BLOG DE ANTENA MISIONERA

"Mirar con los ojos de los que sufren"

Ser felices, dichosos, alegres y reconocernos afortunados

Posted by antenamisionera en octubre 29, 2009

                                       (Fiesta de Todos los Santos, 1 de Noviembre de 2009)

Evangelio: Mateo 5, 1-12a

 Por Juan Jáureguifelices2

          Sabemos que la Iglesia de Dios tiene detrás muchos años de historia. A través de los siglos, en la Iglesia ha habido muchas personas que se han esforzado por vivir los valores del evangelio. Desde el principio, a todos los cristianos se les llamaba santos, pero en las comunidades cristianas pronto se empezó a mirar con admiración y con un respeto especial a las personas que habían vivido con intensidad su vida cristiana.

         En las comunidades cristianas, esas personas eran ejemplo, los héroes, los modelos a seguir. Sin duda, esas personas ayudaban a todos a entrar en la hondura hermosa de la experiencia cristiana. Se les llamó santos porque en sus vidas se veía un cierto reflejo de la bondad y la santidad de Dios. Luego, con el correr de los siglos, ha habido tanta gente buena en la Iglesia de Dios que no era posible incluirlos a todos en una lista, ni siquiera recordar sus nombres. Por eso, la Iglesia instituyó la fiesta de Todos los Santos para dar gracias a Dios por tantas personas buenas y para recordarnos a todos nuestra vinculación con ellas.

            La primera lectura habla de una muchedumbrefelices1 inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas. Dice que vienen de la gran tribulación. Es decir: no vienen de una vida cómoda, sin esfuerzos, sin luchas. Son personas que abrazaron en sus vidas el evangelio de Jesús y contribuyeron a cambiar nuestro mundo, cada uno desde su sitio y con los dones que Dios les dio.

            A algunas de esas personas las hemos conocido y hemos llegado a saber sus nombres y algo de su historia. Son los santos, canonizados o reconocidos oficialmente como tales. Pero a otros muchos no los hemos conocido ni hemos llegado a saber sus nombres. Son para nosotros santos anónimos que pasaron su vida haciendo el bien y que, gracias a ellos, nuestro mundo funciona un poco mejor.

            Jesús, en el evangelio, enumera algunos detalles de sus vidas. Son pobres porque no pusieron las riquezas como lo principal de sus vidas. Son sufridos porque fueron personas capaces de aguantar mucho y de sufrir malos ratos sin echarse para atrás. Son hombres y mujeres que tienen hambre y sed de justicia porque tuvieron hambre y sed de hacer las cosas bien y reflejaron en sus vidas la bondad de Dios. Son misericordiosos, compasivos, capaces de disculpar y perdonar a todos, pero, sobre todo, capaces de compadecerse de los más desgraciados del mundo. Son limpios de corazón, transparentes como los niños, sin malas intenciones, diciendo siempre la verdad con sus palabras y con sus vidas. Y dice Jesús que les llamarán «hijos de Dios» porque trabajaron por la paz. Son esas personas que contagiaron paz, que daba gusto estar con ellas, que infundían ánimos y esperanza. Recordamos que la paz de Dios nace de las cosas bien hechas. Pero esas personas, igual que Jesús, también sufrieron el rechazo y la oposición de otras gentes. También en eso reprodujeron en sus vidas los rasgos de Jesús. Cada santo es una obra hermosa de Dios, un regalo maravilloso de Dios para nuestro mundo.

            Todas esas personas recibieron en susfelices3 almas la bondad y la santidad de Dios y han hecho más humano y más habitable nuestro mundo.

            Quiero pensar que los cristianos que estamos celebrando esta fiesta también participamos de esa santidad que regala Dios. Este día también es nuestra fiesta. Estamos haciendo nuestro mundo más humano y más habitable. Podemos sentirnos miembros de esa familia inmensa de santos en la que Dios también nos regala a nosotros sus rasgos más hermosos.

            Ser santos no es ser perfectos, sino ser felices, dichosos, alegres y reconocernos afortunados.

            Por eso podemos parafrasear las bienaventuranzas de Jesús:         

            Felices los que miran la vida como un servicio y la gastan en hacer dichosos a los demás…

            Dichosos los que, a pesar de los golpes de cada día, se levantan de nuevo y siguen adelante…

            Alegres los que siempre piensan bien de los demás y tratan de comprender sus defectos…

            Afortunados los que no dan ninguna importancia al dinero y les sobra para que los demás puedan comer…

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