BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS

Posted by antenamisionera en julio 18, 2018

Domingo 16 T.O. B – 22 de julio de 2018

Marcos 6, 30-34

 

Hoy, a ninguno nos gusta que nos digan que somos como un rebaño… Un rebaño da la sensación de un grupo de gente sin personalidad, que va donde va todo el mundo, que se deja arrastrar sin saber por qué.

Por eso, según como se mire, esas imágenes que aparecen tan a menudo en la palabra  de Dios y que nos presentan al Señor como nuestro pastor y a nosotros como el rebaño  que él conduce, pueden sonarnos como algo raro y sorprendente.

Sin embargo, si lo pensamos un poco, ya nos damos cuenta de que Dios, de que Jesús,  no quiere hacer de nosotros un rebaño sin personalidad, que le sigue sin  saber por qué.

Cuando en la primera lectura Dios nos promete un pastor que reunirá a las  ovejas dispersadas, cuando en el salmo hemos cantado que el Señor es nuestro pastor, cuando en el evangelio hemos escuchado que Jesús se compadece de la gente “porque  andaban como ovejas sin pastor”, no nos está invitando a ser como un rebaño sin voluntad  y sin personalidad, sino todo lo contrario: nos está diciendo que reconocerlo a él como pastor es reconocer, muy conscientemente, que en él tenemos vida. Es reconocer que solo él puede liberar plenamente nuestra vida, solo siguiéndolo  a él podemos llegar a ser plenamente personas.

Aquellos hombres y mujeres del tiempo de Jesús, lo habían visto, lo habían escuchado, y  habían hallado en él algo que les cambiaba la vida, que les daba sentido a las cosas, que  les descubría posibilidades y caminos inesperados, las posibilidades y los caminos de Dios.  Aquellos hombres y mujeres se habían sentido a menudo desanimados y como  perdidos, se habían sentido, según dice el evangelio, “como ovejas sin pastor”. Por eso,  ahora, al encontrar a Jesús, no quieren dejarlo por nada del mundo. Y  no le permiten siquiera retirarse un momento a descansar. Quieren ser su rebaño, y lo  quieren de manera muy convencida, muy de verdad.

Ante este evangelio, podríamos hacernos esta pregunta: nosotros,  ¿queremos ser el rebaño de Jesús? ¿tenemos ganas de serlo? Aquella gente quería serlo  porque sentían una necesidad profunda: andaban solos y sin guía, y no querían seguir así;  eran muy conscientes de lo mucho que les faltaba, y creían que Jesús les podía abrir  nuevas posibilidades. ¿Y nosotros?

 

Tres tipos de personas que no pueden seguir a Jesús

Yo creo que hay tres tipos de personas (o quizá más, pero yo quisiera ahora señalar tres)  que no son capaces de buscar a Jesús, que no son capaces de ir al encuentro de  Jesús como pastor, como guía. Son tres modos de ser y de actuar, y los tres impiden  desear formar parte del rebaño de Jesús. A los tres se les puede aplicar, aunque de modo  distinto, el nombre de “materialistas”.

– El primero es el de la gente que tiene mucho dinero. Jesús los critica con mucha dureza, y dice muy claramente que quien va tras el dinero no  puede ir con él, con Jesús. ¿Por qué? Es muy simple: porque si uno tiene mucho dinero y  muchas ganas de tener más, significa que cree que eso es lo que da verdadero sentido a  su vida, y no necesita a nadie que lo guíe. Se siente satisfecho con su riqueza y su  prestigio (aunque diga que lo pasa muy mal) y no anhela las nuevas posibilidades, la nueva  vida que Jesús ofrece. Ese es el materialismo peor.

– El segundo tipo es el de los que andan por la vida sin preocuparse de nada, que no desean mejorar nada, que no se preocupan por lo que les pueda ocurrir a los que están a su alrededor. Son la gente que no hace daño a nadie, pero tampoco hace bien, porque no hace nada. Son la gente que, por ejemplo, si pueden tener el vídeo funcionando  las veinticuatro horas del día, para ellos y para sus hijos, pues ya lo tiene todo resuelto. Estos, claro está, tampoco sienten ninguna necesidad de seguir a Jesús, de abrirse a  nuevos caminos, de buscar salvación y vida. No se sienten “como ovejas sin pastor”. Simplemente, no se sienten nada.

– Y el tercer tipo es el de los que sí sienten que el mundo y los hombres vivimos a menudo  en el desconcierto, y que se deben buscar nuevos caminos y nuevas posibilidades. Pero  creen que esto debemos hacerlo los hombres solos, y que no  necesitamos a nadie que nos guíe, y nos transforme por dentro, y nos dé fuerza, e impulso,  y plenitud. Esos, que con frecuencia trabajan muy en serio y con verdadera dedicación al  servicio de los demás y de un mundo más digno, son muchas veces personas admirables. Pero les falta esa esperanza que va más allá de nuestras obras, esa esperanza que nos ha  abierto Jesús, nuestro pastor, nuestro Señor muerto y resucitado.

Ahora, preguntémonoslo de nuevo: ¿y nosotros? ¿deseamos abrir nuevos caminos y nuevas posibilidades en nosotros y en nuestro mundo? ¿sentimos esa necesidad de salvación y de vida que Jesús nos ofrece? ¿estamos dispuestos, de verdad a escucharlo y a dejarnos salvar por él?

Que nuestra  Eucaristía sea hoy un acto de fe y de confianza en Jesús, nuestro pastor. Y sea también un  estímulo para dar a conocer a los demás la vida nueva que Jesús nos ofrece y nos da.

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