BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

¿Qué hacer con las manos?

Posted by antenamisionera en enero 30, 2018

Domingo 5º del T.O.  – 4 de Febrero de 2018

Evangelio: Marcos 1, 29-39.

Siempre hay excepciones. Pero eso de tener que ir a casa de la suegra, para muchos es un “castigo”, o una cesión necesaria para mantener las buenas relaciones en la pareja.

Con frecuencia hemos establecido un paralelo entre las sinagogas donde los judíos se reúnen los sábados, con los templos cristianos donde nos reunimos los domingos.

El evangelio de hoy –continuación del leído el domingo pasado- parece establecer una relación entre nuestros templos cristianos y la “casa de la suegra” de Simón Pedro.

Sigue siendo sábado. A la mañana Jesús ha ido a la sinagoga y ha dejado a todos admirados porque “hablaba con autoridad”.

Terminado el servicio religioso cada uno regresa a su casa a comer. La ley del descanso del sábado marcaba cuántos metros podía caminar en ese día una persona. Así que después de comer una buena siesta y a descansar hasta la puesta del sol, cuando para los judíos comenzaba un nuevo día.

Jesús va a casa de la suegra de Simón. Está enferma. Igual que en la sinagoga había curado a un enfermo, cura a la suegra. Luego come y se toma su tiempo de descanso.

            “Cristiano es el que da la mano. El que no da la mano, ése no es cristiano, y poco importa lo que pueda hacer con esa mano libre”. La frase es de Charles Péguy.

Esto viene a propósito del evangelio de Marcos que leemos hoy. Es posible que muchos se queden con lo de la suegra y hasta lo vean casi como una faena que Jesús le hace a Pedro.

Y sin embargo hay un detalle muy sencillo que hasta pudiera pasar desapercibido, como suele suceder con todas las cosas sencillas y simples.

Cuando le dicen que la suegra de Simón está con fiebre, “Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó”.

Tres verbos de gran importancia en la vida: “acercarse”, “tomarla de la mano” y “levantarla”.

 

 “Se acercó”

Vivimos amontonados, pero unos lejos de otros. La distancia con el otro no la medimos en metros o kilómetros. La distancia con el otro se mide con el corazón.

Estamos tan cerca cuanto nuestro corazón se acerca a los demás, sobre todo a los que sufren.

Jesús se acercó a una suegra con fiebre.

Se acercó a alguien que no se sentía bien.

Se acercó a alguien que sufría.

Acercarnos a los sanos es cosa buena.

Pero acercarnos al que sufre es esencial para el cristiano.

Acercarnos al que vive encerrado en su soledad, porque no tiene a nadie.

Acercarnos al que está enfermo y hasta puede ser contagioso.

Acercarnos al que sufre porque le falta todo.

Acercarnos al que todos dejan solo porque no es importante.

No esperar a que sea él quien se acerque a nosotros, sino que seamos nosotros quienes nos acercamos a él.

No esperar a que sea el otro quien nos busque, sino que seamos nosotros quienes le buscamos a él.

 

“La tomó de la mano”

Las manos no son para llevarlas en el bolsillo. Las manos son para tenderse hacia los demás y para tomar la mano de los demás.

Cuando nos saludamos, solemos tomarnos de la mano como señal de amistad.

Tomar de la mano a alguien, ya es acortar las distancias entre los dos.

Tomar de la mano a alguien, es abrir la puerta del corazón e invitar al otro a entrar.

Tomar de la mano a alguien, es decirle tú eres mi amigo.

Tomar de la mano a alguien, es decirle tú eres importante para mí.

Nunca las manos están mejor empleadas que cuando se tienen y abren hacia el otro.

Nunca las manos son más cristianas que cuando toman la mano del otro, sobre todo del que sufre.

Nunca las manos están tan bien empleadas como cuando toman la mano del otro.

El detalle pudiera parecer insignificante. Pero hasta el mismo Evangelio lo destaca. “Jesús la tomó de la mano”. Lo cual nos habla de un gesto de cercanía, de amistad, de confianza.

 

“Y la levantó”

Otro detalle sencillo, pero importante. Tener siempre las manos libres para tomar las manos del otro y levantarlo.

Tomar de la mano al que ha caído, para que se levante.

Tomar de la mano al pecador, para que se levante de su pecado.

Tomar de la mano al débil, para que pueda ponerse en pie.

Tomar de la mano al que te ha ofendido, para que sienta tu perdón, y se levante.

Tomar de la mano al que te hirió, para expresarle que no estás enojado, y se levante.

Tomar de la mano al que te pide limosna, para que te sienta hermano, y se levante.

Por eso vuelvo a la frase de Péguy: “cristiano es el que da la mano, El que no da la mano, ése no es cristiano, y poco importa lo que pueda hacer con esa mano libre”.

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