BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Cuando solo lo grande se considera útil

Posted by antenamisionera en febrero 28, 2018

Por Bernardo Baldeón

Nos han engañado.  Nos han enseñado que solamente cuando algo es grande puede ser útil y vale la pena. Quizás todo empezó con las “cosas grandes”… luego pasó a las “personas grandes”. Aunque si uno lee la historia de la humanidad podría ser perfectamente al revés.

La enfermedad de la grandeza sigue siendo una de las más importantes de nuestras sociedades. Grandes ciudades, grandes avenidas, grandes colegio, grandes hospitales.

Tiene sus ventajas. Pero oculta la utilidad y el valor de lo pequeño, de lo construido desde abajo. Aquello que cambia lo profundo de la existencia humana.

Asistimos a la muerte de una época: la muerte en la que creíamos que transformar el mundo exigía grandes ideas y grandes revoluciones.

Creíamos, y en parte seguimos creyendo, que lo grande, lo macro…, es lo que nos permite mirar hacia adelante y hacer un mundo mejor. Nos auto-engañamos.

Nuestra época es distinta. El camino será largo, pero nos vamos dando cuenta de cosas importantes. A la vez que se viaja al universo, es la época de los viajes a la estructura del átomo: un viaje trepidante. Y la gran fábrica se sustituye por el teletrabajo; y brota la sonrisa de los labios de los niños porque en la gran fábrica se quedan los robots. Y los padres se dan cuenta de que son mucho más que números en el mercado de trabajo… Los colegios, hospitales y residencias se hace de tamaño acorde a la nueva altura del hombre: como una familia de familias. Nuestra época recupera el valor real de lo pequeño. Más allá de la estética. La inteligencia y la voluntad también están necesitadas del valor de las pequeñas cosas.

El valor de lo pequeño es también una verdad histórica. Una verdadera revolución protagonizan los pequeños. Los pobres de la tierra, los parias, los últimos de los países pobres descubren que todo es posible si se asocian; y los gigantes ya no causan miedo. En Latinoamérica, en África y en Asia, los continentes pobres, los empobrecidos alzan su voz. También los niños.

Los niños de Asia no quieren seguir fabricando los productos de nuestro lujo. Y en las silenciadas fotos de sus manifestaciones, en sus pancartas, nos dicen que no quieren limosnas, fruto de nuestros deshechos, quieren justicia.

No quieren que  los niños ricos beban divertidamente la sangre de los empobrecidos. Y para eso están dispuestos  a dar la sangre como lo hizo Iqhal Mashib, que un 16 de abril vio verter su sangre por luchar contra la esclavitud infantil.

Formamos parte de una larga historia. Debemos escuchar, leer y especialmente ponernos en camino. La mesa puesta, el pan partido, la puerta abierta. Luchan pero nadie se hace eco de ello. ¿Qué sabemos de los grandes problemas de la humanidad? Nos tapan los ojos con problemas más cercanos o locales. No interesa que veamos más allá.

Una de las tareas de los misioneros es que abramos las puertas para que veamos lo que hay más allá de nuestra casa y nuestro pequeño mundo o nuestros intereses personales.

Jesús lo intentó con su pueblo. Lo quitaron de en medio. Pero es Él quien nos da la fuerza para seguir fieles a su mensaje.

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