alguien que cuida de nosotros. Nadie está olvidado. Por eso el creyente puede acoger la vida día a día como don de Dios

Somos seres aceptados y amados. Así decía el Maestro Eckhart: “Si le dieras gracias a Dios por todas las alegrías que él te da, no te quedaría tiempo para lamentarte”.

El creyente conoce también la alegría de saberse perdonado. En medio de sus errores y mediocridad puede vivir la experiencia de la inmensa comprensión de Dios. El hombre de fe no se siente mejor que los demás. Conoce el pecado y la fragilidad. Su suerte es poder sentirse renovado interiormente para comenzar siempre de nuevo una vida más humana. .

El creyente cuenta también con una luz nueva frente al mal. No se ve liberado del sufrimiento, pero sí de la pena de sufrir en vano. Su fe no es una droga ni un tranquilizante frente a las desgracias. Pero la comunión con el Crucificado le permite vivir el sufrimiento sin autodestruirse ni caer en la desesperación.

 

La búsqueda de “ser humanos”

¿Qué buscáis?, es la pregunta Jesús a los discípulos en el evangelio de hoy. Son las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio, y en verdad que se trata de una cuestión decisiva para aquellos discípulos y también para nosotros hoy, envueltos en el torbellino de múltiples ofertas, a menudo contradictorias entre sí.

¿Qué buscáis? ¿Qué buscamos nosotros? Responder a esta pregunta es fundamental, porque de la respuesta que demos depende nuestra realización como personas. Y no estaría mal que hoy en silencio intentásemos responder a esta pregunta que Cristo nos sigue haciendo a cada uno de nosotros.

Todos buscamos algo, buscamos la felicidad, buscamos la seguridad en nuestra vida y en el trabajo, la salud, un dinero que nos permita vivir con holgura. Y por supuesto también buscamos quien nos quiera, hijos, amigos. Y luego vienen las búsquedas personales en cosas más concretas que forman los hilos con la que vamos tejiendo nuestra vida. Una vida hecha de anhelos e ilusiones, y también de desengaños y desilusión.

 

No nos quedemos mirando al dedo…

Como Juan el Bautista la Iglesia tiene la misión de señalar al mundo al Mesías, “ése es el Señor”. Malo sería que hiciésemos como dice el proverbio indio: “cuando un dedo señala la luna, solo los necios se quedan mirando el dedo”. Malo sería que de tanto mirar a la Iglesia, de tanto venir a misa, de tanto escuchar la palabra, nos quedásemos solo eso, mirando como el que no mira, viniendo como el que no viene y escuchando como el que no escucha.

Celebrar juntos que tenemos un Padre Dios que nos ama con locura, que no cesa de buscarnos y de salir a nuestro encuentro. Esto es lo que hacemos en cada eucaristía, celebrar la vida nueva que Dios nos ha dado en Cristo.

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