BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

EL PAN QUE ALCANZA PARA TODOS

Posted by antenamisionera en julio 26, 2018

Domingo 17º B – 27 de julio de 2018

Juan 6, 1-15.

Un pan que nunca se termina, que alcanza a todos. Unos peces que pasan de mano en mano, y todo el mundo toma cuanto quiere. ¡Qué historia más sorprendente! Y al mismo tiempo, qué historia más sugerente, qué historia más expresiva de lo que nosotros desearíamos que siempre sucediera: que nosotros, y todo el mundo, pudiera tener siempre lo que necesita, y lo que anhela, y lo que le hace feliz. La historia es muy sorprendente, y al mismo tiempo muy importante. Y sin duda puede ofrecer enseñanzas útiles para nuestra vida.

 

Que haya comida para todos

Aquella multitud seguía a Jesús. Se sentían impresionados y tocados por él, porque curaba enfermos y le daba un sentido nuevo a todo. Esperaban mucho de él, y por eso no lo dejaban en ningún momento. Y Jesús, allí, en la montaña, se dispone a hablarles como siempre hacía: a hacerles ver que todo lo que él hace, esas actuaciones que tanto les atraen, son signo de que está llegando el Reino de Dios, de modo que es necesario cambiar el corazón y la vida, y aprender a ser como Dios espera que seamos los hombres. Jesús se dispone a hablarles, pero antes se da cuenta de que toda aquella gente no ha comido, y que quizá lleva mucho tiempo sin comer. Y de ahí, de esa atención de Jesús para con la gente, y de lo poco -cinco panes y un par de peces- que traía un muchacho, surge una comida capaz de alcanzar para todos.

La primera preocupación de Jesús ha sido esta: que todo el mundo coma. Y ha querido hacer partícipes a sus discípulos de aquella situación, ha querido que se preocuparan de buscar comida para la gente, para que se dieran cuenta de la importancia que eso tenía. Porque sin duda es importantísimo: que todos tengan lo necesario para vivir. Y del mismo modo que hizo que sus discípulos se preocuparan por la comida de todos, quiere que nos preocupemos también nosotros, sus discípulos del siglo XX. A nosotros, Jesús nos dice: todo el mundo tiene derecho a lo necesario para vivir..

 

Aquella comida, un signo de todo lo que Jesús ofrece

¿Y qué ocurrió entonces, después de aquella comida? Todo el mundo quedó admirado, y decían: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”. Y así es: aquel pan inacabable es como un signo. Lo primero es que todo el mundo pueda tener lo necesario para vivir. Pero la misión de Jesús, lo que Jesús viene a decir y a hacer, no termina con esto. El pan es un signo de un banquete más pleno, más definitivo, más para siempre. Así como para nosotros, por ejemplo, la cena de Nochebuena no es solo una comida que hacemos porque tenemos hambre, sino que es signo de fiesta, de unión familiar, de alegría compartida, lo mismo ocurre con la comida que Jesús dispuso para la multitud.

Aquella maravilla de pan y de pescado que en un lugar tan lejano se multiplica sin fin y alcanza para todos, es un signo de todos los anhelos, de todas las esperanzas, de todos los deseos de los hombres, que Jesús, que Dios, viene a llenar. Está el anhelo del pan de cada día, y ése es el primero. Pero luego está el anhelo de unas condiciones de vida dignas, de una cultura, del respeto para todos. Y después los anhelos de paz, de justicia, de entendimiento entre los hombres, de solidaridad. Y el anhelo de romper todo lo que nos estropea por dentro: la envidia, el egoísmo, el afán de imponer siempre nuestros criterios, el afán de poder y de prestigio. Y muchas cosas más. Y, más allá de todo, el anhelo de una vida que nunca termine.

Aquel pan repartido llevaba en sí todas estas otras clases de pan. Y nosotros, ¿tenemos hambre, deseamos el alimento completo que aquel pan significaba?

 

¿Qué buscamos nosotros en Jesús?                                                                     

          Porque resulta que, leyendo como termina el evangelio que hemos escuchado, parece más bien que la multitud que seguía a Jesús le bastaba con el pan que Jesús había multiplicado, y no deseasen nada más.

Porque ya lo hemos oído: Jesús tiene que retirarse rápidamente, porque “iban a llevárselo para proclamarlo rey”. Querían que Jesús mandara, para poner orden y asegurar que nunca faltase el pan, y listos. Porque claro, todos los demás anhelos, los demás tipos de pan, no se arreglan con que un señor mande y ya está: son anhelos que se viven y cultivan por dentro, y no mediante simples leyes y mandamientos…

Por todo ello, hoy podríamos terminar nuestra reflexión preguntándonos: ¿qué buscamos nosotros en Jesús? Preguntémonos si nuestras únicas aspiraciones son  lograr que la vida nos funcione bien y sin problemas, o si esperamos de él algo más. Cuando participamos del banquete de la Eucaristía, ¿qué buscamos? Preguntémoslo hoy muy de verdad: ¿qué buscamos nosotros en Jesús?

 

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